18 de noviembre de 2017

MEMORABILIA GGM 880

Revista Jet-Set
Bogotá – Colombia
6 de noviembre de 2017

La musa de Gabo 
rompe su silencio
La esposa de Gabo solo ha concedido dos entrevistas en su vida. La más reciente fue lograda por Héctor Feliciano, quien la incluirá en el libro García Márquez periodista. La Gaba reveló detalles de sus 54 años de matrimonio y de las dificultades que vivió cuando el nobel andaba en busca de una casa editorial.

Los biógrafos de Gabriel García Márquez aseguran que Mercedes Barcha, su esposa, es una extensión de la personalidad del nobel colombiano. Por ejemplo, cuando el escritor lanza una idea ante sus contertulios ella la complementa sin que haya pie a que él la refute. Mercedes habla de lo divino y lo humano, pero jamás lo hace en público, ni ante los medios de comunicación. Solo dos veces ha roto su silencio.

La primera fue hace varias décadas, cuando le concedió una entrevista a su cuñada Beatriz López de Barcha, y la otra hace algunas semanas al escritor puertorriqueño Héctor Feliciano, de los diarios El País, de España, y El Clarín, de Argentina. Esta última conversación inédita será parte del libro García Márquez periodista, que saldrá al mercado a finales de noviembre gracias a una alianza editorial entre la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que encabeza Jaime Abello Banfi, y la organización Ardila Lülle.

 En el 2010, Mercedes Barcha, conocida como la Gaba, y Gabriel García Márquez pasaron las fiestas de Navidad y Año Nuevo en Cartagena. Los esposos recordaron los días en que él trabajó como periodista del diario El Universal, de esta ciudad, en 1948. Foto: Imagen Reina/09

En las primeras veinte páginas del texto, Barcha, como nunca antes lo había hecho, revela los aspectos más importantes de sus 54 años de matrimonio con el autor de Cien años de soledad. “Toda una vida”, tal como dice continuamente ante sus hijos y amigos.“No hay nadie más que conozca a Gabo como ella”, explicó Feliciano, un “gabólogo” por excelencia y quien se encargó, además, de la recopilación de las crónicas periodísticas del hijo de Aracataca durante su paso por El Espectador y El Heraldo, de Barranquilla, que formarán parte del libro.

A Héctor Feliciano, la convivencia eterna entre Gabo y la Gaba lo convenció de que es verdad que existen las almas gemelas. De hecho, y lo dijo el mismo García Márquez, el amor por su esposa nació a primera vista, como muchos de los noviazgos que han nutrido los relatos de sus novelas. El nobel la vio por primera vez cuando ella era una Lolita de 13 años y se valía de los ímpetus de la juventud para repetirle a todo el mundo lo que decía su padre, un boticario sincelejano que se instaló en Barranquilla, cerca al Hotel El Prado: “Cuando yo tenía esa edad mi papá aseguraba que todavía no había nacido el príncipe que se iba a casar conmigo”.

El autor de éxitos editoriales como El otoño del patriarca pocas veces ha hablado en público de la osadía de una borrachera que lo impulsó a pedirle matrimonio a Mercedes cuando apenas era una niña. Solo en Crónica de una muerte anunciada entregó algunos apuntes de la petición de mano que para él mismo rayó con la locura: “En la inconciencia de la parranda le propuse a Mercedes Barcha que se casara conmigo, cuando apenas había terminado la escuela de primaria”. Pasado el guayabo, Gabo recuperó la razón y volvió a concluir que se casaría con la jovencita aunque ella fuera menor de edad. La niña que lo flechó se fue a estudiar a Medellín, pero la empezó a cortejar en Barranquilla, donde pasaba las vacaciones de fin de año.

La relación de los dos estuvo a un paso de transformarse en un amor imposible, en pleno despunte de los años 50, una época de carencias económicas que llevó al escritor hasta París. Con un océano de por medio, el noviazgo se nutrió con cartas aromatizadas y una foto de la Gaba que adornaba el cuarto donde él vivía. Más tarde, el creador de Macondo se instaló en Venezuela, donde en un arranque de soledad viajó hasta Barranquilla para darle el sí a Mercedes. La pareja se casó el 21 de marzo de 1958 en la iglesia del Perpetuo Socorro, en pleno corazón del barrio Boston de la ciudad y a pocas cuadras de La Cueva, el refugio de parrandas y tertulias interminables de los intelectuales de la época. Después de la celebración de varios días, los recién casados regresaron a Caracas, donde Mercedes adquirió la responsabilidad de “sostener el mundo de Gabo sobre su espalda”.

Mientras su marido escribía Cien años de soledad, ella arreglaba los asuntos domésticos y lo abastecía de resmas de papel con la ilusión de que algún editor se fijara en la obra. Dicen que ella también consiguió el dinero para enviar los textos originales de este best seller hasta Buenos Aires, la última parada antes de ser publicado. Con el tiempo, Mercedes fue una especie de relacionista que contribuyó a la amistad de Gabo con personajes de la talla de Fidel Castro. “Fidel se fía de Mercedes aún más que de mí”, afirmó el autor colombiano.

El libro García Márquez periodista traerá episodios inéditos de la relación del matrimonio García Barcha, como el desasosiego del escritor en Nueva York, cuando trabajó en Prensa Latina. “Había animadversión de los cubanos residentes hacia esta agencia de noticias. Hubo amenazas de bomba y golpes, pero cuando él llegaba a casa no le contaba a Mercedes para no preocuparla. Fue cuando decidió dejar el periodismo y dedicarse a escribir, por ella, para no mortificarla”, dijo el puertorriqueño Héctor Feliciano. Ahora, en México, Mercedes es la encargada de perpetuar la tranquilidad de su esposo.

Algunas veces salen a comer, y casi siempre en su casa del sector de San Ángel atienden a sus dos hijos, los nietos y los amigos más entrañables. Cuando no están ellos, la Gaba lee, habla, escucha música y ve películas del cine dorado mexicano y del viejo Hollywood. Ella llena la mansión al igual que la mujer del cuento Los funerales de la mamá grande.

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EL ESPECTADOR
Bogotá - Colombia
8 de noviembre de 2017

Columna

¿Dónde están 
las colombianas?

Por: Catalina Ruiz-Navarro
@Catalinapordios

Con ocasión del año Colombia-Francia, el Ministerio de Cultura anuncia que a un evento literario que tendrá lugar en la Biblioteca del Arsenal, el 15 de noviembre en París, sólo llevará a diez escritores colombianos, todos hombres, como si en este país no hubiese escritoras.

Y escritoras colombianas sí hay. Nada más este año se publicaron Animales del fin del mundo, de Gloria Susana Esquivel; La perra, de Pilar Quintana; Al otro lado del mar, de María Cristina Restrepo; Tiempo muerto, de Margarita García Robayo (a quien sí invitaron a Francia, pero no pudo asistir); la biografía de María Cano por Beatriz Helena Robledo, y su vida ilustrada, en María Cano: Roja muy roja, de Gabriela Pinilla, y Un amor líquido, de Carolina Vegas, a quien muchas veces le preguntan que si contar la historia de su maternidad “es literatura”. Además están Carolina Sanín, Yolanda Reyes, Fanny Buitrago, y si esta lista fuese histórica se llevaría todo el espacio de la columna.

Ante la vergüenza de no llevar escritoras al año Colombia-Francia salieron a decir que “nadie había tenido la intención” de dejarlas fuera, como siempre, porque de hecho la mayoría de las veces el machismo no es intencional, está en esos primeros nombres que se nos ocurren y en las primeras imágenes que nos vienen a la mente. Que no se les ocurriera llevar cinco escritoras y cinco escritores sólo muestra que nuestra tendencia a considerar sólo a los hombres, a leer sólo a los hombres, funciona en automático. Cuando nos hacemos la pregunta sobre qué escritoras colombianas hemos leído, la respuesta suele ser que muy pocas. Los hombres escriben los libros de texto, las fotocopias de las lecturas universitarias, las novelas y la historia de Colombia.

