7 de julio de 2019

MEMORABILIA GGM 900


EL ESPECTADOR

Bogotá – Colombia
24 de junio de 2019



Cuando el dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado
estaba secuestrado, el entonces expresidente Belisario Betancur realizó
contactos con el gobierno de Cuba y envió a la isla a su amigo
Guillermo Angulo, fotógrafo y humanista.
En este texto, 33 años después, el “Maestro” revela apartes
del diario íntimo que le entregó a Belisario sobre su misión.

Un secuestro

Por Guillermo Angulo

Este es el extracto de una especie diario inédito que cuenta una misión personal, que Belisario Betancur me encomendó cuando Álvaro Gómez Hurtado fue secuestrado.
Existe la falsa impresión de que Betancur y Gómez Hurtado eran enemigos. Al contrario: eran muy buenos amigos y Belisario le tenía gran admiración. En ocasiones fueron contendores políticos, pero eso es otra cosa.

El original fue escrito en Cuba y los comentarios –de ahora– van en itálicas y entre paréntesis cuadrados.

Viernes 10 de junio de 1988, Bogotá
Desayuno en casa de Belisario Betancur, quien me pregunta si estoy dispuesto a trasladarme inmediatamente a Cuba, para comprobar quién tiene detenido a Álvaro Gómez Hurtado, pedir al grupo que lo tenga que garanticen su vida y tratar de gestionar su liberación. Sin dudarlo le digo que sí, agregando: «¿Pero si tú ya hablaste con Fidel, para qué quieres mandarle un embajador personal?» «Para que vea que yo estoy de verdad muy interesado. Y tú amistad con Gabo será de gran utilidad».

Sábado 11 de junio. La Habana
Llego a La Habana a las dos de la mañana y en el aeropuerto me están esperando Gabriel García Márquez, Carmen Balcells y Alessandro, mi hijo, que está haciendo un curso de guiones en la escuela de San Antonio de los Baños.

Ese mismo sábado Gabo me invita a una ceremonia de condecoración a Juan Bosch, en el Palacio de la Revolución, donde me presenta a Fidel Castro, rodeado de personas que lo querían conocer. Una venezolana le pide un pelo de su barba y él le dice: «Sí, pero yo mismo me lo arranco». Había algo de fervor religioso en esa petición y en el deseo de muchas personas de simplemente estar cerca o tocarlo.

Luego, pasamos con Gabo a un buffet y ahí me presenta a Manuel «Barba Roja» Piñeiro, un cubano simpático y abierto, jefe del Departamento de Latinoamérica y experto en todos nuestros vericuetos, políticos y económicos.

Estamos de acuerdo en dos puntos obvios: que hay que saber con certeza qué grupo tiene a Álvaro Gómez, contactarlo y pedirle que le respeten la vida.

Fidel se acerca y me dice que él se va con Gabo a su casa y allá nos vemos. Gabo sugiere que localicen a Antonio Navarro y el Comandante inmediatamente le ordena a Piñeiro que lo invite, de parte suya, a venir a Cuba.

[Después Gabo me contó que Fidel lo había llamado aparte y le había preguntado: «¿Qué tan de confiar es Angulo? Porque conocerá muchos de nuestros secretos». A lo que Gabo le contestó en costeño: «Está bajado en mi casa».]

Domingo 12 de junio
Como a eso de las 12:30 Fidel lleva aparte a Piñeiro, conversan un rato a solas y luego nos invitan, a Gabo y a mí, a reunirnos con ellos. Luego, Gabo llama a Belisario y le informa de lo que va pasando.

