9 de abril de 2018

MEMORABILIA GGM 886

EL DIA
La Plata – Argentina
18 de marzo de 2018

Opinión

Cuando el periodismo y la
literatura juntan sus aguas
Los casos arquetípicos de Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez.
El día en que hubo luto en la Tierra y en Macondo

Por Marcelo Ortale
marhila2003@yahoo.com.ar

 “Si tienes miedo al fracaso, no has nacido para escribir” dice Alessandro Baricco (1958-) novelista y periodista italiano, una de las figuras más representativas de la actual literatura de ese país. Además, fundó en Turín, en 1994, la Escuela Holden, una institución privada famosa en Europa y el mundo entero, destinada básicamente a la formación de narradores. Alguien definió a esa escuela, que tiene unos trescientos alumnos, como “un gimnasio para desarrollar la musculatura de la novela”

Baricco simboliza la fusión existente entre el periodismo y literatura. Una fusión discutida, polémica, en la que muchos grandes escritores se criaron y enriquecieron nutridos por el sentido democrático de la realidad, por el estilo sustantivo y carente de prejuicios que ofrece y exige el ejercicio periodístico.

Para muchos expertos, la escuela de Baricco es una extension generosa de su talento, de su estilo inimitable inspirado en lecturas de Dino Buzzatti, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, J. D. Salinger, de Borges, de Antonio Tabucchi y de aquel otro escritor-periodista que es Gabriel García Márquez, entre otros modelos mencionados por los críticos.

Una escuela taller que le reporta al escritor mucho cansancio y además mucho riesgo ya que “prácticamente todos mis ahorros me los he jugado ahí”. Pero Baricco se define de cuerpo entero cuando dice que “para mí la única cosa importante es escribir bien, escribir algo bello”.

También dramaturgo y músico, Baricco se ha convertido en un referente literario universal, sobre todo a partir de la novela “Seda” publicada en 1996, traducida a casi veinte idiomas y con 40 ediciones sólo en España.

Muchos críticos aluden a una suerte de fascinación hipnótica de la prosa de Baricco sobre los lectores. Si escribe sobre una tormenta en el mar, los lectores sienten la sensación propia del mareo y así con lo demás. “A las palabras hay que acariciarlas”, dice.

PERIODISTAS-ESCRITORES

Lo cierto es que han existido fuertes detractores de la fusión literatura-periodismo, por considerarlas como actividades o profesiones incompatibles. Uno de los más agrios fue George Bernard Shaw, autor de un brulote que no deja de ser recordado: “Periodismo: un montón de letras emborronadas por un irresponsable en el reverso de un aviso publicitario”.

Existieron otros pensadores célebres que descargaron su artillería contra el periodismo, como Juan Jacobo Rousseau, cuando dijo: “¿qué es un periódico? Una obra efímera, sin mérito y sin utilidad”. Sin embargo, como se sabe, la mayoría de los grandes escritores contemporáneos quisieron moldearse en la bulliciosa matriz de las redacciones.

En nuestro país la raza híbrida creció desde el primer mayo independiente y llega hasta hoy, en oleadas de grandes periodistas-escritores.

Allí, desde Mariano Moreno y Francisco de Paula Castañeda, hasta los centauros de la generación del 37 y los proscriptos, con Alberdi, Sarmiento y Mitre como trilogía sobresaliente, con José Hernández –uno de los más nítidos ejemplos de fusión literaria y periodística– y en adelante con hombres de la talla de Roberto Arlt, Alberto Gerchunoff, Fray Mocho, Enrique Banchs, Leopoldo Lugones, Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez, Adolfo Bioy Casares, Beatriz Sarlo, Abelardo Castillo, Haroldo Conti, Juan Gelman, Antonio Dal Masetto, Osvaldo Fontanarrosa y Antonio Di Benedetto entre tantos otros que al mismo tiempo desafiaron el ruido de las redacciones y el silencio de sus escritorios.

DOS LATINOAMERICANOS

En las últimas décadas América latina ofreció dos ejemplos clásicos de escritores-periodistas. Uno de ellos, el colombiano Gabriel García Márquez, fundador de la ciudad literaria más concurrida del mundo –Macondo–, que ejerció como periodista muchos años, publicando en diarios sus primeros cuentos.

Entre estos últimos, nadie olvida su narración Relato de un náufrago, que –entre otras cualidades virtuosas– constituye una certera combinación de estilo periodístico y literario. El libro se integra con catorce crónicas sobre el naufragio de un buque militar que regresaba de los Estados Unidos.

El otro, Mario Vargas Llosa, peruano y premio Nobel de Literatura como el colombiano, se inició también como periodista y como tal se ganó la vida, hasta que sus primeros cuentos y novelas lo fueron consagrando como escritor de relieves universales.

Vargas Llosa ha explicado muchas veces la influencia que el periodismo ha ejercido y sigue ejerciendo sobre su literatura, señalando que ese oficio le enseñó también a conocer a todo tipo de personas, a investigar y a exponerse a la intemperie de la realidad.