Basta observar por un segundo a las mujeres que construye en su literatura nuestro adorado Gabriel García Márquez para ver que todas son musas, mozas o madres. Gabo habrá sido muy buen escritor, pero eso no quita lo machista. Que no se nos olvide que en Cien años de soledad a Remedios Moscote la casan cuando sólo tiene nueve años y muere luego de que Aureliano Buendía la viola (a esa edad, es violación) y la preña. Sobre Remedios la Bella se podría escribir un largo ensayo sobre la mirada predadora masculina y el acoso. Tan machista era Gabo que en su verde vejez tuvo el nervio de escribir las Memorias de mis putas tristes, que además de ser un irrespeto simbólico a su fiel esposa, Mercedes, que literalmente lo mantuvo para que escribiera su gran obra, es una fan fiction de La casa de las bellas durmientes de Kawabata, que cuenta la historia de una suerte de prostíbulo a donde los viejos verdes impotentes van a restregársele a doncellas dormidas, es decir, es un libro sobre violaciones. Estos son los tropos de los escritores latinoamericanos, los del Boom son casi todos asquerosamente machistas, y hasta Neruda en sus memorias confiesa una violación “casual” que el escritor comete cuando ve a la empleada que le arregla el cuarto y “le dan ganas”. Pero el machismo en la literatura no lo vamos a notar hasta que leamos a las mujeres. No puede ser que toda nuestra imaginación esté sólo alimentada por las ficciones que escriben los machos.

La consecuencia es gravísima, pues al borrar a las colombianas de nuestra mente les estamos quitando oportunidades, reconocimiento y derechos. La consecuencia es que no pensamos en las mujeres, y esto tiene efectos, porque de hecho somos la mayoría de la población. Por eso el Ministerio no invitó a las mujeres a Francia. Por eso cuando Adidas anuncia la nueva camiseta de la selección de fútbol colombiana, a la única mujer que incluyen en su promoción es a la exreina de belleza Paulina Vega Dieppa, y otra vez se les “olvidó” incluir a las deportistas, específicamente a las futbolistas colombianas que tienen resultados internacionales mucho mejores que nuestra amada “selección” de hombres. Casi todas las colombianas que se destacan en su campo lo hacen esforzándose el doble que sus colegas hombres y son invariablemente cuestionadas. Aquí están, son excelentes, y no las vemos porque crecimos imaginando que no existen. Que no existimos.

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Catalina Ruiz. Foto de página web.

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EL ESPECTADOR
Bogotá - Colombia
8 de noviembre de 2017

Columna

Catalina Ruiz Navarro
no sabe leer a
Gabriel García Márquez

Por Juan David Torres Duarte

Catalina Ruiz Navarro acaba de dar una clase ejemplar de cómo se pueden acomodar los hechos a una interpretación prejuiciosa. En su columna de este miércoles, Ruiz Navarro critica al Ministerio de Cultura por haber dejado a las escritoras colombianas por fuera de una serie de charlas sobre la literatura nacional que se darán en Francia. La crítica ante el error del Ministerio es ineludible: cometió una estupidez insalvable. Sin embargo, para probar su punto, Ruiz Navarro carga —porque sí— contra el supuesto machismo literario de García Márquez, una prueba de que desconoce por completo su obra y de que no tiene ni idea de literatura.

En el cuarto párrafo, Ruiz Navarro escribe: “Basta observar por un segundo a las mujeres que construye en su literatura nuestro adorado Gabriel García Márquez para ver que todas son musas, mozas o madres. (…) Que no se nos olvide que en Cien años de soledad a Remedios Moscote la casan cuando sólo tiene nueve años y muere luego de que Aureliano Buendía la viola (a esa edad, es violación) y la preña. Sobre Remedios la Bella se podría escribir un largo ensayo sobre la mirada predadora masculina y el acoso”.

Esas tres oraciones son de una ignorancia excesiva: sólo quien ha hojeado los libros de García Márquez sin atención alguna sería capaz de aseverar que todos sus personajes femeninos son “musas, mozas o madres”. ¿Por qué no recuerda a Pilar Ternera, la prostituta más digna de todo el Caribe? ¿Por qué no recuerda a la Mamá Grande, “soberana absoluta del reino de Macondo”, un retrato genial del poder femenino? ¿Qué diría Ruiz Navarro de Úrsula que, además de ser madre —a propósito, ¿qué tiene de malo ser madre?—, es la sobreviviente eterna, por su voluntad y por su fuerza, ante la debacle de Macondo?  ¿Y qué nos diría sobre Ángela Vicario, uno de los personajes principales de Crónica de una muerte anunciada, esa novela que Carolina Sanín calificó hace poco en Arcadia como “la mejor novela feminista que se ha escrito en América Latina”? ¿Qué tal si en su columna se hubiera tomado el trabajo de analizar también la pena que Rebeca Buendía enfrenta con decisión, la voluntad de fierro de Amaranta Úrsula y la resistencia de Isabel en La hojarasca? ¿Se olvidó de la tenacidad de la Cándida Eréndira?

En cambio, su interpretación es totalitaria: reduce a todos los personajes a sus papeles de “madre, musa o moza”. Eso es el totalitarismo, como señaló Kundera: ignorar que existen otras facetas de la vida. Es ella quien les otorga sólo ese papel y las ve sólo de ese modo, aunque en el papel tengan una riqueza infinita de dimensiones. Es ella quien decide evitarlas y formular, en cambio, un análisis moralista y pobre que habrían incluido en el Índice Católico de los Libros Prohibidos si aún existiera. Por eso le resultan muy convenientes las exégesis retorcidas de Remedios Moscote —un ejemplo, además, formulado a medias— y de Remedios La Bella para su tesis de García Márquez, el macho incontrolable. ¿Ruiz Navarro decidió dejar de lado el aura de empoderamiento que tiene Remedios La Bella, por completo desinteresada en ajustarse a las normas que determinan su comportamiento correcto como mujer? La columnista faltó a una regla de principiante de la escritura: documentarse. Tal vez sucumbió ante la peste del olvido.

Su columna se basa, además, en otros postulados tercos y sin fondo. Ruiz Navarro pone el ejemplo de Remedios Moscote como una manera de avisarnos que, si García Márquez lo escribe en su libro, es porque él mismo lo aprueba. Por ende, García Márquez, además de ser un machista, resulta siendo un encubridor de violadores. Pero no es más que otra prueba de que desconoce los procedimientos literarios: que un escritor de ficción describa una situación de ese calibre no significa que esté de acuerdo con ella, ni la apruebe, ni la glorifique. La representación literaria no implica complicidad. De hecho, la muerte de Remedios, luego de haber sido desprendida de su familia a una edad tan tierna, puede ser interpretada como el castigo merecido al que será sometido Aureliano durante toda su vida, a esa tristeza sin límites que lo dejará vagando por siempre. Pero su interpretación torcida, en cambio, encaja perfecto en la tesis que defiende: como vemos que Aureliano tiene sexo con una niña de nueve años, entonces García Márquez se convierte en mecenas de la perversión.

Bravo. Bravísimo.

Sus desatinos solemnes persisten (los comentarios entre paréntesis son míos): “Tan machista era Gabo que en su verde vejez (¡verde vejez! De seguro tiene pruebas suficientes para sustentarlo) tuvo el nervio de escribir las Memorias de mis putas tristes, que además de ser un irrespeto simbólico (porque el grado de respeto determina la calidad de una obra literaria) a su fiel esposa, Mercedes, que literalmente lo mantuvo para que escribiera su gran obra, es una fan fiction de La casa de las bellas durmientes de Kawabata, que cuenta la historia de una suerte de prostíbulo a donde los viejos verdes impotentes van a restregársele a doncellas dormidas, es decir, es un libro sobre violaciones”.