INTERLUDIO
[Acompaño a mi hijo Alessandro a ver unas compañeras de la escuela de cine. Cuando llegamos tres de ellas están leyendo el tarot. Y Alessandro comenta sonriente: «Dicen que todos los cubanos saben leer y escribir. Pero ustedes lo que saben leer es el tarot». A pesar de mi escepticismo sobre los métodos de adivinación, por puro pasatiempo le pido a una de las jóvenes que le pregunte al tarot lo siguiente: «¿Está vivo, o muerto?». Va poniendo las cartas, una a una, con parsimonia, y veo con horror a un hombre colgado de un pie. La tarotera me dice: «Está vivo, pero inmovilizado». Quedé completamente sorprendido, y es obvio decir que estas bellas cubanas (al contrario de Piñeiro) no saben nada de lo que estaba pasando en Colombia, ni el motivo de mi visita.

Otra vez, en la noche llega a la casa de Gabo el Comandante, y nos hace una amplia disertación sobre diversos temas: desde la nueva apertura al turismo internacional hasta cómo cocinar un bacalao.

LUNES 13 DE JUNIO
Voy a la Fundación de Cine y Gabo me invita a participar en una sesión de sus famosos talleres. Ahí recibo una llamada de Belisario, quien me lee un comunicado del M-19, dado a conocer en Panamá, en el que reconocen tener en su poder a Álvaro Gómez Hurtado.

Por la noche, poco antes de las doce, llega Fidel, quien se ha interesado sobremanera en el asunto y ha estado viniendo y comunicándose con nosotros todos los días, a pesar de estar padeciendo un molesto resfriado. Nos dice: «Las cosas van por el lado positivo. Creo en la autenticidad del comunicado del M-19 y en él no dan indicios de que no quieran respetarle la vida. Sería absurdo que un grupo político dijera: «Lo tenemos, para luego matarlo. Sería, además de cruel, impolítico».

[En una conversación privada con Fidel, nos dijo –a Gabo y a mí–, que él estaba en desacuerdo con el secuestro: «Lo hicimos una sola vez, pero no por dinero sino por publicidad. Batista gobernaba y Juan Manuel Fangio había venido a competir en el Gran Premio de Cuba, que tenía lugar en el Malecón. Lo secuestramos con fines propagandísticos y el Gobierno decidió que, de todas maneras, se hacia la carrera. Pero la publicidad mundial fue para nosotros y el secuestro. Terminada la carrera lo regresamos indemne y tuvimos aún más publicidad. Luego Fangio regresó varias veces a Cuba y siempre nos buscaba».]

Martes 14 de junio
En la tarde llega Piñeiro y nos confirma que llegó Navarro y confirmó que el comunicado es auténtico. Tienen a Álvaro Gómez y han dado seguridades de que la vida del prisionero no está corriendo ningún peligro. [No se sabe por qué todos los guerrilleros rehúyen usar la palabra ‘secuestrado’]. Que el mismo Gómez Hurtado es consciente de que la solución puede ser larga y ha decidido ponerse a estudiar economía.

Hablo en la noche con Belisario y le hago llegar el resumen de lo ocurrido, incluyendo las seguridades que ofrece el M-19 de conservarle la vida.

Miércoles 15 de junio
A las 4:30 de la tarde pasa el Comandante por la casa buscando a Gabo, que había salido a ver a Navarro. Se queda un rato, va hasta la nevera de la cocina, saca un whisky de una sola malta, me ofrece (le cambio la oferta por un vaso de vino) y se sirve apenas dos dedos. Nos sentamos a conversar y al final me pregunta si he tenido alguna nueva noticia. Y agrego que, después de la intervención suya y lo dicho por Navarro, considero terminada mi misión. Me da la mano y me dice sonriendo: «Antes nos tenemos que comer el bacalao que trajo Carmen».

Más tarde me telefonea Gabo y me dice que Navarro me quiere ver. Voy a casa de Piñeiro y hablo a solas con Navarro (a quien no conocía). Me recibe muy bien y me trata de ‘Maestro’ y conversamos como si fuéramos viejos amigos. Me confirmó lo sabido sobre el secuestro, agregando algunas precisiones: «Está en perfecto estado de salud. En ningún momento fue herido o lastimado. En el momento del secuestro hizo repulsa, pero al saber que eran del M-19 se tranquilizó, y no opuso más resistencia. Se encuentra bien de ánimo, estudiando, porque piensa que la cosa puede durar». Agrega que ellos le garantizan la vida, dentro de la normalidad. Si los atacan, puede que en la balacera ocurra algún accidente o que de pronto las mismas Fuerzas Armadas puedan tener interés en matar a Álvaro Gómez, para achacarles a ellos su muerte.

