3 de agosto de 2022

MEMORABILIA GGM 927

EL UNIVERSAL

CDMX

16 de julio de 2022

 

CONFABULARIO

 

Publicamos el siguiente articulo por amabilidad de su autor

 

Reflexiones

 

La soledad de las palabras:

en defensa de la novela póstuma

de Gabriel García Márquez

 

El Archivo Gabriel García Márquez de la Universidad de Texas resguarda la inédita novela del Nobel, En agosto nos vemos, historia narrada desde la perspectiva de una mujer madura que busca conquistar su libertad, y en cuya trama la música y la reconciliación con los ancestros son los elementos distintivos de este testamento literario

 

 Por Gustavo Arango

 

Todo escritor —sin importar su fama o su prestigio— es un artista incomprendido. Cuando Gabriel García Márquez tenía 25 años, un encopetado editor argentino leyó su primera novela, La hojarasca, y le aconsejó que se buscara otro oficio. En 1961, La mala hora, su tercera novela, recibió un importante premio literario sólo después de que García Márquez aceptara las condiciones de un obispo que formaba parte del jurado: eliminar el lenguaje procaz y cambiar el título del libro, que inicialmente era Este pueblo de mierda. Esa misma novela recibió un ultraje más cuando unos insensibles editores la tradujeron al español de España, con todas sus gilipolleces y leísmos. Incluso cuando ya era reconocido, García Márquez saboreó la amargura del rechazo: el 15 de julio de 1981, un año antes de que se le concediera el Premio Nobel de Literatura, los editores de The New Yorker Magazine le notificaron que no publicarían su cuento “El rastro de tu sangre en la nieve”, porque no conseguía “mover al lector a aceptar su atrevido y hermoso concepto”. En 2004, cuando la inmortalidad de su obra nadie la ponía en duda, su novela En agosto nos vemos fue condenada al silencio, al parecer por la opinión de una sola persona. Desde 2014, tras la muerte de García Márquez, esa novela final y levemente inconclusa está guardada en un archivo al que muy pocos lectores consiguen acceder. Me propongo explicar por qué es urgente, justo y necesario que En agosto nos vemos finalmente se publique y le confiera el cierre que merece a su legado literario.

 

La mujer que camina en la belleza

 

En agosto nos vemos cuenta la historia de diez años en la vida de Ana Magdalena Bach, una mujer hermosa y madura, felizmente casada y madre de dos hijos. Su hogar está lleno de música y ella es una lectora insaciable. Su esposo, que es director del conservatorio local, es el sucesor del padre de Ana Magdalena en esa posición. Los hijos de la pareja también tienen inclinación hacia la música. Su hijo de 21 años es el primer chelo de la orquesta de la ciudad. Micaela, su hija, tiene 18 años, lleva el nombre de su abuela materna, es capaz de tocar cualquier instrumento y aprender de oído cualquier melodía, pero es un ser libre e insiste en que se hará monja. Viven en un lugar del Caribe que está hecho con retazos de muchos sitios reales.

 

La historia se concentra en lo que ocurre cada año alrededor de una fecha precisa, el 16 de agosto, el día en que se cumple el aniversario de la muerte de la madre de Ana Magdalena. Por razones que al principio no son claras, la madre pidió ser enterrada en una isla cercana, a la que sólo es posible llegar por transbordador. La isla parece ser otro retorno nostálgico a la Cartagena donde el autor de la novela vivió momentos decisivos: tiene ese mercado público donde alguna vez sintió que volvía a nacer, tiene una laguna espectral “poblada de garzas azules”. Con determinación y sutileza, Ana Magdalena ha conseguido que le permitan hacer sola el viaje anual para llevarle flores a su madre. Esa única aventura alejada de su familia incluye una noche de hotel a solas, dueña absoluta de su tiempo y de sus gestos. La novela comienza con el viaje en que el ritual ya establecido se desvía e incluye un encuentro sexual con un hombre “de cabello metálico” y “bigote romántico terminado en puntas”, que “parecía estar solo en el mundo”. Se habían conocido en el bar del hotel. Después del primer sorbo de licor, Ana Magdalena “se sintió bien, pícara, capaz de todo, y embellecida por la mezcla sagrada de la música y la ginebra”. Fue ella quien tomó la iniciativa, con miradas desafiantes e inequívocas, y el hombre tímido decidió seguirle el juego. La conversación fluyó sin contratiempos. Ella fue “pastoreándolo con su tacto fino”. Los unió el amor común por Drácula, la novela de Bram Stoker, que Ana Magdalena había llevado esa vez a la isla. Aquel fue el segundo hombre de su vida y ella misma se sentía sorprendida con su audacia. Nunca supo su nombre. Se amaron a lo largo de la noche, hasta que él ya no pudo darle más placer. Pero todo terminó de manera agridulce, cuando Ana Magdalena descubrió al día siguiente que el hombre le había dejado –entre las páginas de Drácula– un billete de 20 dólares. Al regresar a su hogar, todavía confundida por lo ocurrido, Ana Magdalena se vio arrastrada a los juegos amorosos de su esposo. Mientras hacían el amor en el piso del baño, Ana Magdalena pensó en el desconocido, “le agradeció lo merecido, le perdonó lo imperdonable, sin amor ni rencor, lo buscó con ansiedad en las ansias de la conciencia para aferrarse a él en la cumbre final, pero no lo encontró”.

 

Para no estropear la experiencia de los lectores que la novela merece y espera, diré simplemente que ese viaje a la isla se repite cada año con variaciones, a la manera de las coronas ígneas, y en cada ciclo se nos revelan cosas nuevas. El desarrollo del personaje está a la altura de su autor. Vemos a Ana Magdalena moverse desde la humillación y la culpa hasta un secreto orgullo por lo ocurrido y una emocionada expectativa por lo que ocurrirá cuando regrese a la isla. En los fugaces destellos que tenemos de su vida familiar, vemos en ella el carácter desconfiado y los deslices verbales propios de los culpables. En cierta ocasión obliga a su esposo a confesar una remota infidelidad, pero calla su aventura recurrente. Sólo a su madre muerta le confiesa todas sus verdades. En sus anuales regresos a la isla la vemos hacerse dueña de su libertad de un solo día, elegir sus amantes ocasionales, tener encuentros y desencuentros (en una ocasión un empleado del hotel, al que creyó haber seducido, le cobró después de haber estado con ella), empezar a buscar en todos ellos a una especie de amante idealizado. Durante una de sus visitas a la tumba, Ana Magdalena descubre que alguien más lleva flores a la tumba de su madre. Así concluye que Micaela tuvo un amante furtivo en aquella isla y entiende que el destino de ambas está más unido de lo que imaginaba. La última vez que visita la isla, cuando ya tiene 50 años, Ana Magdalena se acuesta con un hombre que dice ser obispo y, a la mañana siguiente, liberada de su ritual de liberación, decide desenterrar los huesos de su madre y llevárselos a casa.