En ese párrafo, Ruiz Navarro deslumbra con otro golpe de su experticia literaria: además de que juzga Memorias de mis putas tristes como un diario de vida de García Márquez (que no lo es, es una novela, es decir, ficción, es decir, reinterpretación de la realidad a partir de la fantasía, es decir, está equivocada y mejor que vuelva a leer la novela), abofetea a Kawabata sólo por haber escrito un libro sobre violaciones. ¿Y acaso no se pueden escribir libros sobre ese tema? ¿Está vedado? Tal vez Ruiz Navarro podría contarnos qué temas pueden tocar los escritores de ficción y qué, más bien, deberían mantener escondido. Esa forma sutil de censura estética no le queda muy bien a alguien que se ha declarado feminista y, por lo tanto, protectora de los derechos y libertades básicas.

Toda su confusión inaudita y prejuiciosa parte de un punto debatido hasta el cansancio: Ruiz Navarro supone de manera ingenua que el escritor es lo mismo que su obra. Si lo juzgamos a él, podemos juzgar toda su obra (pobre Dostoiévski). En ese mismo párrafo, la columnista escribe: “Gabo habrá sido muy buen escritor, pero eso no quita lo machista”. Más allá de que hubiera sido machista o no (de nuevo, una acusación que ella jamás sustenta), los libros de García Márquez no dependen de la personalidad de su escritor, porque en la ficción (y esta es una lección básica de la que Ruiz Navarro prescindió o que nunca quiso tener en cuenta) se forman numerosas personalidades, el yo se ramifica, se expande hasta la desaparición, y al final ya no es posible decir si la vida creó la literatura o la literatura creó la vida. La literatura no va en un solo camino, como quisiera cualquier dogmático: es el camino de los desvíos.

Las novelas de García Márquez, como las de cualquier otro escritor dedicado, no son autobiografías: son realidades independientes, mundos que se sostienen por sí mismos, que reflejan de una manera estética (es decir, decantada y determinada por cierta técnica) aquello que existe afuera y también aquello que no. Es un juego de la imaginación —libre, merodeadora— que se tropieza con la realidad. Por eso, ni las novelas ni ningún arte deben postrarse ante la policía moral. En efecto, a Remedios Moscote la violaron, la casaron en contra de su voluntad. Pero eso es ver la mitad del cuento: uno de los derechos del escritor es justamente reflejar aquello que está fuera con delicadeza, con maestría. ¿Vamos a decir entonces que García Márquez aprobaba la Masacre de las Bananeras porque la representó en Cien años de soledad? ¿Se atrevería Ruiz Navarro a decirle a Joyce que es un puerco sin sentimientos por haber puesto a uno de sus personajes, Leopold Bloom, a limpiarse el trasero con la publicación de un poema de uno de sus escritores enemigos?

No es posible juzgar de manera equilibrada a un escritor con base en criterios morales, en categorías de los estudios de género o en el feminismo, como lo hace Ruiz Navarro (que evita la discusión real, la estética): hacerlo significa, de entrada, despreciar su valor narrativo, documental, literario y estético; aquello que, en últimas, es el don singular de la literatura. Sería como calzarle a una hormiga un zapato para elefante. El resultado siempre será una interpretación errada y, sobre todo, incompleta. Una obra literaria es un producto estético y debe ser juzgada bajo esos criterios (que son móviles e inestables, contrario al dogmatismo de los paradigmas, y allí radica su belleza). Sin embargo, si Ruiz Navarro insiste en su yerro, le propongo otro argumento para su lista: García Márquez era un inclemente asesino de la fauna nacional porque llenó un baño entero con mariposas amarillas en extinción.

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Excélsior
Ciudad de México
11 de noviembre de 2017

Columna

Gabo, que te 
quiero Gabo
Otra vez, cuando yo conocí a Gabo García Márquez tenía unas piernas bien calzadas y trepábamos las montañas como si fueran dibujos de niños.

Por Maria Luisa Mendoza

Ya lo dije. Éramos tan jóvenes que trepar los cerros no tenía molestia cual ninguna. Lo extraordinario es no habernos caído desde las cúspides aquéllas, como si fuéramos gamos o ciervos. Simplemente niños.

Ahora ya somos grandes y leemos lo que los demás han escrito de Gabito, ese maravilloso muchacho casado con La Gaba y que era en mucho el único de mis amigos pasados por las armas del matrimonio, pero porque él lo quiso… haga usted de cuenta que tiene unos diez años y un muchacho le dice a usted precisamente que algún día se va a casar con usted merita. Es el sueño de amor de las chamacas, lo nunca visto por supuesto, y lo fantástico es que esa persona joven y hermosa como el Gabo del cuento vaya y le pida a La Gabita un matrimonio de a deveras.

Allí están los dos muchachos tan bellos esperándolos. Uno va a ser el mejor cineasta para quien esto escribe, alto y guapo como él solo, y el otro es un chico aparecido de pronto en una calle de París, cuando Chaneca Maldonado y yo tomábamos un café muy quitadas de la pena y él venía con dos o tres jóvenes, sus compañeros de escuela, todos estudiando música si no me equivoco. El hijo jovencito de los Gabos era el ser más guapo de París, y tan amable, tan gentil. Venía de su casa que yo ya conocía, un departamento precioso, oscurón es verdad, pero de un calorcito único… además estaba en París, ya lo dije, y el hijo de los muchachos lo habitaba todavía sin casarse con Pía, la hija de Salvador Elizondo.

En realidad, yo ya conocía todo lo referente a los García Márquez. La casa, por ejemplo, de la Ciudad de México, construida por el arquitecto Parra, el papá de Riqui, mi amiga bien amada, y vista en la intimidad en realidad por la generosidad de Chaneca, quien era en esos entonces una especie de hermana mía y de los Gabitos, y así sabía ya de los forros de la sala a veces blancos, a veces de cuadritos o rojos, una maravilla. Esa casa del jardín me maravilló desde siempre y les ofreció a mi vidriero, mi ventanero, mi artista especial, para que les hiciera a su vez una vidriera preciosa que parecía seguir mis vidrieras estilo art nouveau, descubiertas entre un montón de divinidades hechas por un japonés de paso por Tenochtitlan. Quiero dejar aquí mis impresiones de la casa susodicha, pues significa una de esas estampidas de luces y cuartos mágicos casi inexistentes.

Hay que hacer notar que Gabita es una de las mujeres mejor vestidas que conozco en la faz de la Tierra. Su buen gusto no tiene par, le he visto trajes de un buen gusto único, y si bien es verdad que el traje maravilloso que llevó a Europa la tarde que le otorgaron a su marido el Premio Nobel, yo no tuve el honor de verlo con mis ojos semiciegos, porque no tuve oro de Moscú (o como decíamos antes), sí constaté una docena, por lo menos, quizá porque era pobre-pobre, pero el regusto por lo nunca visto no se me ha quitado, es cuestión de familia, eso que ni qué.

Debo contar el vestido que La Gaba estrenó el día que el Presidente de la República le otorgó el Águila Azteca, distinción que se le da a quien honra a nuestra patria con la obra, el comportamiento, el amor pues, y Gabriel García Márquez siempre fue un enamorado de México.

En aquellos tiempos yo era una periodista audaz, como quien dice, y por eso me invitaban a las grandes ocasiones, sobre todo, las que se realizaban en la Presidencia de la República, en uno de sus salones amplísimos y de techos altos. Allí estábamos los reporteros carcamoneros y por ello mismo me sentí muy a gusto con la invitación. También estrené traje —rosa de palo— y me quedaba que ni pintado. Estrené igualmente zapatos marca Chanel, que a Chaneca le gustaron mucho y a mí me dio por quitármelos en plena Presidencia sin pudor ni nada, simplemente se los puse en las manos a mi amiga que los vio con atención y con atención le vieron los cacles todos los que rodeaban la escena sin igual… ella y yo éramos como hermanas, no sé por qué íbamos a tener pena o lo que fuera. A la mañana siguiente aparecimos en la primera página de mi periódico Excélsior muy descalzas, muy orondas, fuimos la sensación, le robamos un pellizquito a Gabo de la fama mundial.