Recomienda que el Gobierno suspenda por completo su búsqueda. Dice que está perfectamente vigilado por un comando élite, bien entrenado y adecuadamente armado; con alta capacidad de combate, y dispuesto a resistir y repeler el más fuerte ataque. Y puntualiza: «El encargado de todo el operativo es Carlos Pizarro. Con él debe hablar el Gobierno, y ellos saben cómo contactarlo».
           
Jueves 16 de junio
El Comandante llega puntual al almuerzo de despedida en casa de los Gabos. Vamos a comer el tan esperado bacalao. Como el Comandante, antes de pasar a la mesa, insiste en darle a Mercedes las instrucciones precisas para la preparación del bacalao, Mercedes le dice con cariño y firmeza, mientras sonríe: «Vea, Comandante: usted manda en la Isla, pero en mi cocina mando yo; y voy a hacer el bacalao a mi manera». ¡Y qué buena resultó la manera de la Gaba!

A la mesa estábamos Gabo, el Comandante, Mercedes, Piñeiro y yo. (Carmen Balcells había regresado a Barcelona). Mientras almorzábamos, Fidel hace un resumen de lo que hemos hablado en los días anteriores. Al terminar, aprovecho para darle las gracias, en nombre del Belisario Betancur y el mío, por toda la atención prestada a nuestras peticiones. No trascurrió un solo día sin que Fidel no hubiera llamado –o aparecido–, por la casa de los Gabos, enterándonos, o inquiriendo, sobre el desarrollo de los acontecimientos.

En medio del almuerzo, Fidel aborda uno de sus temas favoritos: la deuda externa y me dice: «Angulo: ¿Cuánto tiempo se demoraría un solo hombre (trabajando sólo ocho horas diarias y, naturalmente, descansando sábado y domingo), para contar a mano, en billetes de a dólar, la totalidad de la deuda externa de Latinoamérica?»

Al no tener ni idea del monto de la deuda externa, aventuro al azar un lapso que me pareció exagerado: «Treinta años, Comandante».

Y Fidel, con una sonrisa triunfal, me rectifica: «Once mil años. Hace una pausa dramática antes de agregar: ¡Y una deuda que no se puede contar, no se puede pagar!»

Antes de retirase, Fidel se despide de mí con un fuerte y cálido abrazo, mientras me dice: «Angulo: Dígale a Belisario que yo sigo esperándolo y disponible, para lo que se le pueda ocurrir».

EPILOGO
A mi regreso a Colombia, pasó lo siguiente:
Fuimos a visitar a la familia de Álvaro Gómez y Belisario los enteró de los buenos resultados de nuestra gestión.           

[Yo conocía a Mauricio «el Godo» Gómez. Por cierto, la primera vez que almorcé con los dos, le dije a Álvaro: Yo a su hijo lo llamo ‘Godo’. Y se lo cuento para que, cuando oiga el nombre, no volteen a ver los dos. Se rio y quedó roto el hielo].

Belisario le comunicó nuestra gestión al presidente Barco y al ministro de Gobierno de ese entonces, César Gaviria Trujillo, quien insistió en ir a entrevistarme a mi apartamento.

Otro que quiso enterarse de primera mano de lo sucedido, fue Carlos Ardila Lülle. Nos mandó su avión privado para que fuéramos a almorzar a Medellín, Belisario, Bernardo Ramírez y yo.