Está claro que la fusión periodista-escritor se ha dado en todas las culturas y en todos los tiempos. De modo que sobran ejemplos demostrativos de que, basadas en hechos reales y en técnicas de captación muy concretas, existen crónicas y narraciones que, además, se vieron enriquecidas por las visiones oníricas y estilos extremadamente personales y hasta surrealistas de los autores.

Aquí las antologías recogen nombres imperecederos como los de John Milton que en 1664 compendia, en El paraíso perdido valores literarios y periodísticos. La infinita guía puede componerse con los nombres de literatos que en el siglo XVII –el de la aparición de los diarios- no trepidaron en escribir para periódicos, entre ellos Henry Fielding, Oliver Goldsmitth, Daniel Defoe, Jonathan Swift. Tambien aparecerán Dickens, Balzac, Dostoievsky, Alejandro Dumas, Edgar Allan Poe (director del Grahams Magazine), Mark Twain, Saint Exupery, los españoles Baroja, Azorin y Unamuno, Graham Grenne, Orwell, Hemingway, Octavio Paz, Pérez Reverte y tantos otros.

“Escribir algo bello”

Si lo mejor de la vida es “escribir algo bello”, como dice Baricco, acá van algunos párrafos de la nota necrológica que el italiano le dedicó a García Márquez cuando el escritor colombiano falleció en abril de 2014. El artículo titulado “Todo lo que yo le debo”, lleva una volanta: “Luto en la Tierra y en Macondo”.

Dice así: “Todos morimos, pero algunos mueren más. Tardé poco en entender, el jueves por la noche, que la desaparición de García Márquez no sólo era una noticia, sino un pequeño desliz del alma que muchos no olvidarán. Lo entendí por los mensajes que llegaban, por sus frases que empezaban a llover y rebotar por todos lados. Y eso que era bastante tarde, por la noche, en esas horas en las que empieza a no caber nada más en tu día, y si se atasca el grifo lo dejas pasar y lo aplazas a mañana. Sin embargo muchos nos paramos, un instante, y nos saltamos un latido del corazón”.

Dice más adelante: “Gabo se ha deslizado a la sombra despacio, con cierta timidez, y, en el fondo, de la manera más gentil. Casi absurdo para uno que había escrito la eterna e hiperbólica muerte de la Mamá Grande. Es como si Proust hubiese muerto practicando esquí náutico. Pero, bueno, el tiempo para un adiós indoloro él nos lo dio”.

¿Cuál es la deuda de un escritor italiano con el colombiano? “Yo a García Márquez, le debo un montón de cosas –sigue la crónica–. Para empezar, los veinte segundos en los que leí por primera vez las últimas líneas de El amor en los tiempos del cólera: tenía alrededor de treinta años y creo que allí dejé, justo en ese instante y para siempre, de tener dudas sobre la vida. Le debo a una frase suya, que un editor seguramente habría cortado, la certeza de que si Dios creó el mundo, los hombres luego crearon los adjetivos y los adverbios, transformando una hazaña al fin y al cabo aburridita en una maravilla (no, la frase la guardo para mí). Aprendí de él que escribir es una cuestión de generosidad, un gesto sin vergüenza, una acción imprudente y un reflejo desproporcionado: si no es así, lo que estás haciendo, como mucho, es literatura.

Colombia, donde te parás a charlar diez minutos con un camarero y ya estás en Macondo”

“Descubrí, leyéndole, que los sentimientos pueden ser repentinos, las pasiones devastadoras, las mujeres infinitas; que los olores no son enemigos, las ilusiones no son errores, y el tiempo, si existe, no es lineal: son todas cosas que no me habían dado como dotación cuando me enviaron a vivir”.

En su despedida a García Márquez, el periodista-escritor italiano describe a a Colombia: “Te paras a charlar diez minutos con un camarero y ya estás en Macondo. Es que somos pobres y habitamos una tierra complicada, me explicó una vez un poeta de allí”. Y esto dice el europeo de Macondo, allá en la selva caribeña dónde sólo están “los cuerpos, los colores, la naturaleza voraz, los olores, el calor, la indolencia febril, la belleza exagerada, las noches, las soledades, cada piel, cualquier palabra”.

Hipnotizado, Baricco dice que “no conseguiré olvidarle porque no he leído una sola página suya sin bailar...Yo no sé bailar, pero él sí, y no había manera de hacerle parar”.

¿Quién escribió este adiós a García Márquez? ¿Un periodista, un escritor?

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EL TIEMPO
Bogotá – Colombia
23 de marzo de 2018


Opinión

El erotismo en ‘Cien años de soledad’ I
Nunca García Márquez cae en la rutina de lo previsible.