De ese día recuerdo la luz del salón, el aroma del jardín de la Presidencia colándose por las puertas abiertas, la distinción de La Gaba con un traje oscuro absolutamente despampanante, ni siquiera la reina de Inglaterra traería algo igual, bueno, la reina de Inglaterra siempre usa unos vestidos como de San Juan de Letrán con su bolsa del 15 de septiembre.

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EL ESPECTADOR
Bogotá - Colombia
11 de noviembre de 2017

Columna

La música 
se hizo palabra

Por: Javier Ortiz

La tarde en que regresó a casa avergonzado a consultar el diccionario porque un extraño en el circo se atrevió a corregirlo cuando confundió un dromedario con un camello, el coronel Nicolás Márquez le mintió a su nieto. En realidad, en aquel mamotreto que lo sabía todo y nunca se equivocaba, no estaban todas las palabras. Faltaba una: Vallenato. Así, con V, no con B, porque aunque conocía de mares y errancia, esta expresión no tenía nada que ver con la cría del mayor de los cetáceos. La paradoja es que muchos años después nadie contribuiría más para que ese vocablo estuviera en el diccionario de la Real Academia Española que aquel nieto insomne.

Gabriel García Márquez es el principal responsable de que el afamado diccionario estrene este diciembre la palabra Vallenato, para designar a una expresión musical nacida en el Caribe colombiano. La cosa comenzó temprano, quizá con aquella nota del 22 de mayo de 1948 en El Universal de Cartagena, en la que comparó el acordeón con un animal triste, un fuelle nostálgico cuyas notas arrugaban el sentimiento. Luego vendrían las correrías por el Magdalena Grande con el compositor Rafael Escalona; un maravilloso texto en El Heraldo en el que explicó la manera como el vallenato había ayudado a sobrellevar el duelo producto de la violencia partidista en La Paz, un pueblo cerca a Valledupar; el retrato de Francisco el Hombre en Cien años de soledad, como un viejo trotamundos que cantaba los acontecimientos de la región acompañado de un viejo acordeón que le regaló sir Walter Raleigh; el epígrafe de El amor en los tiempos del cólera tomado de una hermosa canción de Leandro Díaz; y su apoyo al Festival de la Leyenda Vallenata. Lo demás, también lo sabemos, lo hicieron las alianzas de la élites regionales con las del centro del país, y las parrandas en las casas y los callejones del centro histórico de Valledupar en los tiempos en que se repartían a dedo gobernaciones y alcaldías.

Los diccionarios son el pulso de la evolución social y conceptual de una época, y por eso su invaluable condición de fuente histórica. Lo que hizo la Enciclopedia, el proyecto ilustrado francés del siglo XVIII, fue explicarle al mundo en orden alfabético los conceptos que en ese momento estaban desordenando políticamente a Europa. Y María Moliner, cuando empezó a escribir ese diccionario sorprendente con la misma devoción con que remendaba calcetines, advirtió que quería atrapar todas las palabras, “sobre todo las que encuentro en los periódicos porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento.” La Academia en realidad es una institución conservadora y poco ágil para agarrar palabras al vuelo. Su diccionario es para muchos una especie de necrópolis de las palabras, un panóptico que las encarcela cuando ya han perdido la magia y la gracia que les otorga su uso cotidiano.

La palabra Vallenato aparecerá oficialmente en el diccionario no en la efervescencia de la parranda sino en tiempos de resaca. Hace dos años la música vallenata tradicional fue reconocida como patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco, pero incluida dentro de la lista de manifestaciones culturales que necesitan de proceso de salvaguardia urgente. Quizá este nuevo reconocimiento deba tomarse como un aliciente para quienes, como Gabo, defendieron su espíritu memorioso y trashumante.

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LA REPUBLICA
Lima – Perú
10 de noviembre de 2017

Cultural

El boom no hubiese 
existido sin Balcells
Reveló Xavi Ayén, periodista español, quien abrió las actividades
del primer día del Hay Festival

El fallecido escritor Gabriel García Márquez adornaba la realidad. “Para eso era un maestro”, reveló Xavi Ayén, periodista español, quien abrió las actividades del primer día del Hay Festival hablando del boom latinoamericano. Ayén contó que Gabo por ejemplo, modificaba su edad. Nació en 1927 pero en muchos de sus libros cambiaba a 1928. “Lo hacía por coquetería”, dijo Ayén.

El colombiano también explicaba a sus biógrafos que mandó a su editor en Argentina el manuscrito de Cien años de soledad en dos partes por su precaria situación económica. “Sin embargo Paco (Francisco) Porrúa (el editor) me dijo que cuando abrió el paquete encontró el manuscrito completo”, contó el periodista. Ayén investigó por casi 10 años el boom, un término que acuñó por primera vez el periodista argentino Luis Harss para referirse al “auge” de estos escritores. Todos los hallazgos de Ayén los compiló en Aquellos años del boom, que espera sea editada para Latinoamérica en el 2018.

 Escritor. Ayén presentará documental sobre Carmen Balcells.

Por Redacción

Uno de los personajes más relevantes en este grupo que “lo integraban solo machos” fue sin duda la agente literaria Carmen Balcells. Sin ella no hubiera existido. “Es ella quien los cohesiona, organiza que vivan en la misma vecindad, Barcelona (España), que vayan a las mismas excursiones”.

El peruano Mario Vargas Llosa la bautizó como la “Mamá Grande” . El autor de La ciudad y los perros dijo de Balcells: A ella le debemos todo ... y todo lo que tenemos. Pero en el boom también hubo “marginados”. Una de ellas es la escritora argentina Luisa Valenzuela pese a su sólida literatura.

El periodista destaca que se creó la sensación de que cada país debía tener un autor del boom. Ecuador no lo tenía y se lo inventaron. El chileno José Donoso cuando lo entrevistaban recomendaba leer a Marcelo Chiriboga un ecuatoriano cuya primera novela era La línea imaginaria. ”Balcells incluso hacía como si lo representaba”, dijo.

Historia personal del boom, de Donoso empujó a Ayén escribir del boom. Por qué lo hizo. “Una revista chilena se preguntaba por qué ellos no tenían un escritor del boom . Esto le produjo tal frustración y rabia a Donoso que escribió Historia personal del boom”, dijo.

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REVISTA ARCADIA
Bogotá – Colombia
20 de octubre de 2017

El autor 
y la escritora
Carolina Sanín ahonda en 'Crónica de una muerte anunciada', para ella "la mejor novela feminista que se ha escrito en América Latina".

Por Carolina Sanín

Si queremos, podemos oír que en la vida se nos hace incesantemente una sola pregunta: qué nos ha traído al lugar donde estamos; qué nos hace actuar como actuamos; qué nos pasó, qué y quién nos afectó. La respuesta es la disposición a contarnos nuestra propia e infinita historia; no es una respuesta, sino una actitud: la responsabilidad misma. En Crónica de una muerte anunciada se le hace tres veces la pregunta a Ángela Vicario, la protagonista. En su noche de bodas, después de que Bayardo San Román la devuelve a su casa tras descubrir que ella no es virgen, uno de sus hermanos le pregunta “quién fue” —quien hizo que dejara de ser virgen—. “Ella se demoró apenas el tiempo necesario para decir el nombre”, dice el narrador. “Lo buscó en las tinieblas, lo encontró a primera vista entre los tantos y tantos nombres confundibles de este mundo y del otro, y lo dejó clavado en la pared con su dardo certero, como a una mariposa sin albedrío cuya sentencia estaba escrita desde siempre. ‘Santiago Nasar’, dijo”.