Durante el almuerzo, le conté lo de la deuda externa. Ardila, que es un genio de las matemáticas, con una computadora en la cabeza, se paró, dio una vuelta caminando torpemente apoyado en sus bastones, y regresó diciéndonos: «Fidel está equivocado. No son once mil años». [Claro, pensé yo; no pueden ser más de treinta]. Son veintidós mil años —continuó Ardila Lülle exultante—. Él está haciendo el cálculo contando de a tres dólares por segundo; y, a mano, no se pueden contar más de u


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CULTO
Santiago de Chile
5 de julio de 2019

La chilena que pintó
el amor en tiempos de
Gabriel García Márquez

Por Alejandro Jofré

Luisa Rivera se llama la ilustradora que pintó en tonos cálidos y casi otoñales la última edición de El amor en los tiempos del cólera, un romance narrado con la habilidad del Nobel colombiano y titulado como un tratado médico por la conclusión a la que había llegado su autor: los síntomas del cólera son iguales a los síntomas del amor. Acá habla sobre su trabajo gráfico y la serie de Cien años de soledad, basada en otra novela que también ilustró.

Publicada originalmente en 1985 —a la sombra de la alabada y sorprendente Cien años de soledad—, El amor en los tiempos del cólera cuenta las peripecias de dos personajes, Florentino Ariza y Fermina Daza. Desde muy joven, él se enamora de ella, pero no todo sale como imagina. Las complicaciones de la vida misma y el matrimonio de ella con el doctor Juvenal Urbino, terminan por volverlo una especie de “Quijote caribeño”.

 
En una de esas vueltas de la vida, Florentino, el personaje de Gabriel García Márquez, le promete un amor eterno, contradictorio e imponente a Fermina, en un modelo de amor atávico y cercano.

 “Trabajar con esta obra también implicaba entrar en su mundo personal”, comenta Rivera.

“La historia está basada en la experiencia de sus propios padres, Gabriel y Luisa Santiaga, así que fue maravilloso investigar ese contexto”, subraya.

Gabriel García Márquez pensaba que todo había nacido de la nostalgia y que “el amor se hace más grande y noble en los tiempos de peste”.

“Tuve una infancia extraordinaria rodeado de personas de una gran imaginación y cargadas de supersticiones”, justificó alguna vez su autor entrevistado para la promoción de la novela.

 

Allí habló de su abuela, la mujer que le contaba por las noches, de la manera más natural posible, cosas que lo aterraban.

 “El Caribe es una región en la que se da una perfecta simbiosis, o se da más claramente que en otras partes del mundo, entre el hombre, el medio natural y la vida cotidiana. Yo viví en un pueblo olvidado de la selva calurosa en la ciénaga caribeña de Colombia. Allí, el olor de la vegetación descompone los intestinos”, contó Gabriel García Márquez.

Su autor contaba que El amor en los tiempos del cólera “es la historia de un hombre y una mujer que se aman desesperadamente y que no pueden casarse a los 20 años porque son demasiado jóvenes, y no pueden tampoco casarse a los 80, después de todas las vueltas de la vida, porque son demasiado viejos”.

Algo de ese tránsito del tiempo tienen las acuarelas de Luisa Rivera, que piensa que “la ilustración no soluciona problemas de la realidad, pero ayuda a imaginar otros caminos”.

 “Creo que el colorido fue clave en ese proceso. Con la editorial queríamos una paleta diferente a la de Cien años de soledad, pero que además representara la atmósfera del relato”, asegura la artista al correo.

La ilustradora, a cargo de la nueva edición en tapa dura del clásico de García Márquez, dice que “utilizar tonos cálidos y casi otoñales para un contexto caribeño era una propuesta arriesgada, pero era la correcta porque en esos colores hay mucha información: el paso del tiempo, la nostalgia, la calidez de los personajes y el amor siempre vivo de Florentino”.
 
La edición ilustrada de El amor en los tiempos del cólera. Foto: Luisa Rivera.

-Como decía Carver, ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor?
-Una pregunta infinita, pero digamos que hablamos de múltiples maneras de querer, que a su vez están en perpetua mutación en un abanico ilimitado de escenarios. Fermina es un ejemplo de eso, porque en ella conviven el amor reposado, el amor romántico de adolescencia, amor de madre, de hija, de amiga, etc.