Por José Miguel Alzate

Mario Vargas Llosa escribió: “La frontera entre erotismo y pornografía solo se puede definir en términos estéticos. Toda literatura que se refiere al placer sexual y que alcanza un determinado coeficiente estético puede ser llamada literatura erótica. Si se queda por debajo de ese mínimo que da categoría de obra artística a un texto, es pornografía”. Lo anterior quiere decir que para que las escenas eróticas en una novela no caigan en pornografía barata debe haber refinamiento literario al escribir. Y esto es lo que el lector encuentra en ‘Cien años de soledad’. Nunca García Márquez cae en la rutina de lo previsible. Su lenguaje, en este sentido, es apenas sugerente.
Las escenas eróticas están narradas con el cuidado extremo que se requiere para darle al tema dimensión artística.

Si un texto literario aborda el tema del sexo como expresión natural de la condición humana, arropando las escenas eróticas con belleza literaria, dándole dimensión artística, logra transmitirle al lector una imagen bella de la relación sexual. Pero si el escritor no tiene la maestría para manejar el erotismo con arte literario, cae fácilmente en un relato de contenido pornográfico. En el caso de García Márquez hay que anotar que en ningún momento cae en expresiones de mal gusto. Si algo sobresale en las escenas eróticas que recrea en ‘Cien años de soledad’ es la donosura del idioma, que no le permite caer en excesos verbales. Lo que hay en esos relatos es el arte de un narrador que sabe hasta dónde puede avanzar con esas escenas donde la pareja se entrega para disfrutar el cuerpo.

En esta obra se advierte ese cuidado que pone García Márquez para narrar temas que tienen connotación erótica. La primera escena de este tipo es cuando nace José Arcadio. La mamá, Úrsula, se asusta cuando, después del alumbramiento, descubre que el bebé nace con el pene muy grande. Preocupada, le pregunta a la partera sí eso no es peligroso; la mujer le contesta que se quede tranquila porque, cuando sea mayorcito, el muchacho “va a ser muy feliz”. La buena dotación que le dio la naturaleza le servirá para hacer felices a las mujeres. Una vez se hace hombre, se dedica a vivir de ellas. Tanto, que le pagan por hacerles el amor. Cuando se va de Macondo, detrás de una gitana que llegó con el circo, sobrevive gracias al portento de herramienta con que fue dotado.

Cuando José Arcadio vivía en la casa de Macondo, Pilar Ternera se enamoró de él al descubrir el “tremendo animal dormido que tenía entre las piernas”. Se enamora tanto, que lo convierte en su amante. Le permite que todas las noches la visite en su casa. Dejaba el portón ajustado para que él entrara sin problemas después de que se escapaba, caminando en puntillas, de la casa. Cuando regresaba al amanecer, exhausto de las faenas sexuales de toda una noche, lo hacía sigilosamente para no despertar a nadie. Sin embargo, Aureliano, el hermano, se daba cuenta de sus salidas. Pero nunca le decía nada. Hasta que un día no se aguantó y le preguntó que para dónde salía todas las noches. Con la condición de que nunca se lo dijera a Úrsula, José Arcadio le contó la verdad.

La actitud de José Arcadio hacia Pilar Ternera cambia cuando ella le dice. “Ahora sí eres un hombre”. Como él no entendió lo que la amante le decía, ella se lo explicó: “Vas a tener un hijo”. Entonces empezó a escondérsele. Y encuentra la fórmula precisa para huir de ella la tarde en que llegan de nuevo los gitanos con un circo. Con ellos llega una mujer, gitana ella, casi una niña, que lo deslumbra con su belleza. José Arcadio se le acerca por la espalda, y la convence para que hagan el amor en una cama del circo. Es ahí cuando otra gitana que entra con un tipo a hacer el amor en la misma pieza descubre que está muy bien dotado. La mujer le dice: “Muchacho, que Dios te la conserve”. Después de hacer el amor con la gitana joven, decidió irse con el circo y dejar a Pilar Ternera con su hijo.

La pelea que en la novela tienen José Arcadio Buendía y Prudencio Aguilar tiene también connotaciones eróticas. El esposo de Úrsula Iguarán mató a su compadre Prudencio Aguilar atravesándole la garganta con una lanza. Ocurrió porque en una riña de gallos el ejemplar de José Arcadio venció al de Prudencio Aguilar. Fue la tarde de un domingo. Al ver a su animal muerto, Prudencio Aguilar le gritó: “A ver si por fin ese fallo le hace el favor a tu mujer”. José Arcadio Buendía respondió en tono calmado: “Vuelvo enseguida”.

Luego dijo: “Anda a tu casa y ármate, porque te voy a matar”. Diez minutos más tarde regresó José Arcadio a la gallera, armado de una lanza que fue de su abuelo. Prudencio Aguilar lo estaba esperando en la puerta. Pero no tuvo tiempo de defenderse: el viejo lo mató en el primer lanzazo.

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EL HERALDO
Barranquilla – Colombia
23 de marzo de 2018

Opinión 

La boda de 1958

Por Heriberto Fiorillo

Sucedió en Barranquilla. Gabriel García Márquez había sobrevivido y escrito en París su novela El coronel no tiene quien le escriba. Había viajado por Alemania y la Unión Soviética.