A continuación el lector se persuade de que los hermanos Vicario darán muerte a un inocente para restablecer el honor de la familia y en obediencia al prejuicio. El narrador mismo duda explícitamente de que Santiago Nasar sea responsable. Sin embargo, dice que Ángela Vicario no dijo cualquier nombre, sino que lo “buscó” y que lo “encontró”, y que la sentencia de Santiago Nasar estaba escrita. En otras partes de la novela se describe a Santiago Nasar como un cazador y destructor de mujeres: un “gavilán pollero. Andaba solo, igual que su padre, cortándole el cogollo a cuanta doncella sin rumbo empezaba a despuntar por esos montes”. La mañana en que lo van a matar, Santiago Nasar le dice a Divina Flor, la hija adolescente de la sirvienta de su casa: “Ya estás en tiempo de desbravar”. Más tarde, cuando trata de entrar en su casa para que no lo maten, lo acuchillan contra la puerta que su madre ha cerrado pues Divina Flor, en su lúcida inconsciencia, ha dicho que él ya está en la casa.

Puede leerse Crónica de una muerte anunciada como una parábola sobre la responsabilidad, la deuda y la imposibilidad de asignar una culpa (un tema central en la obra de García Márquez a partir del cuento “En este pueblo no hay ladrones”): Santiago Nasar puede no haber “desbravado” a Ángela Vicario, pero sí a muchas otras (tal vez Ángela Vicario fue su víctima solo vicariamente y fue el ángel vengador). La novela puede leerse también como una paradoja sobre el desencuentro entre el rumor y la información, que hace imposible la solidaridad: todo el pueblo sabe que a Santiago Nasar lo matarán en la mañana por la denuncia de Ángela Vicario, y nadie —con una salvedad— lo avisa. Puede leerse como un comentario sobre la espectacularidad del delito: “La gente que regresaba del puerto, alertada por los gritos, empezó a tomar posiciones en la plaza para presenciar el crimen”. Puede leerse también como un comentario sobre la inutilidad del sacrificio: la muerte de Santiago Nasar, en la plaza del pueblo y contra la puerta de su casa (acuchillado por dos matarifes de cerdos), se describe como la muerte de un toro contra el burladero en una plaza de toros, y su autopsia gratuita es el descuartizamiento de un animal. Por demás, la masacre de animales aparece recurrentemente a lo largo de la historia.

Pero la novela trata también acerca del sacrificio útil. A Ángela Vicario se le hace por segunda vez la pregunta sobre su vida después de que el crimen se ha perpetrado: “Cuando el juez instructor le preguntó con su estilo lateral si sabía quién era el difunto Santiago Nasar, ella le contestó impasible: ‘Fue mi autor’”. Es una frase que queda resonando, como un enigma, en la mente del lector. El autor de Ángela Vicario es ciertamente Gabriel García Márquez, su primo, quien se presenta autobiográficamente en la novela e investiga el caso “en una época incierta en que trataba de entender algo de mí mismo”. ¿Qué quiere decir ese “mi autor” con respecto a Santiago Nasar, el joven patriarca?

Después de que ocurre la muerte anunciada, los Vicario se van del pueblo y la madre hace “lo posible para que Ángela Vicario se mu(era) en vida”. Ella, sin embargo, “le malogró los propósitos, porque nunca hizo ningún misterio de su desventura”. Cuando el autor la encuentra, muchos años después, en medio del desierto de La Guajira (el mismo desierto al que la Cándida Eréndira escapa liberada, al final de su largo relato), la encuentra cambiada. Ya no es “tu prima la boba”, como se refería a ella Santiago Nasar, ni la caracterizada por “el desamparo” y “la pobreza de espíritu”, sino que “era tan madura e ingeniosa que costaba trabajo creer que fuera la misma”. Después del sacrificio —o el ajusticiamiento— de Santiago Nasar, Ángela Vicario se vuelve capaz de contar su propia historia “sin reticencias”. Cuenta cómo no quiso engañar a su marido fingiéndose virgen como le habían aconsejado las otras mujeres. Cuenta cómo estaba dispuesta a morir, y cómo, dentro de la golpiza que le dio su madre en la noche de bodas, nació en ella el amor por Bayardo San Román. “Nació de nuevo”, dice el narrador, y fue “dueña por primera vez de su destino” y “se volvió lúcida, imperiosa, maestra de su albedrío”. Se dio cuenta, también, de que el odio por su madre y el nuevo amor que la construía crecían proporcionalmente.

Después de que ella responde por tercera vez con la enunciación de la responsabilidad del hombre — “No le des más vueltas primo, fue él”, le dice al narrador— se cuenta que Ángela Vicario se hace escritora. Deja de ser la amada —la novia pasiva escogida por un hombre que no la conoce, obligada a casarse con él sin amor— a ser la amante que escoge someterse a la autoridad de su propio enamoramiento. Le escribe cartas a Bayardo San Román durante diecisiete años: “Al principio fueron esquelas de compromiso, después fueron papelitos de amante furtiva, billetes perfumados de novia fugaz, memoriales de negocios, documentos de amor, y por último fueron las cartas indignas de una esposa abandonada que se inventaba enfermedades crueles para obligarlo a volver”. Por último, “le habló de las lacras eternas que él había dejado en su cuerpo, de la sal de su lengua, de la trilla de fuego de su verga africana”. Escribe libremente y de todo: la mujer no ideal (la no virgen), después de haber visto y declarado que el patriarcado ha sido autor de su personaje, asume otro papel: el históricamente masculino del autor romántico —el que amaba a una mujer idealizada—, pero con un vuelco: ella ama y se dirige a un hombre real. Multiplica su propio personaje autoral y se ironiza en sus escritos. Se hace responsable de sí misma, ante sí. “Era como escribirle a nadie”, dice, y con su escritura y su conciencia revierte todo el discurso amoroso de occidente, el discurso iniciado en la Edad Media con la poesía del amor cortés compuesta por los trovadores, herederos y alumnos de los árabes. (No es secundario que Santiago Nasar sea hijo de un árabe, ni es insignificante que la única vez que oye el anuncio de su muerte lo oiga en árabe, de labios del padre de su novia).

La muerte que en la Crónica de una muerte anunciada está anunciada es la muerte del patriarca (el mismo cuyo otoño se narra por extenso en otra parte). Al final de la mejor novela feminista que se ha escrito en América Latina, el hombre —Bayardo San Román—, ya no amante sino amado, se presenta en la puerta de Ángela Vicario, la autora de su destino, y dice: “Bueno, aquí estoy”. Trae las casi dos mil cartas que ella le escribió, todas sin abrir. Pues ella ya es escritora, pero él aún no es lector.

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6 de noviembre de 2017

MEMORABILIA GGM 879

MINTIC
Ministerio de Tecnologías
de la Información y las Comunicaciones
Bogotá - Colombia
3 de noviembre de 2017

Noticia

MinTIC y FNPI presentaron
en Cartagena los avances
del Centro Gabo
Hoy se presentaron en Cartagena el proyecto Centro Gabo, y sus programas en alianza con el Ministerio TIC. El Centro Gabo desarrollará programas y proyectos para divulgar el legado del Nobel

El evento tuvo lugar en el Centro de Formación de la Cooperación Española, con participación del Ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), David Luna; el Gobernador de Bolívar, Dumek Turbay; y un grupo de académicos e investigadores de la vida y obra de Gabriel García Márquez como Ariel Castillo, Alquimia Peña, Gloria Triana y Germán Rey, entre otros.