 

El destino de una novela

 

En agosto nos vemos se encuentran en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, en Austin. Forma parte de un nutrido tesoro de manuscritos, documentos personales, fotografías y cartas comprados en 2014 a la familia de García Márquez. Junto a la versión más avanzada de la novela y borradores de varios capítulos se encuentra el reporte de un lector comisionado por la agencia literaria de Carmen Balcells. El destino de la obra parece haber quedado sellado con esa opinión condescendiente y perdonavidas, que sirvió de referencia a la familia de García Márquez para decidir que la novela no se publicaría. Con una arrogancia que delata su inexperiencia, el autor del reporte ofrece una síntesis empobrecida de la historia. Consciente de que no puede ser completamente desdeñoso, se permite elogiar como una afortunada sutileza de la trama el hecho de que Ana Magdalena se arroje a su infidelidad periódica a pesar de tener una relación feliz con su esposo. Hace un elogio tibio y protocolario del estilo. Menciona ecos de “El corazón delator”, el cuento de Edgar Allan Poe, en el pasaje donde la culpa parece conducir a la protagonista a revelar su secreto. Pero fulmina cualquier posibilidad de publicación al describir la novela como un cuento repetitivo y alargado. Su estrechez es más notoria cuando opina que En agosto nos vemos es una novela inferior a Memoria de mis putas tristes. En su reporte no menciona ninguna otra novela de García Márquez y, por la manera como ignora las resonancias que hay en ella, es posible poner en duda que las conociera.

 

Seamos claros, ni Memoria de mis putas tristes ni En agosto nos vemos son novelas a la altura de las obras maestras de García Márquez. No podemos medirlas en relación con Cien años de soledad, El otoño del patriarca o El amor en los tiempos del cólera. Pero estas novelas menores son las últimas palabras de un autor que se ganó y merece nuestro respeto y nuestra atención. Más aún, al silenciar su último esfuerzo literario, estamos impidiendo que García Márquez pueda darle a su carrera literaria un cierre digno y coherente.

 

Memoria de mis putas tristes es un tributo nostálgico a los años que García Márquez vivió en Barranquilla a comienzos de la década de 1950. En ella imaginó la estancada respetabilidad que habría alcanzado si no hubiera seguido ese destino errabundo que lo condujo primero a Bogotá, luego a Roma, París, Caracas, La Habana, Nueva York, Barcelona y esa Ciudad de México que fue su hogar por más de medio siglo. Su última novela publicada hasta el momento está llena de méritos. Sus referencias literarias insisten en mostrarnos el amor y el respeto que García Márquez tuvo desde muy joven por la literatura española medieval y del Siglo de oro. También es un homenaje a la novela de Yasunari Kawabata, La casa de las bellas durmientes. La imagen de la virgen que duerme es heredera de la tradición del amor cortés. Pero ese nonagenario vampiro –que se nutre de juventud y de belleza– no fue la imagen final con que García Márquez quiso dar cierre a su carrera literaria. En eso radica la importancia de En agosto nos vemos. Omitir la verdadera última novela de García Márquez es como prescindir –sin que nos importe hacerlo– del último capítulo de Cien años de soledad.

 

El mayor mérito de En agosto nos vemos es que por primera vez García Márquez se atreve a que una mujer sea el personaje principal de su novela. Tras la publicación de Cien años de soledad, estudiosos de su obra destacaron la complejidad y consistencia de sus personajes femeninos. García Márquez dijo no haber sido consciente hasta entonces de esa capacidad suya y se la atribuyó al hecho de que pasó su primera infancia en un mundo de mujeres, donde la única figura masculina era su abuelo, el coronel Nicolás Márquez. Como sabemos, de su abuela Tranquilina Iguarán heredó el tono de distante impavidez con que se narran los hechos extraordinarios de Cien años de soledad. Con el tiempo, García Márquez desarrollaría una relación muy cercana con su madre, Luisa Santiaga Márquez. Su esposa, Mercedes Barcha, fue a la vez soporte e inspiración. En numerosas ocasiones García Márquez declaró sentirse más a gusto en compañía de mujeres. Pero los elogios que recibió por los personajes femeninos de Cien años de soledad tuvieron sobre él un efecto paralizante. Él mismo admitiría que, a partir de ese momento, le resultó más difícil escribir sobre las mujeres.

 

La dificultad es evidente. Más allá de la sonámbula Eréndira, las mujeres de las obras de García Márquez carecen del peso de Úrsula Iguarán, Amaranta Buendía o Pilar Ternera. La Leticia Nazareno de El otoño del patriarca se diluye en pocas páginas. La Ángela Vicario de Crónica de una muerte anunciada es silenciosa y su secreto permanece inaccesible. La Fermina Daza de El amor en los tiempos del cólera, la Sierva María de Del amor y otros demonios o la Delgadina de Memoria de mis putas tristes son poco más que piezas de decorado. El silenciamiento de En agosto nos vemos ha sido en parte responsable de que la obra de García Márquez haya sido objeto de ataques por parte de un sector de la crítica que actúa como una especie de policía moral. La ausencia de En agosto nos vemos en el corpus de su obra ha permitido que se descalifique a García Márquez como representante de una tradición machista que es necesario erradicar. Sólo en esta novela escrita en el ocaso de su poder creativo, García Márquez se atrevió a habitar por completo un personaje femenino: una mujer madura que consigue escaparse de su prisión familiar y social para hacerse dueña de su cuerpo y de su libertad.

