Cartagena de Indias
24 de abril de 2026
El prólogo que
Gabriel García Márquez
inventó para engañar a sus lectores
La
historia detrás del prólogo ficticio de Del amor y otros demonios.
Por: Centro Gabo
Foto archivo Gabriel García Márquez, Harry Ransom Center
Cada uno de estos prólogos contiene el
contexto necesario para entender las historias que narra su autor. Por ejemplo,
en el de Doce cuentos peregrinos, Gabo explica el proceso de selección de los
relatos y el tópico general del que parten sus doce tramas (la vida y
peripecias de los latinoamericanos en Europa). En el de Noticia de un
secuestro, bajo el título de “Gratitudes”, hace algo similar: narra la fecha
exacta en que se origina el reportaje y los retos técnicos que supone su
redacción a lo largo de tres años.
En el prólogo de Del amor y otros demonios, la necesidad de ofrecer un contexto se mantiene: allí, el autor colombiano rememora sus años como periodista de El Universal a mediados del siglo XX y relata la mañana del 26 de octubre de 1949 en que Clemente Manuel Zabala, su jefe de redacción, lo envía a cubrir el vaciado de las criptas funerarias del antiguo convento de Santa Clara, en donde el joven reportero acaba por encontrar la hornacina colonial en la que reposan los restos de varias abadesas y de Sierva María de Todos los Ángeles, la protagonista de la novela. Sin embargo, la gran diferencia de este prólogo con el de Doce cuentos peregrinos y el de Noticia de un secuestro es que todo lo que ahí se cuenta es producto de la imaginación de su autor. Es decir, García Márquez se lo inventa para crearle un punto de partida a la narración, un detalle que miles de lectores han pasado por alto desde que fue publicado el libro.
“Si alguien se pone de reportero activo y perspicaz, y se va a averiguar la historia de todo esto, se va a encontrar con que no había tumbas en el hospital de Santa Clara y que jamás se sacaron obispos de ahí. Todo eso sucedió en la novela, lo que es en cierto modo una manera de suceder en la realidad”, afirmó Gabo en una entrevista televisiva concedida al periodista Ernesto McCausland en 1994.
La idea de un prólogo literario surgió gracias al poeta Álvaro Mutis, a quien García Márquez enviaba sus manuscritos antes de llevarlos a la imprenta. Mutis, que ya había aportado al novelista el nombre del marqués de Casalduero (padre de Sierva María), apoyó la inclusión de un texto introductorio, ambientado en el siglo XX, que diera una perspectiva al resto de la historia que sucedía a principios del siglo XVIII. Sólo Rodrigo García, el primogénito de García Márquez, se opuso a esta recomendación, pues creía que el prólogo le sobraba al libro. Al final, Gabo le hizo caso a su amigo. “Rodrigo en todo lo que me decía tenía razón”, explicó el escritor colombiano en una entrevista con Caracol Radio, “el conoce muy bien mi obra atrás, pero no conoce mi vida atrás como la conoce Álvaro”.
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