El objetivo del Centro Gabo es generar procesos de apropiación social del conocimiento a partir del legado en movimiento de Gabriel García Márquez, para despertar e impulsar vocación hacia las artes y las ciencias, promover el pensamiento crítico e innovador, e inspirar y formar a la ciudadanía en el uso ético y creativo del poder de investigación, narración y divulgación de historias. Este proyecto surge como alianza público-privada y académica a partir de la ley de honores 1741, expedida por el Congreso de Colombia en el año 2014, luego del fallecimiento del Nobel de Literatura colombiano, la cual declaró como proyecto de interés público la creación en Cartagena de un “Centro Internacional para el legado de Gabriel García Márquez”.

“Desde el MinTIC nuestra responsabilidad va más allá de llevar conexión a diferentes partes del país: tenemos que lograr que los colombianos se apropien de la tecnología y la usen como esa ventana hacia el conocimiento que permite Internet. Muestra de ello es poder respaldar proyectos como el de la Fundación Nuevo Periodismo que, por medio del Centro Gabo, busca poner al Nobel al alcance de los ciudadanos del mundo”, aseguró el Ministro TIC durante el conversatorio que sostuvo con Jaime Abello Banfi, de la Fundación Nuevo Periodismo (FNPI).

Así mismo, el Gobernador Dumek Turbay anunció que el Centro Gabo tendrá su sede física en el Palacio de la Proclamación, edificio histórico ubicado en el centro de Cartagena, que actualmente se encuentra en restauración con financiamiento del Fondo Nacional de Regalías. En este espacio se dispondrá de un área para una exposición interactiva bilingüe dedicada a la vida y obra de Gabo, también se ofrecerá una programación cultural en el auditorio, y en salas para talleres y exposiciones.

El Centro Gabo desarrollará programas y proyectos para divulgar el legado del Nobel en actuaciones educativas, culturales, comunicacionales, científicas y de desarrollo social. Algunas de ellas empiezan a llevarse a cabo de manera virtual, en virtud de los acuerdos celebrados entre la FNPI (Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano) y el MinTIC.

Durante la presentación del Centro Virtual Gabo, el Ministro David Luna aseguró que este es un espacio que, junto a nuestro aliado estratégico, la Fundación Nuevo Periodismo, “decidimos crear como complemento al Centro Gabo, para que desde cualquier lugar del mundo sea reconocido por las personas que, al ingresar al sitio web, tendrán acceso a información de primera mano de nuestro Nobel de Literatura. Este es un micrositio interactivo que muestra, a través de contenidos innovadores, el legado de Gabriel García Márquez”.

Hoy se pone en servicio oficialmente el sitio web www.centrogabo.org, desde el cual se adelanta la campaña Memoria colectiva de Gabo, que busca ponerlo al alcance de todos a través de sus ideas, reflexiones y experiencias, organizadas en cinco dimensiones: su historia personal; su trayectoria y obras como investigador y contador de historias en literatura, periodismo, cine y televisión; y sus facetas de educador, emprendedor y ciudadano. Para eso, la FNPI está haciendo una labor de compilación y curaduría de materiales de distintas fuentes, incluyendo sus entrevistas* y discursos, algunos de los cuales ya están a disposición de los usuarios en la web. Además, los ciudadanos podrán participar compartiendo un testimonio (en video, texto o audio) con su mejor recuerdo o anécdota sobre la vida y obra de Gabo.

Otro de los proyectos en curso es Convivencias en Red, una iniciativa virtual que tiene como propósito impulsar el uso cuidadoso y creativo de las redes sociales como espacios de participación ciudadana. La estrategia en este caso es visibilizar los problemas de la desinformación y de la manipulación mediática, discutir colectivamente posibles soluciones, e inspirar cambios proponiendo innovaciones. “Esta iniciativa ofrece recursos pedagógicos y espacios para que los ciudadanos fortalezcan sus capacidades y competencias comunicativas, y aprovechen las plataformas virtuales como espacios de participación cívica en las que puedan establecer discusiones productivas e incluyentes”, afirmó el Ministro TIC.

Dentro de las experiencias piloto del Centro Gabo, la FNPI compartirá en el evento los resultados de Cronicando, un ciclo de talleres de periodismo con niños y jóvenes del barrio Nelson Mandela en Cartagena, realizado en alianza con la Fundación TenarisTuboCaribe con el fin de incentivar en los participantes las capacidades de investigación, narrativa y divulgación de historias con una mirada crítica y activa frente a la realidad que los rodea.

Jaime Abello Banfi, director general de la FNPI, concibe el Centro Gabo como una manera de “poner la memoria viva de nuestro fundador al servicio del desarrollo social y cultural de Cartagena, Bolívar y Colombia”.

*Tomando como base la investigación de
MEMORABILIA GGM,
Para que no se las lleve el viento (N del E.)

El Espectador
Bogotá - Colombia
2 de noviembre de 2017

  
Hoy presentan la primera etapa en Cartagena

Centro Gabo, para todos los colombianos
Jaime Abello Banfi, director de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, explica la misión de una entidad creada para que el país se apropie del legado de Gabriel García Márquez.

La paz de Colombia fue una de las “preocupaciones fundamentales” del Nobel y será clave en el trabajo del Centro Gabo, según Jaime Abello. / Joaquín Sarmiento-FNPI

Por Redacción de El Espectador

¿Qué se presenta este viernes como Centro Gabo en Cartagena?
La primera etapa de un proyecto de alianza público-privada y académica que busca generar apropiación colectiva del legado en movimiento de Gabriel García Márquez. Se trata de poner la memoria viva de nuestro premio nobel de literatura al servicio del desarrollo social y cultural de Cartagena, Bolívar y Colombia.

¿Qué ofrece centrogabo.org?
Gracias al apoyo del Ministerio TIC, arrancamos hoy la página web que aloja los contenidos de la campaña de memoria colectiva y el centro de conocimiento virtual que buscan poner a Gabo al alcance de todos, así como el conjunto de recursos de la iniciativa educativa Convivencias en Red, que tiene como propósito impulsar un uso cuidadoso y productivo de las redes sociales.

¿Por qué para ello el Congreso emitió la Ley de Honores 1741?
Porque la ley, aprobada por unanimidad de todos los partidos al fallecer Gabo, tuvo como propósito de política pública la preservación de su memoria, la contribución a que se realicen sus ideales y el mantenimiento de su legado. Un aspecto de la Ley de Honores que ya se puso en práctica es la emisión de billetes con su imagen.

¿Por qué la sede física funcionará en el Palacio de la Proclamación?
Cartagena y Bolívar necesitan proyectos innovadores que devuelvan la esperanza a sus habitantes. Dumek Turbay, gobernador de Bolívar, llegó a la conclusión de que la oferta de programas y servicios del proyecto Centro Gabo es el mejor uso posible que puede tener este edificio público de alto valor patrimonial, el cual se restaura con financiamiento del Fondo Nacional de Regalías para ser convertido en un nuevo centro cultural.

¿Qué espacios habrá allí?
Según el proyecto del arquitecto Alberto Samudio Trallero, adaptado al Centro Gabo, contará con un área para la exposición interactiva dedicada a la vida y obra del Nobel, la cual está llamada a convertirse en un nuevo atractivo turístico de Cartagena. También habrá un auditorio, salas para talleres y exposiciones, tiendas, cafetería y restaurante.

¿Cualquier colombiano podrá aprender de todas las facetas de Gabo: ser humano, periodista, escritor, emprendedor y educador?
La Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) está compilando y revisando todas las entrevistas que Gabo dio a lo largo de su vida para ponerlas posteriormente a disposición de los usuarios del sitio web centrogabo.org. Estamos convocando a los ciudadanos a que compartan, en video, texto o audio, su mejor recuerdo de García Márquez en cualquiera de esas cinco facetas, que son las ramas de lo que llamamos Árbol Gabo.

Habrá también ciencias y artes.
Porque Gabo sostenía que había que ponerlas en la misma canasta, como amigas y no enemigas. La magia de su creatividad literaria se fundamentaba en el realismo investigativo que forjó en el periodismo. Nuestro lema será investigar para crear.