 

En agosto nos vemos ratifica la plasticidad del lenguaje de García Márquez al final de su trayectoria creativa. Es, también, un homenaje a la música. El apellido de la protagonista celebra al compositor cuya obra García Márquez decía que llevaría a la isla desierta. Como es habitual en el autor colombiano, la novela está poblada por experiencias personales codificadas y abunda en homenajes literarios. El narrador hace un inventario completo de las lecturas de la protagonista en sus viajes a la isla. La referencia a Drácula es un homenaje a una de las novelas favoritas de García Márquez (la otra es El conde de Montecristo). Para el tiempo en que transcurre la historia, después de leer El ministerio del miedo, de Graham Greene, Ana Magdalena se dedica a leer literatura fantástica. Un detalle revelador de la novela es esa referencia al “tercer cuento de las Crónicas marcianas”, de Ray Bradbury. El cuento de Bradbury, “La noche de verano”, es un homenaje a la naturaleza misteriosa —incomprensible— de la poesía. Describe, con imágenes espectrales que parecen haberse derramado en la novela de García Márquez, la aventura de un poema de Lord Byron (“Ella camina en la belleza”), que los habitantes de Marte repiten fascinados sin conocer su origen ni su significado. Los personajes del cuento de Bradbury tienen, como Ana Magdalena, los ojos amarillos. El poema de Byron, en cierto modo, es una descripción de esa mujer en quien “lo mejor de la luz y de las sombras se junta en su aspecto y en sus ojos”.

 

La eventual publicación de En agosto nos vemos no significa que no vaya a ser criticada. Ningún libro está libre de cuestionamientos. Cuando Cien años de soledad apareció, alguien dijo que era un simple plagio de En busca de lo absoluto de Balzac y se dice que, para Borges, le sobraban 50 años. No faltará quien diga que todo intento por parte de un hombre de construir un personaje femenino es un gesto abusivo y patriarcal. El erotismo literario es un terreno resbaloso y es de esperar que se critiquen sus descripciones de los encuentros de Ana Magdalena con sus amantes. Pero lo cierto es que aquí las “potras” de otros libros se convierten en asuntos más detallados y complejos:

 

Al cabo de una hora larga de susurros banales empezó a explorarlo con los dedos, muy despacio, desde el pecho hasta el bajo vientre. Siguió con el tacto de sus pies a lo largo de las piernas y comprobó que todo él estaba cubierto por un vello espeso (García Márquez remplazó el adjetivo y escribió con lápiz: “liso”) y tierno como el musgo de abril. Luego volvió a buscar con los dedos el animal en reposo y lo encontró desalentado pero vivo. Él se lo hizo más fácil con un cambio de posición. Ella lo reconoció con las yemas de los dedos: el tamaño, la forma, el frenillo acezante, el glande de seda, rematado por un dobladillo que parecía cosido con agujas de enfardelar. Contó al tacto las puntadas, y él se apresuró a aclararle lo que ella se había imaginado.

 

“Me circuncidaron de adulto”. Y remató con un suspiro. “Fue un placer muy raro”.

 

Por fin —dijo ella— algo que no fue un honor.

 

Se besaron en la boca por primera vez. Quiso asaltarlo de nuevo, pero se le reveló como un amante exquisito que la elevó sin prisa hasta el grado de ebullición. Él se le impuso con firmeza, la manejó a su gusto, y la hizo feliz.

 

Permitirle a García Márquez que cierre su obra con una perspectiva femenina es un acto de justicia. La decisión de no publicar la novela fue presentada a la opinión pública como una prueba del poco interés de su familia en obtener ganancias fáciles con su legado. La novela fue descrita como un trabajo inacabado que no estaba a la altura del resto de la obra de su autor. Pero esa falta de interés en obtener ganancias con su legado se contradice con la cantidad de refritos y raspados de olla que se han publicado desde la muerte del Nobel colombiano y, de manera más dramática, con la manera tan deportiva con que se ha ignorado su determinación de que Cien años de soledad no fuera llevada al cine o la televisión.

 

Si se acepta el argumento de que al final de su vida García Márquez se mostró más flexible con esa determinación, ¿por qué no respetar también las últimas palabras que escribió? Es cierto que la novela nunca tuvo una versión definitiva, pero es un hecho que García Márquez consiguió completarla. El primer borrador del último capítulo nos muestra a un hombre batallando con las últimas fuerzas creativas que le quedaban. Es posible imaginar la dificultad tremenda con que logró vencer los obstáculos que le imponían su edad y la pérdida creciente de sus facultades. La energía lo abandonó en el último tramo del proceso y ya no fue capaz de defender su libro hasta verlo publicado. Pero su esfuerzo merece nuestro respeto. Sin mayor dificultad y con intervenciones mínimas, un editor amoroso –que conozca y aprecie la obra de García Márquez– podría terminar ese trabajo. Por muchas que sean las alteraciones y traiciones, no serán nunca tantas ni tan lamentables como que el coronel Aureliano Buendía o Remedios la Bella tengan rostros de actores famosos.

 

El espejo de la muerte

 

El desenlace de En agosto nos vemos es quizá la razón principal por la que la novela debe ser publicada. Es mucho más significativo, para el conjunto de la obra de García Márquez, que su obra culmine con ese reencuentro con la madre que es, al mismo tiempo, una reflexión sobre la muerte y sobre el misterioso privilegio de estar vivos. En Memoria de mis putas tristes, el personaje al que la gente conoce como Mustio Collado no tiene un vínculo cierto con sus ancestros, es en esencia una caricatura. Salvo por la tragedia distante con que termina Del amor y otros demonios, García Márquez trató de ignorar la muerte —cada vez más real y más cercana para él— y decidió conferirles finales abiertos y felices a El amor en los tiempos del cólera y Memoria de mis putas tristes. Pero En agosto nos vemos termina con los ojos dirigidos a la muerte, a ese más allá desde donde los muertos nos miran. No sería de sorprender que el futuro llegara a juzgar como uno de los mejores de su obra ese último pasaje de la novela, cuando Ana Magdalena (con su nombre tan bíblico) se ve reflejada en el cadáver de su madre y entiende su destino compartido.