Su amigo Plinio Apuleyo Mendoza le contrató como redactor en la revista Momento, de Caracas (Venezuela) y en marzo de ese mismo año Gabito pidió una licencia de varios días para hacer realidad el sueño de su novia, Mercedes Raquel Barcha Pardo, quien lo esperaba con amor y paciencia.

La situación económica del novio había mantenido la fecha de la boda en un suspenso prolongado, apenas parecido al producido por la timidez de sus primeros años, cuando no se atrevía a declarar su amor.

Entonces, y con ganas de ver a Mercedes, Gabito frecuentaba en Barranquilla la farmacia de su padre, don Demetrio, asiduo visitante de La Cueva, y pasaba largas horas hablando con él. 

Gabito está enamorado de ti, le decían sus amigas a Mercedes. Estará enamorado de mi papá, respondía ella. A mí no me da ni las buenas tardes.

Si no te casas tú, me caso yo, dicen que terminó diciendo don Demetrio, con más humor que comprensión sobre el largo romance.

El 20 de marzo de 1958, el escritor llegó a Barranquilla y se hospedó en el desaparecido Hotel Alhambra de la calle 72 con carrera 47. Al echar la maleta sobre el piso de su habitación, sus amigos notaron que estaba vacía.

–La ropa en Caracas es muy cara– dijo entonces Gabito.

Gabriel y Mercedes se casarían al otro día, viernes 21 por la mañana, en la iglesia del Perpetuo Socorro. En EL HERALDO, Alfonso Fuenmayor escribió una crónica íntima de la ceremonia.

“Nunca lo habíamos visto así, adusto, increíblemente inmóvil. Gabito estaba tirado al tres. Vestido oscuro, con el nudo de la corbata impecablemente hecho. Mirándolo, yo recordaba una frase que escribió con respecto de Dámaso Pérez Prado: ‘un hombre serio y bien vestido’.

El hombre estaba esperando y era la suya una espera intensa. Hasta que apareció Mercedes del brazo de don Demetrio Barcha Velilla. Ella llevaba un traje azul eléctrico. Lenta y delgada avanzaba, mientras la marcha nupcial resonaba ese viernes en las naves de la iglesia…”.

“Don Demetrio tampoco parecía el don Demetrio que frecuentaba La Cueva. Allí llegaba con ese automóvil pasado de modelo que después de un rato había que empujarlo, con él en el timón, hasta su farmacia, a unas tres cuadras más arriba. Cuando yo le veía, le decía: Un ataúd para Demetrio”.

Los novios se fueron a Puerto Colombia y al otro día, 22 de marzo, a Caracas. Mercedes se había cortado el cabello y casi se queda en Barranquilla por no tener pasaporte.

Al igual que Gabito, su hermano Luis Enrique, residente en Ciénaga (Magdalena) había llegado dos días antes del matrimonio. “Esa misma noche nos fuimos con Gabito, Germán, Alfonso y Álvaro a La Cueva. Allá bebimos sifón y hablamos en la barra con Eduardo Vilá, como hasta la una de la madrugada…”.

Han pasado ya 60 años.

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EL TIEMPO
Bogotá – Colombia
7 de abril de 2018

Opinión

El erotismo en ‘Cien años de soledad’ (II)
Con maestría, en esta obra García Márquez exalta
la líbido sexual sin caer en la ramplonería.

Por: José Miguel Alzate

El lector se podrá preguntar qué connotación erótica tiene en ‘Cien años de soledad’ el suceso que cuento al final de la columna anterior. La respuesta es sencilla. Resulta que en Macondo se empezó a rumorar que José Arcadio Buendía era impotente. Todo porque, un año después de haberse casado, su mujer no quedaba en embarazo. García Márquez dice que “la intuición popular olfateó que algo irregular estaba ocurriendo”. En el pueblo se regó el cuento de que Úrsula Iguarán continuaba virgen. Pero la verdad era que la esposa se resistía a tener relaciones sexuales con el marido debido al miedo que le infundía su madre en el sentido de que, si lo hacía, era posible que naciera un hijo con cola de cerdo. Un antecedente familiar le hacía pensar así.

Todas las noches, la pareja forcejeaba durante horas, él tratando de quitarle el cinturón de castidad que la mamá le había hecho con lona de velero y ella defendiéndose para que no se lo quitara. Así vivieron ese primer año. La ofensa proferida por Prudencio Aguilar en la gallera cambió las cosas. Esa misma noche se consumó el matrimonio. Al entrar al dormitorio, Úrsula estaba poniéndose el cinturón de castidad. “Blandiendo la lanza frente a ella”, el marido le ordenó: “¡Quítate eso!” La mujer, al darse cuenta de la furia del esposo solamente atinó a decir: “Tú serás el responsable de lo que pase”. Entonces, clavando la lanza en la tierra, el marido herido en su orgullo de hombre dijo: “Si has de parir iguanas, criaremos iguanas. Pero no habrá más muertos en este pueblo por culpa tuya”.