-Antes estuviste a cargo de ilustrar la edición conmemorativa del medio siglo de Cien de soledad. ¿Qué te parece el anuncio de una serie sobre la novela?
-Un desafío complejo, porque Gabo nunca quiso que Cien años de soledad se llevara al cine. Si la ilustración ya era una tarea ardua de “aterrizaje”, ponerlo en pantalla debe serlo aún más, pero quizás en el formato de serie y con todos los recursos que existen hoy puede surgir algo interesante.

 Luisa Rivera.

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Diario de León.es
León - España
2  de junio de 2019

Filandón
Durruti contado por García Márquez
El escritor colombiano abordó la figura del anarquista leonés en el cuento ‘María dos Prazeres’. Algunos consideran que la obra cumbre del Nobel colombiano Gabriel García Márquez fue un pequeño cuento dedicado al anarquista leonés Buenaventura Durruti.

 
El multitudinario entierro del anarquista leonés Buenaventura Durruti en Barcelona -

Por Alfonso García

Editado en España a principios de la década de los noventa del pasado siglo el libro Doce cuentos peregrinos del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, algunos afirmaron que la cumbre de su obra literaria no era ninguna de sus novelas más conocidas, sino un pequeño cuento aparecido en el libro citado. Opiniones para todos los gustos. Lo cierto es que esta, trasladada al escritor por uno de sus amigos, venía a confirmar la obsesión de García Márquez de que su obra siempre fuese comparada con Cien años de soledad, en un contraste que, por supuesto, no hace justicia a la globalidad de su creación literaria. Muy recientemente, y en una edición primorosa, Random House ha seleccionado seis cuentos. No son infrecuentes las colecciones de cuentos de autores clásicos agrupados bajo criterios de diversa índole, sean temáticos, estructurales, vertebrados en torno a un hilo conductor o sometidos a la mirada artística de quien los ilustra. En este caso, media docena de relatos sorprendentes y mágicos de los más notables de su producción, provenientes de las colecciones publicadas en 1962, 1972 y 1992. En todos ellos la presencia de algún niño o en los que aparecen circunstancias o personajes de novelas anteriores o la influencia de las novelas de aventuras que tanta presencia tienen en su obra, cuyo conjunto forma un universo particular, único y compacto. Añádase en esta ocasión concreta las primorosas y abundantes ilustraciones a todo color firmadas por Carme Solé Vendrell, reconocida artista en todos los ámbitos del sector, que fue distinguida con el Premio Nacional de Ilustración y que «tiene el honor –leemos- de ser la única persona que dio vida a los cuentos de García Márquez con el permiso del autor».

Pues bien. En esta selección también aparece el pequeño cuento que algunos consideraron –no entro en valoraciones, por supuesto, que no comparto- la cumbre de su obra literaria. Se titula María dos Prazeres. La nueva lectura ha reavivado las notas que tomé en su momento y que no tienen más pretensiones que rememorar la presencia en este cuento del mítico leonés Buenaventura Durruti. Cada cual hará después su propia lectura, que de eso se trata. A mí se me antoja un relato en que a la historia se suman la crítica, la ironía, la ternura –sobre todo el final, porque «había valido la pena esperar tantos y tantos años»- y el homenaje. Homenaje a Buenaventura Durruti, que, junto a Ángel Pestaña y Diego Abad de Santillán, conforman el trío libertario leonés. «Ningún leonés de cualquier época –escribe Ernesto Escapa refiriéndose a Durruti- ha merecido la fascinación de escritores tan importantes». Sería prolija la enumeración, pero interesante sin duda.