 

El celador y el sepulturero de alquiler desenterraron el ataúd y lo abrieron sin compasión con las artes de un mago de feria. Ana Magdalena se vio entonces a sí misma en el cajón abierto como en un espejo de cuerpo entero, con la sonrisa helada y los brazos en cruz sobre el pecho. Se vio idéntica y con su misma edad de aquel día, con el velo y la corona con que se había casado, la diadema de esmeraldas y los anillos de boda, como su madre lo había dispuesto con su último suspiro. No sólo la vio como fue en vida, con su misma tristeza inconsolable, sino que se sintió vista por ella desde la muerte, querida y llorada por ella, hasta que el cuerpo se desbarató en su propio polvo final, y sólo quedó la osamenta carcomida que los sepultureros limpiaron con una escoba y guardaron sin misericordia en un talego de muerto.

 

Al comienzo de ese mosaico de maravillas que es Cien años de soledad, hay una imagen poderosa que estremece y nos apresuramos a olvidar, porque tenerla muy presente resulta intolerable. Una niña pequeña llega a casa de los Buendía cargando los huesos de sus padres en una bolsa de lona. Es Rebeca, quien también trae consigo la peste del olvido. De esa novela, la mayoría de los lectores preferimos recordar las leves y coloridas mariposas amarillas de Mauricio Babilonia o los pececitos de oro del senil coronel Aureliano Buendía. Al final del camino, García Márquez quiso regresar a la imagen de esa bolsa de huesos que todos arrastramos. Ana Magdalena Bach, la protagonista de En agosto nos vemos, junta pañales y mortaja al reencontrarse con el cadáver de su madre muerta. Esa fue la imagen elegida por García Márquez, la resonante cola con que quiso dar por terminada su carrera de escritor.

 

Las relaciones de García Márquez con su madre fueron entrañables. Luisa Santiaga Márquez no sólo fue mediadora con su padre, a quien le costó aceptar que su hijo abandonara la carrera de abogado para hacerse escritor (“Comerás papel”, había sentenciado Gabriel Eligio García). Antes de sucumbir al mismo olvido que se apoderaría de su hijo, Luisa Santiaga fue una de las lectoras más atenta de sus escritos, así sólo fuera para indignarse por su manera de representar parientes y conocidos. El escritor sentía que de ella había heredado la actitud visionaria que le ayudó a navegar y hallar el rumbo en su vida y en su obra. Luisa Santiaga fue incluso la guardiana de sus recuerdos y su alma. Una de las joyas más preciosas que guarda el archivo de García Márquez en Texas es una carta que su madre escribió a García Márquez el 7 de marzo de 1983:

 

Gabito: Hoy esperaba tu llamada más que nunca. Por ser el día de tu cumpleaños (domingo), como el día en que naciste a las 9 de la mañana. Me figuro que no lograste la comunicación o que no estabas en Méjico. Bueno esta te lleva mi abrazo de felicitación, que Dios te dé muchos años de vida, así tendrás la dicha de ver a tus hijos como yo a los míos que ya tengo hasta visnietos(sic). Te cuento que leí la columna de ayer, me gustó tanto que sin mentirte me siento tan feliz y orgullosa, más que con el premio Nobel que recibiste. Recuerdo un día hace muchos años hablando contigo me quejaba de que tú no eras lo católico que yo deseaba que fueras. Entonces me dijiste, en la otra vida te darás cuenta al verme en el puesto o el lugar en que me quiso Dios. Ya verás. El tiempo se encargó de persuadirme sobre esto. Sigo paso a paso tus acciones y confío en que si así sigues no hay duda que la virtud de la caridad Dios la premia.

 

El asunto que alegraba a Luisa Santiaga más que el premio Nobel fue la audiencia privada con el Papa, que García Márquez evocó con motivo de la visita de Juan Pablo II a Centroamérica. Quizás en ninguna otra parte de su obra, como en los tres párrafos de aquella columna de marzo de 1983, aparece tantas veces la palabra Dios.

 

García Márquez quiso que su última novela fuera un diálogo secreto con su madre. Eligió una mujer para hacerlo porque quería celebrar todo lo de ella que había en él. Quiso también expresar su aceptación tranquila de la muerte y su disposición a dar el salto hacia el más allá.

 

Dos horas después, Ana Magdalena le dio una última mirada de compasión a su propio pasado, y un adiós para siempre a sus desconocidos de una noche y a las tantas horas de incertidumbre que quedaban de ella misma dispersas en la isla. El mar era un remanso de oro bajo el sol de la tarde. A las seis, cuando el marido la vio entrar a la casa arrastrando sin misterios el saco de huesos, no pudo resistir su sorpresa.

 

“Es lo que queda de mi madre”, le dijo ella y se anticipó a su espanto. “No te asustes, ella lo entiende. Más aun, creo que es la única que ya lo había entendido desde que decidió que la enterraran en la isla”.

 

El mayor de los 16 hijos del telegrafista de Aracataca y de su mujer devota y clarividente pasó su vida reflexionando sobre la soledad y encontró que la solución y la respuesta a ese enigma se encontraba en el amor. Buscando y pidiendo amor llegó a convertirse en el escritor más célebre de su tiempo. La ironía de su historia es que a sus últimas palabras les ha sido negado el amor y, por ahora, permanecen condenadas a un destino de silencio y soledad.

 

 

***   

 

CLARIN

Buenos Aires - Argentina

4 de Julio de 2022


El revés y el derecho

 

El nuevo libro de Gabo es una exposición

Ahora, esos y otros recuerdos de García Márquez están bien colgados

en el Museo de Arte Moderno de México.

 Entrevista a Álvaro Santana-Acuña

                                                                                                                            Ilustración: Fidel Sclavo

 

Por Juan Cruz

Cuando el mundo se desplazó a Cartagena de Indias, en 2007, para ver cómo Bill Clinton, el presidente de los Estados Unidos, abrazaba a su amigo Gabriel García Márquez, se morían de pena en Aracataca, en la casa de paredes tristes donde nació el Nobel, algunos afiches que simulaban ser parte de un museo inacabado en honor del hombre que inventó Cien años de soledad, ahora quizá el libro más famoso del mundo.

Aquel museíllo estaba guardado por una chica de aspecto de alfiler con punta negra que se obligaba a sí misma a cuidar de que estuvieran en su sitio las chinchetas. Cerca de ese lugar que era mítico y descuidado estaba la sombra de la cuna en la que vivió sus primeros meses el hijo más ilustre de ese sitio, de Colombia y quizá del mundo, pues la novela en la que inmortalizó esa localidad remota había ya dado la vuelta a la tierra en traducciones que jamás en su vida iba a descifrar, ni de lejos, su renombrado autor.