Las fronteras que separan el erotismo de la pornografía están definidas en el ensayo de Mario Vargas Llosa citado en la columna anterior. El nobel peruano señala: “No hay gran literatura erótica, lo que hay es erotismo en grandes obras literarias. Una literatura especializada en erotismo y que no integre lo erótico dentro de un contexto vital es una literatura muy pobre”. Lo que logra García Márquez cuando introduce escenas eróticas en la novela es imprimirle realismo a una historia en donde nada debe quedar por fuera, porque está mostrando pasiones que son inherentes al ser humano. Cuando el novelista está interesado en narrar la vida de un pueblo sin tapar nada, debe incluir los temas intimistas, en los cuales quede reflejada la actitud del hombre frente al sexo. Pero debe hacerlo con arte literario.

En ‘Cien años de soledad’ existen pasajes que muestran la maestría de Gabriel García Márquez para describir escenas en las que se alcanza una exaltación de la libido sexual sin caer en la ramplonería, mostrándolas como ese derecho que tiene el ser humano al placer. Veamos esta: José Arcadio regresa a Macondo después de varios años de ausencia. Cansado de vivir de brindarles placer sexual a las mujeres de los países por donde andaba, llega sin un peso en el bolsillo. Úrsula debe darle los dos pesos para pagar el alquiler del caballo en que llegó. Una vez en la casa, se echa a dormir tres días seguidos en una hamaca. Cuando, a los tres días, “después de tomarse dieciséis huevos crudos”, decide salir a la calle, lo primero que hace es irse para la tienda de Catarino.

Al entrar al negocio que hacía las veces de burdel, José Arcadio dice que pagará la cuenta de todos los que están bebiendo. Lo hace sabiendo que no tiene plata. ¿Cómo paga la cuenta del licor consumido por todos los que están en ese momento en el lugar? Recurre a su fuerza bruta. El propietario del negocio, después de ver cómo cinco hombres no son capaces de vencerlo en una prueba de fuerza, le propone una apuesta: si saca la vitrina mostrador, solo, hasta la calle, la cuenta queda saldada. Seguro de que era capaz de hacerlo, José Arcadio acepta. Para sorpresa de todos, arrancó el mostrador de su sitio, “lo levantó en vilo sobre la cabeza y lo puso en la calle”. Así ganó la apuesta. El mostrador era tan pesado que fue necesaria la fuerza de once hombres para regresarlo a su sitio.

Lo que vino después sorprendió más a la gente. José Arcadio “exhibió sobre el mostrador su masculinidad inverosímil, enteramente tatuada con una maraña azul y roja de letreros en varios idiomas”. Las mujeres quedaron tan impresionadas con el tamaño de su miembro, con su fuerza descomunal y con su enorme musculatura que empezaron a imaginarse cómo sería una noche con él en la cama. Al darse cuenta de que las mujeres le miraban con un asomo de incredulidad el tamaño de su miembro, les preguntó quién pagaba más por tener sexo con él. La que más dinero tenía le ofreció veinte pesos. Pero como a él le pareció poco, propuso rifarse a diez pesos la boleta. Todas se apuntaron. Recogió ciento cuarenta pesos.

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8 de marzo de 2018

MEMORABILIA GGM 885

EL ESPECTADOR
Bogotá – Colombia
2 de marzo de 2018


Opinión

Los dos nacimientos de García Márquez


Por: Weildler Guerra

El 6 de marzo próximo, Gabriel García Márquez hubiese cumplido 91 años. Algunas circunstancias que rodearon su nacimiento merecerían un tratamiento más minucioso por parte de sus biógrafos. De ese tema se ocupa un libro de crónicas, tan certero como divertido, del aplicado investigador guajiro Freddy González Zubiría. El libro se llama Los dos nacimientos de García Márquez y otras historias doble cerrojo y será presentado este mes de marzo en varias ciudades del Caribe colombiano.

Es sabido que una vez celebrado el matrimonio entre Luisa Santiaga Márquez Iguarán y Gabriel García en Santa Marta en 1926, los futuros padres del escritor se trasladan a Riohacha a pasar su luna de miel y a establecerse en esa ciudad en donde el flamante esposo se desempeñaría como telegrafista. Una vez embarcados en la goleta de Riohacha navegaron por un mar desapacible hasta llegar a dicha ciudad el 12 de junio de ese año. Por un tiempo aproximado de 15 días se alojaron en la casa de la familia Márquez Iguarán, en donde se consumó el matrimonio.

Pronto Luisa Santiaga quedó encinta y la feliz noticia permitió la reconciliación entre el coronel liberal Nicolás Márquez y su yerno conservador Gabriel Eligio García. El propio Gerald Martin sostuvo que, con ocho meses de embarazo y mareada por la navegación, Luisa Santiaga Márquez regresó a Aracataca y dio a luz al escritor el 6 de marzo de 1927.