Setenta y seis años tiene la protagonista en el momento de la narración. María dos Prazeres, que da su nombre al título del cuento y que «había recibido a tantos hombres a cualquier hora», es una prostituta brasileña que vive en Barcelona y que estaba segura de que iba a morir antes de Navidad. El destino, siempre imprevisible, fue otro. «Soy puta, hijo. ¿O es que no se nota?», le dice al hombre de la agencia funeraria con el que había concertado una cita en su casa para comprar una tumba «con cuotas anticipadas», puesto que «tres meses antes había tenido en sueños la revelación de que iba a morir».

Y había elegido Montjuïc «para descansar en paz», en un lugar «donde nunca lleguen las aguas», que me «entierren acostada sobre todo –«circulaba el rumor de que se estaban haciendo enterramientos verticales para economizar espacio»- y, «si es posible a la sombra de los árboles en verano, y donde no me vayan a sacar después de cierto tiempo para tirarme a la basura». Exigencias del pago al contado.

«Ella se orientó en el tablero de colores hasta encontrar la entrada principal –es la primera referencia explícita del relato a nuestro personaje-, donde estaban las tres tumbas contiguas, idénticas y sin nombres donde yacían Buenaventura Durruti y otros dos dirigentes anarquistas muertos en la Guerra Civil. Todas las noches alguien escribía los nombres sobre las lápidas en blanco. Los escribían con lápiz, con pintura, con carbón, con crayón de cejas o esmalte de uñas, con todas sus letras y en el orden correcto, y todas las mañanas los celadores los borraban para que nadie supiera quién era quién bajo los mármoles mudos. María dos Prazeres había asistido al
entierro de Durruti, el más triste y tumultuoso de cuantos hubo jamás en Barcelona, y quería reposar cerca de su tumba. Pero no había ninguna disponible en el vasto panteón sobrepoblado».

Aunque hay aún pasajes oscuros sobre algunos aspectos biográficos del leonés, no menos sobre su muerte no del todo aclarada, lo que sí se sabe es quiénes son los propietarios de esas sepulturas anónimas del relato, reconocidos de forma fehaciente y cuyos nombres llevó, entre otros, Chicho Sánchez Ferlosio a una canción, de la que reproduzco un breve texto: «Buenaventura Durruti, / Ascaso y García Oliver: / Tres hojas de trébol negro / contra el viento del Poder».

Con un generoso reportaje gráfico, más llamativo aún por las fechas, La Vanguardia (24 de noviembre de 1936) corrobora la masiva asistencia al entierro. Leemos en el periódico barcelonés: «Una multitud inmensa desfiló, durante muy cerca de seis horas, acompañando los restos del heroico Buenaventura Durruti, muerto en el frente del Centro. El duelo estuvo presidido por el Presidente de Cataluña y, como representante del Gobierno de la República, por el Ministro de Justicia, García Oliver».

Lo cierto es que María dos Prazeres «después de la visita del vendedor de entierros terminó por convertirse en uno más de los numerosos visitantes dominicales del cementerio. Al igual que sus vecinos de tumba sembró flores de cuatro estaciones en los canteros, regaba el césped recién nacido y lo igualaba con tijeras de podar hasta dejarlo como las alfombras de la alcaldía, y se familiarizó tanto con el lugar que terminó por no entender cómo fue que al principio le pareció tan desolado». Las razones se fueron fortaleciendo y concretando, tal como se narra en el párrafo siguiente: «En su primera visita, el corazón le había dado un salto cuando vio junto al portal las tres tumbas sin nombres, pero no se detuvo siquiera a mirarlas, porque a pocos pasos de ella estaba el vigilante insomne. Pero el tercer domingo aprovechó un descuido para cumplir uno más de sus grandes sueños, y con el carmín de labios escribió en la primera lápida lavada por la lluvia: Durruti. Desde entonces, siempre que pudo volvió a hacerlo, a veces en una tumba, en dos o en las tres, y siempre con el pulso firme y el corazón alborotado por la nostalgia». Uno de esos días en que ejerció el rito tantas veces repetido, una tarde fría de noviembre, se desató una tormenta al salir del cementerio. «Había escrito –leemos en el relato- los nombres en las tres lápidas y bajaba a pie hacia la estación de autobuses cuando quedó empapada por completo por las primeras ráfagas de lluvia». Lo que no sabía en aquel momento María dos Prazeres era que muy poco tiempo después su vida cambiaría de rumbo y que había merecido la pena «haber sufrido tanto en la oscuridad, aunque solo hubiera sido para vivir aquel instante».