En aquella ceremonia de entronización de Gabo, en Cartagena, estaban todos los académicos de la Real Academia Española, con sitio o asociados, y ya empezaba a flaquear la memoria del más memorioso autor del siglo XX, de modo que era posible que él supiera que aquel era Clinton, al que una vez, en compañía de Carlos Fuentes y de William Styron, le fue a entregar un mensaje personal de Fidel Castro, su anfitrión y su amigo cubano.

En aquella atmósfera que fue el preludio de la naturaleza de la enfermedad que acabó con sus recuerdos fue cuando decidí ir a Aracataca para ver, entre otras cosas, el contraste entre aquellos fastos y la resuelta pobreza en la que andaban los recuerdos más lejanos, y reales, del hombre que le dio cuerpo y alma a aquella obra maestra que es El coronel no tiene quien le escriba.

Ahí me encontré sucesivamente con dos amigos de su infancia, Nelson Noches, que fue alcalde de Aracataca, y su hermana Soledad Noches, que vagaba sin rumbo sobre la tierra que era ya la casa natal de Gabo. Ella miraba a lo lejos, como si fuera parte de los grandes árboles, y él se balanceaba en una silla como las de Kennedy. ¿Desde cuándo no ve a su amigo Gabo? Miró hacia adelante, como su hermana, y me dijo: “Anoche estuvo aquí, jugando al ajedrez”.

El lugar estaba rodeado de los símbolos que Gabo convirtió en literatura (los grandes árboles, las piedras milenarias, la fábrica del hielo), pero los afiches que guardaba aquella chica estaban pegados a la pared pobre como con alfileres. Ahora quizá esos y otros recuerdos que conforman la vida general del colombiano, latinoamericano o, en general hispano, de fama más duradera de los últimos siglos, están colgados, bien colgados, en el Museo de Arte Moderno de México (hasta el 2 de octubre de 2022), cerca de donde Gabo escribió Cien años de soledad.

La impresionante muestra ha sido preparada por el profesor de Harvard Álvaro Santana-Acuña, autor de una impresionante suma (Ascent to Glory), editada por la misma universidad en la que trabaja, y que constituye quizá la suma más acabada sobre cómo se escribió, de la primera a la última letra, la obra que disputa la fama del Quijote.

Sobre esta impresionante muestra hablé por mail con Santana-Acuña, que además es paisano mío, de Tenerife, en las islas Canarias.

-¿Qué has tenido más en cuenta a la hora de montar esta exposición?

-El objetivo de esta exposición es mostrar cómo García Márquez, nacido en un remoto pueblo del Caribe colombiano, se convirtió en un escritor global. Hoy, es el novelista más leído y traducido en español en el mundo. La exposición es la primera vez que se muestra su archivo en América Latina y además en el país donde escribió varias de sus obras más importantes como Cien años de soledad. En México, García Márquez, sin olvidarse de Colombia, echó raíces familiares y de amistad.

-¿Cómo ha sido la labor de rastreo de todo lo que hay en la muestra?

-En 2017, fui becario-investigador del Harry Ransom Center, donde se conserva el archivo de Gabo, para hacer la investigación para mi libro Ascent to Glory. Estuve trabajando en su archivo durante un mes a tiempo completo. Consulté los manuscritos de sus obras, las cartas personales, las fotos, los álbumes de recorte, leí las novelas que no se han publicado… Meses después, el Ransom Center me preguntó si quería ser el comisario de una exposición basada en el archivo de García Márquez. Acepté porque además era una oportunidad increíble de trabajar con los archivos de otros escritores que influyeron a García Márquez. El resultado es que en la exposición se muestran por primera vez en América Latina manuscritos de grandes obras como “Mientras agonizo” de William Faulkner, “Kew Gardens” de Virginia Woolf... manuscritos de obras que nunca se escribieron como “Los Rivero”, la que pudo ser la primera novela de Jorge Luis Borges. También hay una selección de obras de Joyce, Kafka y Hemingway. Para mí fue un verdadero regalo y honor seleccionar estos materiales y poderlos mostrar al público, junto con los objetos del archivo de García Márquez. De ahí la oportunidad irrepetible que supone visitar esta exposición.

-¿Qué te sigue pareciendo lo más extraordinario de su obra?

-Lo que me sigue pareciendo más extraordinario de García Márquez es la capacidad de sus libros de llegar a todo tipo de lectores y públicos. Esto lo pude comprobar de nuevo el día de la inauguración. Se presentaron a verla embajadores, políticos, lectores anónimos, lectores curiosos, fans, personas que jamás han leído a García Márquez... gentes de todas las edades, grupos sociales, colores de piel, culturas, idiomas y países. Algunas de ellas me contaron su fascinación por este o aquel libro de García Márquez. Lo variado del público el día de la inauguración fue una prueba de que García Márquez es un escritor global.

-¿Y de su personalidad?

-De su personalidad me sigue llamando la atención su determinación. García Márquez hizo frente a numerosas dificultades personales, familiares, profesionales y económicas para poder convertirse en un escritor y publicar Cien años de soledad. Años más tarde, cuando cualquier cosa que escribiera tenía el éxito asegurado, García Márquez siguió siendo un autor dedicado obsesivamente a escribir una prosa que llegase al mayor número de lectores. Por ejemplo, sobre un muro, mostramos 18 de las versiones que se conservan de su última novela, Memoria de mis putas tristes, que escribía alrededor de 2003, cuando era una leyenda viva de la literatura. Sin embargo, como hizo en otras obras, García Márquez trabajó obsesivamente para escribir la mejor obra posible. Para mí, el llamado “genio” es en realidad un escritor profesional que trabajaba sin descanso para escribir una prosa perfecta con la que hipnotizar a los lectores.

-Tu libro está siendo traducido por ti mismo al español. ¿Habrá descubrimientos nuevos en esta versión?