¿Qué centros de memoria tomaron como referentes para construirlo?
En el trabajo de consultas y planeación estratégica para idear y diseñar el Centro Gabo, que nos tomó más de un año, investigamos en detalle la organización, programas, tecnologías y sostenibilidad de 39 centros de varios países, desde casas museos de autores hasta centros de ciencias.

¿Cuál es el papel del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia?
El Ministerio TIC, que ha contribuido decisivamente a la puesta en marcha de la primera etapa del Centro Gabo, es uno de los aliados públicos del orden nacional previstos en la ley, junto con el Ministerio de Cultura.

¿Incluye la Escuela Internacional de Formación e Innovación en Periodismo y Comunicación?
Con este componente nos proponemos consolidar y proyectar ampliamente el proyecto periodístico de Gabo, como evolución del trabajo que ha llevado a cabo la FNPI a lo largo de 22 años con sus talleres y seminarios para periodistas de toda Iberoamérica.

¿Qué es “Cronicando”, el proyecto con que ya empezaron a trabajar en el barrio Nelson Mandela?
Es nuestro primer ciclo de talleres de periodismo para niños y jóvenes, organizado en alianza con la Fundación Tenaris Tubocaribe, como experiencia piloto de la FNPI en camino al Centro Gabo. El objetivo no es volverlos reporteros sino contribuir a su desarrollo humano y su crecimiento ciudadano, mediante capacidades para investigar, contar y compartir historias, con una mirada crítica frente a la dura realidad que los rodea.

¿Cuándo será la inauguración final?
En el segundo semestre de 2018, esperamos. El gobernador Dumek Turbay ha anunciado que la restauración del edificio que servirá de sede al Centro Gabo estará lista el 15 de junio.

¿Cómo formar a la ciudadanía en el uso ético y creativo de investigar, contar y compartir historias?
Con el método de talleres que Gabo desarrolló en la fundación, con acciones educativas virtuales e itinerantes, con el aprovechamiento de dos décadas de experiencia pedagógica en la formación e inspiración a periodistas para contar mejores historias. La fundación compartirá sus aprendizajes con un público más amplio, especialmente de niños, jóvenes y ciudadanos en las redes.

¿Y en materia de construcción de la paz y la reconciliación?
La búsqueda de la paz para Colombia fue una de las preocupaciones fundamentales de Gabo como ciudadano. Desde esta perspectiva creemos en el poder transformador de las historias y su capacidad de contribuir al desarrollo humano.

Como director de la FNPI, ¿qué rol va a cumplir en el Centro Gabo?
Esta fundación creada por Gabo ha asumido, con el respaldo de su junta directiva y de la familia García Barcha, la responsabilidad de ampliar su objeto misional para sacar adelante el Centro Gabo y cumplir la función que le asigna la Ley 1741 de gestor del proyecto con aliados públicos y privados. Personalmente me he dedicado a la planeación y promoción del proyecto, pero luego pondremos en marcha una unidad de trabajo especializada, que actuará con criterio de empresa cultural.

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SDP Noticias.com
Ciudad de México
29 de octubre de 2017

Entrevista
La Muñeca Tetona. Gabo y Salinas

Por Diego Osorno

Ricardo Salinas (sic) Foto de propiedad de Especial
Hace tiempo apareció en Twitter una vieja fotografía que muestra a diversos personajes notables del México de finales del siglo XX. Entre los periodistas, escritores, académicos y artistas se encontraba un polémico presidente. Una misteriosa dama de peluche se coló también a esta imagen histórica. Esta es la sexta entrega de una serie periodística de SDPnoticias.com sobre la historia detrás de esta fotografía.

–De los escritores que aparecen con usted en la fotografía, ¿a cuál ha leído más?–, pregunto a bocajarro al expresidente Carlos Salinas de Gortari en la biblioteca de su casa en la Ciudad de México.
– El Gabo García Márquez es un titán colombiano por nacimiento y mexicano por adopción, universal. Curiosamente tengo una primera edición de Cien años de soledad, autografiada por el Gabo, pero antes del Premio Nobel de Literatura. Y me encantaría mostrarte la dedicatoria, porque es simpatiquísima. Años después la comentábamos el Gabo y yo, porque decía: “Para Carlos Salinas de Gortari, de un escritor todavía desconocido”. Y ese escritor desconocido es el titán de la literatura universal, Gabriel García Márquez.

 Foto de “La muñeca tetona” Propiedad de Pedro Valtierra

– ¿Cómo se dio la relación tan cercana con Gabriel García Márquez?
– Con el Gabo García Márquez había una relación muy estrecha con él y con su esposa Mercedes, desde antes de que llegara yo a la Presidencia. Siendo secretario de Programación y Presupuesto, habíamos establecido una cordial amistad. Pero ya en la Presidencia, además de disfrutar esas conversaciones con el Gabo, que a lo que uno se dedicaba era a escuchar, porque quería uno absorber no sólo el caudal de conocimientos que él tenía, sino la sensibilidad para expresarlos –cualquiera que haya leído sus libros, podrá explicar mejor que yo a lo que me refiero.

– ¿García Márquez le dio algunos consejos en particular cuando usted era presidente?
– Con el Gabo ocurrió una cosa adicional. A fines de 1994, pasada la elección presidencial y unos pocos meses antes de terminar mi responsabilidad, recibí una llamada del presidente (William) Clinton de los Estados Unidos, quien me llamaba para expresarme su reconocimiento a la transparencia y el desarrollo de la elección presidencial, pero sobre todo agregó que tenía una gran preocupación por la cantidad de balseros que estaban saliendo de Cuba. Y el presidente Clinton, siendo gobernador de Arkansas, había padecido una presencia masiva de refugiados o balseros cubanos que le habían creado un problema tal que había perdido su reelección como gobernador. Después volvió a ganar. No quería perder su reelección como presidente de los EEUU. Entonces me dijo: “Ayúdame por favor para ver qué está sucediendo en Cuba y cómo podemos ordenar estas salidas masivas”. Decidí hablar con Fidel Castro, pero primero le llamé al mejor interlocutor con Fidel. Tomé el teléfono, le marqué a Gabriel García Márquez a su casa al Pedregal de San Ángel, y lo único que le dije: “Gabriel, me gustaría hablar contigo. ¿Podrías venir a Los Pinos?”. Eran como las nueve de la noche, era una respetuosa invitación, pero habiendo tan buena relación pues no es común que el Presidente de la República llame: “¿Puedes venir ahorita para acá?”. Decía el Gabo después: “Nunca había circulado tan rápido en la ciudad y nunca había entrado tan rápido a Los Pinos”. Cuando llegó le expresé lo que había sucedido, y el Gabo me dijo: “Creo que es mejor que usted le llame directamente al presidente Castro. Pero –me dijo el Gabo– les voy a avisar en La Habana de esta llamada”. Así lo hizo. Tuve la conversación con el comandante Fidel Castro y le expresé que le iba a pedir a Gabriel García Márquez que se trasladara a La Habana para que le explicara personalmente cuál era la esencia del problema. Así lo hizo el Gabo y se inició un diálogo entre el presidente de EEUU y el comandante Fidel Castro, terciado por el presidente de México, pero con una presencia extraordinaria de Gabriel García Márquez que permitió finalmente el acuerdo que sigue vigente sobre la migración ordenada de cubanos hacia los EEUU y que abrió camino, un sendero para mejores relaciones entre esas dos grandes naciones que tan importantes y relevantes son para nosotros.