La versión del nacimiento en Aracataca, afirma González Zubiría, siempre fue controvertida por dos grandes amigas y contemporáneas de Luisa Santiaga Márquez, las damas riohacheras Mariana Gómez y María de los Remedios Henríquez.

Ellas sostuvieron hasta el día de su muerte que el niño fue recibido en Riohacha por la partera Baldomera Móvil. Era inimaginable que una mujer con un embarazo tan avanzado fuese expuesta a los riesgos de la navegación en mares tempestuosos. Lo acostumbrado era que alguna de las mujeres de su familia la acompañasen en el parto.

González recupera una nota de la sección social del periódico El Estado, impreso en Santa Marta, que anunciaba el 10 de junio de 1927 el retorno desde Riohacha de doña Tranquilina Iguarán, madre de Luisa Santiaga, justo a los 96 días del nacimiento de su nieto, tiempo establecido para que una parturienta requiriese de cuidados y observase la tradicional dieta.

La deleitable crónica de González Zubiría podrá hacer detener un poco más a los futuros biógrafos de Gabo en el período comprendido entre febrero y junio de 1927 que rodea su nacimiento. También esperamos que su publicación no sea motivo de resentimientos entre cataqueros y riohacheros.

Nadie mejor para dirimir el asunto que el propio Gabo, quien para referirse a Riohacha dijo: “La ciudad de arena y sal donde nació mi estirpe desde los tatarabuelos, donde mi abuela vio a la Virgen de los Remedios apagar el horno con un soplo helado cuando el pan estaba a punto de quemársele, donde mi abuelo hizo sus guerras y sufrió prisión por un delito de amor, y donde fui concebido en la luna de miel de mis padres”.

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EL HERALDO
Barranquilla – Colombia
Marzo 2 de 2018

Opinión 
Marzo del Grupo

Por Heriberto Fiorillo

Los 4 amigos de Aureliano Buendía: Gabriel, Álvaro, Germán y Alfonso, esos que aparecen en El coronel no tiene quien le escriba y en Cien años de soledad, nacieron todos en marzo.

Desde hace varios años sentí que debíamos celebrar esta astrológica coincidencia de grupo: la de haber nacido todos marzistas, pero el montaje y la realización del Carnaval de las Artes, en fecha cercana nos dejaba siempre exhaustos para abordar de inmediato otra celebración. Esta vez, sin embargo, ha podido más la conciencia de esa deuda y el 8 a las 8, un grupo de amigos estaremos recordando en La Cueva a los cuatro compinches de Aureliano.

Para moderar la reunión hemos invitado a Mauricio Vargas, que es escritor y fue ministro pero que no necesita más presentación que la de su condición entrañable: hijo de Germán Vargas Cantillo. Y también tendremos con nosotros al hombre que condujo, en el último Carnaval de las Artes, el primer conversatorio musical sobre los vallenatos que le gustaban a Gabo, Don Óscar Montes.

Con ellos conversará (y cantará, claro) el fenomenal Ivo Díaz, mientras al acordeón estará el abogado de profesión y joven maestro Mauricio De Santis, rey vallenato 2015.

Ya adivinan ustedes la música que escucharemos. Aparte del pianista Roberto Prieto, del bailarín Orlando Figurita Rivera y de Gabriel, cantante y tocador de dulzaina, el único músico idóneo del llamado Grupo de Barranquilla fue Rafael Escalona, quien se conoció con García Márquez también en marzo de 1950.

Escalona había llegado a Barranquilla con el fin de comprar ciertos repuestos de maquinaria para trasladar a Valledupar, pero su propósito era conocer a García Márquez, un periodista que,  a juicio de su amigo Manuel Zapata Olivella, cantaba al pie de la letra todas sus canciones. “Está en EL HERALDO”, le había dicho. Y allá lo llamó el compositor.

“No me fue difícil reconocer –dijo Gabo– al otro extremo de la línea, la misma voz discreta, mesurada, que en tantas noches de buena fiesta he admirado en la letra y en la música de El Trajecito, El Cazador, El Bachiller, y en otras canciones nuestras, que ya andan incorporadas al patrimonio popular”.

Pero cuando se encontraron en el Café Roma fue Gabito quien tarareó El Hambre del Liceo, una canción de Escalona que el escritor identificaba con sus penurias de Zipaquirá.

Pocas horas después, Escalona le hablaba a Gabo de su gente y de aquella novia inolvidable a quien una tarde le pidió, con palabras de música, que se pusiera el mismo trajecito, ese que tiene flores pintadas, dos mariposas y un pajarito...

Este 8 de marzo será también Día Internacional de la Mujer y, con seguridad, algunos, o algunas, querrán acusarnos de celebrar en esa fecha los nacimientos de cuatro grandes hombres. Desde ya les aclaramos que la primera tanda de esa noche estará conformada por canciones que Escalona dedicó a mujeres, como La vieja Sara, Oye Morenita, La brasilera, El mejoral, La casa en el aire y Rosa María, entre otras.