-Mi libro Ascent to Glory es una biografía de Cien años de soledad, basada en muchos documentos nuevos y desconocidos. Para escribirla tardé 11 años y visité 8 países en 3 continentes. El libro lo publicó la Universidad de Columbia en 2020 y se ha traducido al árabe y quizás pronto al chino. Ahora mismo, estoy escribiendo una versión del libro en español, porque quiero ofrecer a los lectores una historia con aún más detalles novedosos y sorprendentes sobre la creación de esta gran obra literaria. De lo más importante de esta exposición es que por primera vez se reconstruye el “proceso creativo” de las obras de García Márquez. Es decir, se logra enseñar con un detalle nunca visto cómo escribía sus libros. Desde los manuscritos de las versiones iniciales, como los originales de Vivir para contarla llenos de faltas de ortografía y huecos en blanco con las ideas y palabras pendientes de completar, hasta las revisiones obsesivas de las pruebas de imprenta, como en El otoño del patriarca. E incluso, a veces, cuando el libro ya está publicado Gabo hizo cambios y los metía silenciosamente en la segunda edición, como ocurrió con El amor en los tiempos del cólera.

 

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2 de julio de 2022

MEMORABILIA GGM 926

El Capitalino

CDMX

19 de junio de 2022

 

Noticia

 

Gabo en el MAM

En la exposición Gabriel García Márquez: La creación de un escritor global, 

en el Museo de Arte Moderno se exhiben más de 280 piezas del Premio Nobel

 

por Redacción

 

La exposición itinerante del Harry Ramson Center

de la Universidad de Texas

se inauguró en días pasados en Ciudad de México.

 No se había realizado como estaba previsto

por causa de la pandemia (N. del E.)


El Museo de Arte Moderno (MAM), presenta la exposición Gabriel García Márquez: La creación de un escritor global, la cual recorre la vida del creador colombiano desde una mirada exhaustiva a su archivo personal y señala momentos decisivos que lo convirtieron en el primer autor de lengua española más traducido del mundo.

La muestra, que estará abierta al público hasta el 2 de octubre, fue exhibida por primera vez en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, institución depositaria del archivo personal de García Márquez desde 2014. La curaduría es del investigador, escritor y académico Álvaro Santana-Acuña.

Tras agradecer a la familia García Barcha, a nombre de la secretaria de cultura, Alejandra Frausto, el director del Complejo Cultural Los Pinos, Homero Fernández, señaló: “Estamos en el Museo del Arte Moderno, en medio del bosque cultural más grande del mundo: Chapultepec. Este recinto de la Secretaría de Cultura recibe fotografías, cartas, manuscritos propios y ajenos, de Borges, Faulkner, Cortázar, así como documentos, muchos de ellos hechos públicos por primera vez, que nos presentan al hombre que conoció México primero por su literatura, leyendo a Rulfo, y que nunca se imaginó que terminaría haciéndolo su hogar por poco más de cinco décadas.

La titular de Cultura comentó que “es ver a Gabo a través de esas piezas, es sentirlo, escucharlo desde sus fotografías de niño, los libros que leyó, los que lo inspiraron, las columnas creadas por su joven pluma firmadas como Septimus,manuscritos y guiones tachados y subrayados y tanto más”.

Al rememorar el paso de Gabo por México, agradeció a la Harry Ransom Center y a la voluntad de tantos involucrados por esta exposición y aventura, y señaló que gracias a una renovación profunda del MAM con el proyecto Chapultepec, Naturaleza y Cultura, tanto mexicanos, como colombianos y quienes deseen hacerse de nuevos recuerdos del Gabo podrán apreciar esta exposición. 

Con esta muestra se tiene la oportunidad de recorrer la vida y obra del gran autor global en profundidad, a través de los manuscritos de sus principales libros, cartas íntimas, objetos personales y docenas de fotografías, que son pertenecientes al archivo personal de Gabriel García Márquez, que forman parte de la colección del Harry Ransom Center.


Por su parte, el director de la Universidad de Texas, Steve Enniss, comentó que Gabriel García Márquez con su obra se convirtió en un escritor global, “el mundo entero se interesó en sus escritos”.  Mencionó que actualmente quien quiera puede entrar gratis a parte de este archivo desde su computadora en casa, como lo han hecho más de 800 mil personas. “El archivo está vivo y funcionando, y aquí veremos parte de él en esta exhibición”.

La directora del MAM, Natalia Pollak, mencionó que los vínculos de Gabriel García Márquez con México van más allá de que haya hecho del país su lugar de residencia o haya sido aquí en donde escribiera Cien años de soledad. Gabo con su escritura, sus colaboraciones con artistas e intelectuales y, ante todo con sus afectos, definió momentos clave de la historia del arte y de la cultura. México no se explica sin Gabo y Gabo no se explica sin México.


Gabriel García Márquez: La creación de un escritor global está integrada por más de 280 piezas, entre las que se encuentran manuscritos originales de sus principales obras, así como libros, cartas, filmes, guiones, fotografías, objetos personales y documentos. Está organizada en siete núcleos temáticos mediante los cuales se exploran momentos fundamentales de su vida y trayectoria: Orígenes, Hacía el mundo, El “boom” en México, Escribir la soledad, La carpintería de Gabo, Un escritor comprometido y El escritor global.

La exposición enfatiza la importancia que para el autor tuvo México, donde desarrolló algunas de sus facetas más significativas, entre las que sobresalen la creación de la que es considerada su más grande obra: Cien años de soledad, el hecho de haber formado parte del llamado “boom” latinoamericano, su carrera como guionista de importantes películas al lado de directores como Arturo Ripstein y Gustavo Alatriste, y su colaboración con artistas visuales y personajes de la cultura en nuestro país.

El Museo de Arte Moderno está en Paseo de la Reforma y Gandhi s/n, Primera sección del Bosque de Chapultepec, abierto de martes a domingo de 10:15 a 17:30 horas.

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  GGM. La Razón. Foto: Cuartoscuro


 Declaración de GGM. Foto: Cuartoscuro


 La hojarasca y su contrato de publicación con Samuel Lisman Baum-
Los testigos del contrato son Alfonso cano de El Espectador y el escritor Alvaro Mutis

Alvaro Santana-Acuña

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PUBLICO

Barcelona – España

23 de junio de 2022

 

Publico

 

De la Plaça Sant Vicenç al restaurante

'El Vell de Sarrià', un paseo sensorial

por la Barcelona de Gabriel García Márquez

El festival de literatura latinoamericana KMAmèrica cierra su primera edición evocando el barrio de Sarrià donde el escritor colombiano residió entre 1967 y 1975.