Reavivar personajes y textos literarios de altura, más cuando se dan la mano, como es el caso, en un cuento, tiene una doble ventaja al menos: recordar y valorar en su medida al personaje en cuestión y disfrutar del alto nivel de la literatura pensada y escrita por García Márquez en esta ocasión.

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13 de mayo de 2019

MEMORABILIA GGM 899

MEMORABILIA GGM
Cali – Colombia
11 de mayo de 2019

Publicamos el ensayo a continuación, por gentileza de su autora. N del E.

El recuerdo de
Gabriel García Márquez
a los cinco años de su partida

 “García Márquez nos hizo ciudadanos de Macondo, nos ‘macondizó’,
 nos modificó como lectores y, de la misma manera que amplió,
 con su portentosa imaginación, nuestra percepción de la realidad,
 nos devolvió la capacidad poética e infantil del asombro ante la vida cotidiana”
. Gonzalo Celorio en la edición conmemorativa de Cien años de soledad.

LOS ÁRBOLES MUEREN DE PIE

En abril partió nuestro Nobel hacia otras dimensiones, a la eternidad. Al árbol de Macondo en abril se le caen las hojas, y como “los árboles que mueren de pie”, el escritor colombiano murió y sigue de pie, enhiesto en su inmortalidad, erguido en su legado, sigue como los añosos árboles altivos, legendarios, que profundizan sus raíces, y sus copas quieren alcanzar las nubes.
Continuará en la memoria cada vez más viva en el corazón de los colombianos y los admiradores de su obra en el mundo, su literatura sin fronteras. García Márquez es quizás el autor en lengua castellana más ampliamente leído en todo el mundo y sus obras han sido traducidas a más de cuarenta idiomas.  Su creación literaria se prolongará en el tiempo, y extenderá sus ramas, se eternizará, mientras sigan creciendo los Macondos.
El símbolo en la geografía garciamarqueana
El nombre de Macondo era el de una hacienda próxima a Aracataca, que García Márquez convirtió en uno de los referentes geográficos literarios más inolvidables. Como también lo dice él en sus memorias, el nombre proviene de una hacienda bananera que visitaba con su abuelo “había un árbol de tronco recto y la copa como un inmenso ramillete de flores amarillas”. Así sigue siendo García Márquez. 

¿Qué es Macondo: lugar imaginario, ¿árbol, pescado o tribu africana?
La primera mención al árbol “macondo”, fue hecha por el viajero Alexander von Humboldt, quien vio este árbol en el bosque de macondos de Turbaco (Bolívar, Colombia) en 1801, cuando fue a visitar los volcanes de lodo con Luis de Rieux. Menciona que puede llegar a alcanzar los 35 metros de altura. Los frutos son enormes, con cinco alas, entre rosados y cafés, capaces de volar llevados por el viento.

Palabras parecidas a Macondo existen en varios idiomas africanos, y algunas se referían a árboles. Existen varias localidades y pueblos africanos con el nombre de Macondo. También se dice que es voz de origen chimila”.

Macondo, nos dice la voz de García Márquez en un documental: “no es un lugar geográfico, es un estado de ánimo. Es el estado de ánimo que se vive en el Caribe. Los europeos tienen un problema: un cuadro en el que meten la realidad, y lo que no cabe en ese cuadro, no existe. Nosotros los latinoamericanos no tenemos cuadrito, y vivimos la vida como viene”.

Carlos Monsiváis ícono de la literatura mexicana, define así a Macondo: “La prosa de García Márquez es uno de esos hallazgos enormes para cualquier lector. Una vez que uno penetra en ella, no quiere abandonarla. El verdadero Macondo, para mí, es la prosa de García Márquez”.