– ¿La relación de los intelectuales con el poder es igual en México que en otros países? Varios políticos me han dicho que el intelectual mexicano puede ser muy cortesano en privado y después, en lo público, muy crítico. ¿Cuál es la caracterización que usted haría del intelectual mexicano?
– Bueno, yo creo que los intelectuales mexicanos son similares a los del resto del mundo en cuanto a su afán de descubrir la verdad, de contribuir a la creación cultural, de ser parte de la transformación del mundo en el que vivimos y de la batalla de las ideas. En su relación con el poder, en mi experiencia, fue similar a la que yo observaba, por ejemplo, del presidente Clinton. En el contexto de la migración de balseros cubanos, tuvo una cena el presidente Clinton en una isla en el sur de Boston que se llama Martha’s Vineyard, precisamente con Carlos Fuentes y con Gabriel García Márquez; y William Styron estaba también, si no me equivoco.
Y ahí Clinton sabía que el Gabo tenía este diálogo que yo le había pedido con el comandante Fidel Castro, y Clinton relata en sus memorias que él no quería hablar con el Gabo del tema, porque no quería exponerse a que se supiera públicamente que estaba platicando con Fidel Castro, pero que estaba dispuesto a escuchar al Gabo. Y el Gabo le hizo unas reflexiones que después el propio Gabriel me pasó el escrito que él hizo sobre ese diálogo con el presidente Clinton.
Pero lo que quiero decir con esto es que, como en México, en Estados Unidos el presidente tenía una interacción y un diálogo con intelectuales norteamericanos y universales, o como los tenía en Francia el presidente (François) Mitterrand. Yo recuerdo una comida que tuvimos en el Palacio Eliseo ahí en París, y que el presidente Mitterrand me invitó mientras estaba yo en una gira de trabajo en Francia, e invité a Carlos Fuentes. Y estábamos conversando; el presidente Mitterrand una figura impresionante, extraordinaria.

– ¿De qué hablaron?
– El presidente Miterrand me hacía reflexiones muy serias, y yo lo escuchaba con atención. Luego yo le comentaba y yo veía que él también me escuchaba, pero un poco con el párpado medio caído, y yo decía: “Creo que hay un tema que le va a interesar y lo va a reavivar”. Y le dije: “Presidente Mitterrand, los hombres de Estado también se significan por su contribución a la cultura por la vía de la arquitectura. Por ejemplo –le dije yo– ahí está Luis XIV con Versalles”.

Y en ese momento el presidente Mitterrand se levantó en la silla y me empezó a platicar de su proyecto de la Biblioteca Nacional y después del Arco de la Defensa y del Museo d’Orsay, y entonces empezamos en un diálogo en el que terció Carlos Fuentes, y todo ese significado de la cultura en la vida de una nación y en la convivencia política. No por nada el Partenón en Grecia fue iniciativa de Pericles y construcción de Fídeas, por la estatua de Palas Atenea. Pero esa interacción que hace dos mil quinientos años se dio en Grecia es similar a la que tuvo el presidente Clinton con los intelectuales ahí en esta cena que yo relato, o en esta que tuvimos con Carlos Fuentes y que después, a propósito de ese diálogo con el presidente Mitterrand y platicando la renovación que estaban haciendo del Museo de Louvre, le pidió a su ministro de cultura que nos llevara a recorrer los sótanos del Louvre. ¡Cómo los habían arreglado! ¡Eran los basamentos de la fortaleza original! Y ahí anduvimos caminando Fuentes, el Gabo, el ministro de cultura, Mitterrand y yo. Después nos fuimos a cenar unas ostras deliciosas a ese lugar famoso de las ostras en París. Bueno, ostras le dicen a los ostiones. Pero lo que quiero decir con esto es que son ejemplos de estas interrelaciones del poder público con esa parte fundamental de la sociedad civil que son los intelectuales.

Autógrafo de GGM para Carlos Salinas de Gortari

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EXCELSIOR
Ciudad de México
6 de noviembre de 2017

Columna de opinión

Gabriel García Márquez. Y ya

Por María Luisa Mendoza

Cuando conocí a Gabriel García Márquez éramos muy jóvenes y yo creo que nos observábamos entre todos para adivinar qué éramos. Yo lo veía como un muchacho costeño con el cabello acairelado y unos ojos formidables, vigías, negros, brillantes, y tamaño bigote

Ella, La Gaba, como le decíamos antes y yo sigo con la manía (ahora es Meche), su preciosura estaba tal vez en los pómulos y la boca llenita, hinchada de juventud. Suave La Gaba hablaba poco y emitía una gentileza admirable de discreción de la que yo carecía. La reunión que más recuerdo era en un departamento que daba a Reforma y los muchos allí hablando de literatura, cine, teatro y cualquier manifestación hermosa de cultura. Comíamos poco y bebíamos mucho, reíamos y a veces pasaba el velo del ángel negro recordándonos guerras, exilios, pobrezas, soledades, pero los dejábamos inexistentes con sólo darnos cuenta de lo felices que éramos.

Gabo escribía novelas, no las contaba, y en ese entonces se preparaba para la más grande, regresando a las lluvias, los animales, los secretos, lo sobrenatural y la alegría de vivir. Estaban los García Ascot, la pareja más bella de la localidad, a los cuales quitarles los ojos de encima costaba lo que les platiqué. Los nombro porque en el destino ya estaba escrito que a ellos Gabo les iba a dedicar la gran novela de su acervo Cien Años de Soledad, que yo creo aún no existía en su mesa de trabajo donde Dios lo iluminó, mesa que tiene en su casa Chaneca Maldonado.

A continuación vino la locura, Gabo había escrito la maravilla de las letras, entregada a la editorial y el libro empezaba a estremecer los cuartos en donde se leía como el primer libro de la existencia… de pronto, todos los escritores se volvieron chiquititos, algo muy extraño porque nos movíamos entre la obra de los excelsos y si bajábamos los ojos al presente apenas Navokov o Laurence nos satisfacía. Sí, éramos snobs por antonomasia, pero lo merecíamos por edad, nos veíamos con desconfianza de que alguno estuviera escribiendo algo valioso cuando nosotros nada más leíamos y regresábamos a la gran risa universal que nos sustentaba, por ejemplo, del esfumarse de la Unión Soviética, de la dura verdad de la pérdida de la España republicana que nos llenaba de orgullo y ahora nos hacía sentirnos en ese páramo que en la actualidad hemos vuelto.

Ya no están Hitler ni Stalin ni Franco, por hablar de los más horrendos. Pero tenemos a un Trump con las manos regordetas, apretando los naipes de la libertad de todos los países que se le ocurran. Indudablemente somos uno de los elegidos por el color de nuestra piel.

Yo he escrito muchas páginas de esa época. Jomi entrando al departamento de dibujo donde trabajábamos el arquitecto Blandino García Ascot y yo… la conmoción ante su galanura y apostura y todo lo que usted quiera y mande.

Blandino me enseñó mucho de la España republicana, su amor lo compartí con él, sus viajes en el tren que su padre coordinaba en toda España, la del amarillo y morado. El arquitecto celebraba las fiestas republicanas con una pasión conmovedora, igual a la que yo siento por las fiestas provincianas de mi tierra.

Cuando fui a España, tal vez el arquitecto ya habría muerto, pero estuvo conmigo las muchas veces que visité su patria y se la dediqué amorosamente.

Decía que mucho he escrito sobre este girón de tiempo con Gabo llenándonos de flores y de alegría, todas las rosas amarillas que llenaron su casa el día en que fue conocido el Premio Nobel y yo estaba allí milagrosamente, y me quedé contestando el teléfono con llamadas de todo el mundo, lo juro, y yo con mi inglés de Katy Jurado, mi emoción al cien por ciento, mareada del millar de rosas, insisto, lleno el garaje, y el comedor, la sala y todo.

Y nadie más que yo y el servicio de los Gabos, y el teléfono, las rosas y las margaritas, y cuando me fui mareada de amor y de aroma, llegó el enorme y entrañable amigo de Gabo y dicen que preguntó asustado… había viajado en avión hasta la casa de los García y preguntó ¿quién se murió?

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