     

Un momento de la ruta 'El rastro de Gabo por Barcelona'. — Jordi de Miguel


Por Jordi de Miguel

@JORDIDEMIGUEL

"A ver: ¿por qué creéis que Gabriel García Márquez vino a vivir a Barcelona?". Ésta es más o menos fácil. Primera parada. Domingo. 12:13h. Estamos en la pequeña Plaça Sant Vicenç de Sarrià. Hemos llegado desde la Casa Orlandai, punto de encuentro de la ruta El rastro de Gabo por Barcelona, ​​que han organizado Casa América Catalunya y Biblioteques de Barcelona en el marco del nuevo festival de literatura latinoamericana KMAmèrica y de la inauguración de la nueva biblioteca pública de Sant Martí que lleva el nombre del premio Nobel colombiano.

La historiadora Alma Reza responde a la pregunta: "Él valoraba mucho el carácter reservado y tranquilo de su gente: consideraba que Barcelona era una buena ciudad para vivir y escribir. Además, aquí se encontraba su agente literaria, Carmen Balcells, quien revolucionó el mundo editorial e hizo posible que muchos escritores latinoamericanos que se instalaron en Barcelona se dedicaran exclusivamente a escribir". Cristina Osorno, responsable de literatura de Casa Amèrica Catalunya, levanta entonces una foto donde, sonrientes, aparecen García Márquez y Balcells, junto a los chilenos Jorge Edwards y José Donoso y el peruano Mario Vargas Llosa.

Un vecino mayor del barrio lo mira con aparente desinterés desde un banco de la plaza. Era habitual ver al escritor colombiano desayunando en un bar que había en la esquina que hoy ocupa la oficina de correos, explica Reza. "Barcelona, ​​por razones misteriosas, es la mejor ciudad para escribir aparte de ser, para mí gusto, la mejor del mundo", proclamaba él.

El epicentro del 'boom'

En 1967, Gabriel García Márquez y su familia atravesaron en coche el paisaje desértico de los Monegros para instalarse en Barcelona. De forma provisional, en un apartahotel del Putxet; después, en el número 168 de la República Argentina, muy cerca de donde un buen puñado de años antes había vivido un infante Julio Cortázar; y, definitivamente, en los bajos del número 6 de la calle Caponata, en el barrio de Sarrià.

En la acera de enfrente, Reza evoca el mono azul que vestía el colombiano para escribir y la centralidad que en aquella casa tenía el llamado Gabo sound system, el potente aparato de música que tanto fascinaba a otros escritores latinoamericanos, como la brasileña Nélida Piñon. Pronto, la esquina de Caponata y Orsi adquiriría aires propios del realismo mágico. Al canario Armas Marcelo, explica Xavi Ayén en Aquellos maravillosos años del boom, Mario Vargas Llosa le hizo creer que solo con unas palmaditas en la pared de su casa podía convocar a su entonces amigo García Márquez, pero lo cierto es que el peruano se instaló en 1970 unos metros más allá, en el número 50 de la calle Orsi.

Desde allí, la comitiva toma el asfalto de Monterols para detenerse de nuevo en la calle Major, entre el Bar Tomás y la librería A peu de pàgina. Reza y Osorno hablan de la relación entre ese grupo de escritores latinoamericanos y la Gauche Divine, destacando el carácter menos festivo de los primeros, centrados sobre todo en la escritura. García Márquez escribiría en Barcelona un puñado de sus Doce cuentos peregrinos y El otoño del patriarca. La incógnita sobre la recepción que esta novela podía tener entre el franquismo tambaleante acabaría por decidir a los gabos a dejar Barcelona en 1975.

De esto y de la ambientación barcelonesa de algunos de sus cuentos habla Reza cuando la melodía de un vallenato caribeño atrae la atención de los guiados. Hace solo un rato que han hecho un breve paro en la pastelería Foix. Ahora, con la dulzura en los labios, escuchan la música en las palabras del actor colombiano William Arunategui, quien, luciendo el mítico mono azul, lee una columna escrita por el joven García Márquez a finales de los años 40: "Pensar que alguna vez conoceremos los puertos del olvido, al igual que antes, cuando aún no habían venido estos cuerpos a habitar nuestra tristeza [...] Que un domingo como éste sonarán las campanas con bronce estremecido y los niños preguntarán asombrados quien ha muerto en domingo". Definitivamente, la ruta se adentra en el terreno de la evocación sensorial.

Una fiesta de los sentidos

Pasadas las 13 horas, llegamos a la Plaça del Consell de la Vila. Pregunta: "¿Cuál es la única palabra en catalán que aparece en Cien años de soledad?". "¡Collons!", dice alguien con seguridad. Bingo. Hace solo un rato que Reza ha rememorado la historia de la edición catalana de la novela, traducida por Avel·lí Artís-Gener. Ahora estamos delante del antiguo El Vell de Sarrià, restaurante que García Márquez y sus amistades frecuentaron durante su estancia barcelonesa. Mentalmente, porque el hambre comienza a apretar, degustamos la butifarra con secas que tanto le gustaba al colombiano, y la majestuosa merluza que le preparaba Balcells cuando lo recibía en casa.

Unos metros más allá, en una plaza de Sarrià sin mesas libres, Reza y Osorno recuerdan la amistad del joven García Márquez con su maestro catalán Ramon Vinyes, exiliado en Colombia. En la anexa plazoleta del Roser, Arunategui hace lo mismo recitando el pasaje que inmortalizó al sabio catalán en la obra del colombiano: "Trataba a los clásicos con una familiaridad casera, como si todos hubieran sido en alguna época sus compañeros de cuarto, y sabía muchas cosas que simplemente no se debían saber [...]. Su fervor por la palabra escrita era una urdimbre de respeto solemne e irreverencia comadrera".

Falta solo una parada. Ante el Mercat de Sarrià, hoy cerrado, vuelven las preguntas y la fiesta de los sentidos. ¿Qué alimento no soportaba el personaje de Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera? ¿Qué aromas tienen mayor presencia en la vida y obra de García Márquez? ¿Qué es lo que descuartizaba a Pablo Neruda con la precisión de un cirujano antes de tragarlo, según uno de sus cuentos? Quien acierta tiene premio, si es que a estas alturas de la ruta, se necesitan más premios.