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EL TIEMPO
Bogotá – Colombia
4 de marzo de 2018

Noticia

Nace la cátedra García Márquez
en la Universidad Central
La jornada se hará todos los 6 de marzo, natalicio del nobel,
para honrar su obra y pensamiento.

Por: Carlos Restrepo 
@Restrebooks

Una noche, cenando en la casa de Santiago Mutis, Gabriel García Márquez se llevó para un rincón, tomados del brazo, a dos de sus amigos: los escritores Luis Fayad y Roberto Burgos Cantor.

“Tengo que decirles algo importante –dijo Gabo–: He descubierto ya viejo que siempre hay que escribir en limpio. Que no te pares de tu lugar de escribir sin haber dejado perfectamente en limpio lo que has escrito porque después corregir todo, es peor que empezar a escribirlo”, recuerda con cariño Burgos Cantor.

En honor a la memoria de nuestro Nobel de Literatura, la Universidad Central de Bogotá inaugura este martes –cuando el autor cataquero cumpliría 91 años–, la cátedra Gabriel García Márquez, que cada año, durante un día, rendirá tributo a su pensamiento.

Burgos Cantor, director del departamento de Creación Literaria de la Central, anota que esta iniciativa se une a las cátedras que han instaurado otros planteles educativos del país para preservar la memoria de destacados intelectuales.

“Tienen un horizonte lindo esas cátedras, porque a la vez que celebran algo significativo para una comunidad, propenden por la renovación de las ideas que ese nombre encarna”, anota Burgos, creador de esta nueva cátedra.

Recuerda cómo determinadas universidades tienen una cátedra que ya son símbolo de ellas: la Nacional tiene la cátedra Manuel Ancízar (uno de sus fundadores) y la Libre tiene la cátedra Gerardo Molina, “que es la representación simbólica de las ideas liberales de esa universidad”.

La Central ha sido reconocida por el énfasis que tiene en las humanidades, a través de sus programas de música, teatro, cine y creación literaria.

Precisamente, un grupo de alumnos de artes dramatúrgicas serán los encargados de recibir mañana a los asistentes al Teatro Bogotá, en el centro de la ciudad, con una puesta del cuento ‘Blacamán el bueno, vendedor de milagros’.

“Ese es uno de los cuentos de Gabriel. La escenificación será en la calle, porque Blacamán el hacedor de milagros es el hombre que convoca, como los culebreros de los mercados nuestros”, dice Burgos.

La inauguración estará a cargo de Rafael Santos, rector de la universidad, que le dará la palabra a Roberto Pombo, director de EL TIEMPO, cuya charla se titula ‘Estación México’, país que acogió a García Márquez durante gran parte de su vida.

‘Así nos enseña García Márquez a leer y a escribir’ se llama la charla del periodista Nelson Fredy Padilla, editor dominical de ‘El Espectador’, quien fue pupilo de Gabo en las épocas de la revista ‘Cambio’.

Para abordar la relación del Nobel con el vallenato, el profesor Ariel Castillo Mier, de la Universidad del Atlántico, estará acompañado en su charla por los músicos Adolfo Pacheco y José Castillo Silvera.

En la tarde, Alberto Abello Vives, director de la Biblioteca Luis Ángel Arango, dará la charla ‘Rizomático y fractal: el Caribe de Gabriel García Márquez’.

Además, se presentará la primera edición del concurso ‘El coronel SÍ tiene quien le escriba’, para universitarios de pregrado. El ganador recibirá una beca para la especialización de Creación Literaria.

También habrá una exposición, bautizada ‘El laberinto de Melquíades’, en la que se le entregará al visitante una especie de libro vacío, que debería ir armando a su antojo con unas fichas, como si se tratara de un catálogo de Gabo. Es un viaje por las facetas del autor de ‘Cien años de soledad’: la literatura, el periodismo, el cine, etc.

El cierre estará a cargo del cineasta Lisandro Duque, quien dirigió la escuela de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba), tan cercana al corazón del autor de ‘La hojarasca’. Luego se proyectará la película ‘La langosta azul’, que hicieron Gabo, Álvaro Cepeda, Grau y Cecilia Porras.

“El propósito es celebrar a Gabriel, pero también renovar los miles de discursos que hay sobre él. Tú sabes el peligro que tienen los autores cuya obra se vuelve interpretación de un país. Por ejemplo, ‘El Quijote’, todo el mundo cree haberlo leído y no lo lee. Igual pasa con Dostoyevski o Tolstói, en Rusia”, concluye Burgos Cantor.

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EL TIEMPO
Bogotá – Colombia
4 de marzo de 2018

Noticia

Este martes, el ‘doodle’ de
Gabriel García Márquez recorre el mundo
Internautas verán un homenaje con motivo del aniversario
del natalicio del nobel colombiano.
El ‘doodle’ de Gabriel García Márquez
La ilustración del artista británico en honor a Gabriel García Márquez
aparecerá en un total de 37 países y estará disponible en 16 idiomas.


Por: Linda Patiño 
@LinndaPC


 Una silueta de Gabo a la izquierda y un colorido paisaje que parece salir de su cabeza.

Así, el doodle creado por Matthew Cruickshank, director de arte de los doodles de Google, trata de resumir en una pequeña animación el realismo mágico del nobel de literatura colombiano.

La era del algoritmo llegó, y los datos son un tesoro

El homenaje estará disponible las 24 horas de este martes, llevando el recuerdo de Gabo a millones de personas que utilizan Google como su motor de búsqueda en Perú, Costa Rica, Brasil, Estados Unidos, España, Croacia, Irlanda y la India, entre otros países.

Cruickshank, artista gráfico inglés de 34 años, trabajó para Disney y Warner Bros. en Londres, y en el 2012 se mudó a San Francisco para hacer parte del equipo de Doodle en Google. Estando allí, ha creado cientos de diseños.

En entrevista exclusiva con EL TIEMPO, Cruickshank se reconoció como un fan de Gabriel García Márquez y narró cuál fue el proceso creativo para el diseño de esta pieza.

“Tuve que regresar al libro y leerlo de nuevo. En esta segunda vez descubrí muchas capas en la narración. Reafirmé que es un texto muy rico, colorido y profundo”.

Para Cruickshank, lo más difícil fue que la palabra ‘Google’ no se perdiera entre las flores y la vegetación selvática.

Cuando llegó la propuesta de Gabo, no dudé en tomarla ni un segundo. Estaba ansioso por iniciar.

Su ilustración destaca detalles de la historia que cautivó a lectores de todas partes del mundo: Cien años de soledad. La obra maestra, publicada en 1967, ha sido traducida a casi 50 idiomas, y le valió al escritor el premio Nobel de Literatura en 1982.

En una primera aproximación, Cruickshank planteó una ilustración en la que Macondo salía de las páginas de un libro. Pero, tras meses de trabajo, él y su equipo optaron por visibilizar la obra de Gabo de otra manera (ver imagen).

“No podía incluir cada detalle. Pero traté de hacer justicia con algunos de los elementos principales”, dijo el artista.

El doodle ubica a Macondo y la iglesia. Enfrente están los fundadores del pueblo: José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán. También aparecen el tren, que marca la llegada de una nueva civilización, y el navío que arriba a la selva. Los peces dorados del final de la obra navegan en la ilustración, y una icónica mariposa amarilla le da el toque animado a la obra.

 “Es como si la imagen saliera directamente de su mente. Este doodle es más sobre su creación que sobre él mismo. Como creo que a Gabo le hubiera gustado”, aseguró Cruickshank.

Como es usual en el departamento de diseño de doodles, las ilustraciones celebran los nacimientos y logros humanos o algunas fechas significativas.

Según Cruickshank, aunque llegan miles de solicitudes, en promedio se realizan unos 30 diseños en un año, ya que cada pieza es única y se basa en la investigación. Algunas son ilustraciones, otras tienen pequeñas animaciones, como la de Gabo, y otras incluyen hasta pequeños video juegos o animaciones más complejas.

“Cuando llegó la propuesta de Gabo, no dudé en tomarla ni un segundo. Estaba ansioso por iniciar”, confesó el artista.

Realizar esta animación fue un reto. Imaginarme cómo sería relevante y justa en Colombia podría decirse que fue algo como salido del realismo mágico

Aunque Cruickshank no conoce Colombia aún, asegura que lo imagina como un país colorido y alegre. Y si bien la tarea de ilustrar la historia de siete generaciones de una familia no fue sencilla, el artista sostiene con orgullo: “Realizar esta animación fue un reto. Imaginarme cómo sería relevante y justa en Colombia podría decirse que fue algo como salido del realismo mágico”.

La ilustración del artista británico en honor a Gabriel García Márquez aparecerá este martes en un total de 37 países y estará disponible en 16 idiomas.

Además de tener asociada una publicación en el blog de Doodle, al dar clic en la imagen los usuarios llegarán a los resultados de búsqueda relacionados con Gabo en sus respectivos países, que van desde qué es realismo mágico y dónde nació Gabriel García Márquez hasta algunas de sus otras obras, como El coronel no tiene quien le escriba, Doce cuentos peregrinos y El amor en los tiempos del cólera.

¿Qué es un ‘doodle’?

Los doodles son una iniciativa que nació en 1998, con un primer diseño de un dibujo de un monigote detrás de la segunda O de la palabra ‘Google’, resultado de la imaginación de los fundadores de la empresa para comunicar que estaban “fuera de la oficina” y confirmar su asistencia al festival Burning Man, en el desierto de Nevada, EE. UU.

Desde el 2000, de manera paulatina, un equipo de diseñadores se integró a la iniciativa para desarrollar piezas que jugaran con el logo de la compañía según ocasiones especiales. A lo largo de los años han sido creados unos 2.000 doodles.

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