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EL TIEMPO

Bogotá – Colombia

23 de junio de 2022

 

CULTURA

 

Usted puede ser protagonista de

'Cien años de soledad' en Netflix

 

Gabo, durante la publicación de la edición conmemorativa de 'Cien años de soledad' FOTO: Archivo EL TIEMPO

 

Por Sala de redacción

 

Hay una página web para quienes quieran audicionar y ser parte del proyecto. Tenemos los detalles.

 

Netflix inicia desde este jueves las audiciones para uno de sus proyectos más ambiciosos: la adaptación de la novela de Gabriel García Márquez -Cien años de soledad- como serie de televisión.

 

La plataforma de streaming, bajo el liderazgo de la productora Dynamo (que ya ha trabajado en otros proyectos con la compañía como Narcos, El robo del siglo o Historia de un crimen: Colmenares) buscará a los protagonistas de la nueva serie, que gravita alrededor de siete generaciones de la familia Buendía, con un casting abierto y en el que cualquier persona puede participar.

 

 “Yo creo que si existe una novela que refleje algo único y que nos une de alguna manera y es representativa de lo altamente arraigado es Cien años de soledad, y precisamente esos detalles la hacen también tan universal. Hay un retrato de la historia colombiana, que es un retrato de Latinoamérica y de todo el mundo. Fue una satisfacción que Rodrigo y Gonzalo García Barcha (hijos de Gabriel García Márquez) aceptarán cedernos los derechos y nos estamos tomando nuestro tiempo y mucho esfuerzo porque queremos acertar con todo, con los guiones, el trabajo de producción, dirección y con el trabajo de casting para construir este universo de todos los personajes”, contextualiza Francisco Ramos Vicepresidente de Contenido para América Latina en Netflix, en una conversación exclusiva con EL TIEMPO acerca de esta convocatoria.

 

Los interesados en audicionar para la gran producción, tienen que acceder a la página web: http://www.casting100añosdesoledad.com.

 

Luego seguir las instrucciones y pasos que se encuentran ahí. Hay que decir que la web estará funcionando durante solo un mes para recibir a los candidatos, que pueden ser actores con experiencia o no profesionales.

 

Este proceso se suma a las visitas a escuelas de música y danza en municipios como Lorica, Pelayito, Cereté y Chorrillo, además de ciudades principales como Montería, Santa Marta, Bogotá y Medellín, entre otras, en la búsqueda de artistas para los personajes. La difusión de las fechas y lugares específicos se hará a través de las alcaldías municipales, redes sociales, perifoneos y medios de comunicación locales.

 

“Este casting es bien importante porque se van a consolidar algunos trabajos inspiradores como el diseño de producción y la construcción de Macondo (el pueblo ficticio donde se desarrolla la historia de cien años de soledad), ya que estamos construyendo un universo que tiene que entretejerse (…) Queremos buscar todo tipo de actores. El equipo de casting y la productora hicieron un análisis concienzudo -asesorado por expertos en la obra- de cómo debería de ser la representación adecuada étnica o racial de los personajes que fundan Macondo y los que irán apareciendo conforme el pueblo va creciendo”, explica Francisco Ramos.

 

“La idea era también que al desarrollar una obra audiovisual que adapta la novela más importante de la literatura colombiana y latinoamericana, se hiciera dentro de un proceso abierto, en el que el país nos acompañe en todos los aspectos de la puesta en marcha de este proyecto, claro, un proceso profesional en el que nuestro Arcadio Buendía podría terminar siendo una persona que nunca haya hecho un papel en una serie, pero si es la persona adecuada estará dentro de nuestra Cien años de soledad”, agrega.

 

Fue una satisfacción que Rodrigo y Gonzalo García Barcha (hijos de Gabo) aceptarán cedernos los derechos y nos estamos tomando nuestro tiempo y mucho esfuerzo porque queremos acertar con todo.

 

El trabajo de selección contará con un equipo muy amplio y como lo revela el director de contenido de Netflix: “Será un proceso largo, que comienza desde ya. Sumado a otras etapas como la selección de locaciones y demás que, si en una serie o película son complejos, imagina lo que implica en una producción alrededor de Cien años de soledad”.

Esta es la primera etapa de una búsqueda importante dentro de la historia, que será complementada con el desarrollo de talleres y dinámicas de sensibilización entre quienes se vayan seleccionando. El objetivo es edificar armonía, los núcleos y la familiaridad tanto frente como fuera de las cámaras.

 

La adaptación de Cien años de soledad avizora que será un proceso intenso, detallado y muy retador dentro del espectro de producción de Netflix. “Vamos a hacer una serie totalmente en español, salvo algunos momentos de la obra como cuando Melquiades habla en sánscrito, pero un compromiso de verosimilitud, tal como está escrito en la novela”, recalca Francisco Ramos, quien además recordó la importancia de la participación de Rodrigo García en este proyecto.

 

“Rodrigo es cineasta y está muy ilusionado con todo el trabajo de diseño de producción, participa más como realizador, y Gonzalo como artista plástico, da sus puntos de vista, que a nosotros nos viene muy bien. Hay una muy buena relación”, finaliza Ramos, acerca de este primer encuentro, con quienes en un futuro (que se siente cada vez más cercano) van a darle una nueva vida a la historia creada por Gabo y una nueva mirada a su universo literario en Cien años de soledad.

 

Como acceder a la convocatoria de Netflix

 

1. Entrar en: http://www.casting100añosdesoledad.com y dar clic en “Postularme aquí”.

 

2. Registrarse ingresando un correo electrónico y una contraseña.

 

3. Dar clic en el link de verificación de identidad que llegará al correo electrónico.

 

4. Diligenciar y completar los 4 pasos:

 

-Paso 1: Lectura y aceptación de términos de participación en el casting.

-Paso 2: Aceptación de aviso de privacidad.

-Paso 3: Diligenciar datos personales.

-Paso 4: Adjuntar una fotografía siguiendo las instrucciones escritas.

-Paso 5: Adjuntar un video siguiendo las instrucciones escritas.

 

5. Dar clic en Finalizar.



 

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