En el concepto del escritor mejicano, Carlos Fuentes, nos muestra qué es Macondo.
“Acabo de leer las primeras 75 cuartillas de Cien años de soledad. Son absolutamente magistrales.... Toda la historia, “ficticia” coexiste con la historia “real”, lo soñado con lo documentado, y gracias a las leyendas, las mentiras, las exageraciones, los mitos... Macondo se convierte en un territorio universal.”
No se olvide que Macondo tiene muchos antecedentes literarios. Ahí está Comala, de Juan Rulfo, o Santa María, de Juan Carlos Onetti. “Son universos propios, mundos cerrados y a veces asfixiantes que permite a sus creadores darles a sus historias una dimensión mítica”.
Macondo o columna sagrada

Otro de los significados u orígenes de la palabra Macondo, que adoptó García Márquez como el lugar imaginario de su literatura, y por la valoración que él le da a las culturas indígenas del Caribe, se complementa desde el ángulo de la antropología Cultural, con un mito Cogui relacionado con Macondo, y que a la vez, indirectamente, habla de “la casa en el aire” hecha del árbol del mismo nombre, “Entonces los padres del mundo encontraron un árbol grande y en el cielo, sobre el mar y sobre el agua, hicieron una casa grande de madera y paja, que llamaron Alnágua, como lo refiere uno de los más serios antropólogos, Gerardo Reichel-Dolmatoff. También es un símbolo sagrado para los indígenas de la Sierra Nevada, a donde llegan los mamos para hacer sus rituales y dejar las semillas envueltas en hojas siguiendo la milenaria tradición. Igualmente, está en la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta.

La inspiración y creación de Macondo, surgió cuando el escritor sintió por primera vez la necesidad de dejar constancia poética del mundo de su infancia al frente de las ruinas de aquella casa grande y muy triste, donde había vivido los primeros años de su vida, y cuando sintió una soledad enorme de América Latina y comprendió que había llegado el momento de encerrarse con sus fantasmas y fundar Macondo.

Aunque Macondo no figura en los mapas, lo inventó el nieto de Tranquilina Iguarán, es el pueblo más famoso de América Latina. Su realismo es mágico precisamente, porque es real. “Es muy difícil encontrar en mis novelas algo que no tenga un anclaje en la realidad”. El paralelismo que hay especialmente entre Cien Años de Soledad y la historia del pueblo de Aracataca son evidentes. Macondo surgió porque el escritor nació en ese pueblecito y no en ningún otro según los propios testimonios del novelista, que, de haber crecido en un ámbito diferente, su literatura hubiera sido otra, temática y formalmente hablando.

Y aunque Macondo no es Aracataca en un sentido estricto, “sí fue elaborado a partir de una idealización poética del autor. El pueblo que el autor tenía en mente cuando escribió Cien años de soledad no existe, porque fue una evocación poética. Pero sin duda tiene de Aracataca algunas cosas: el calor, la historia de la explotación del banano, la modorra de las tres de la tarde…”.

Macondo, mucho más que una leyenda

El nombre de Macondo, le llegó desde muy niño; como lo dice el mismo García Márquez en Vivir para contarla: “…El tren pasaba a las once por la finca Macondo, y diez minutos después se detenía en Aracataca. El día que iba con mi madre a vender la casa pasó con una hora y media de retraso…” (pg. 29).

“…El tren hizo una parada en una estación sin pueblo, y poco después pasó frente a la única finca bananera del camino que tenía el nombre escrito en el portal: Macondo. Esta palabra me había llamado la atención desde los primeros viajes con mi abuelo, pero sólo de adulto descubrí que me gustaba su resonancia poética. Nunca se lo escuché a nadie ni me pregunté siquiera qué significaba. Lo había usado ya en tres libros como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual que es un árbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos, y cuya madera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Más tarde descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tanganyika existe la etnia errante de los makondos y pensé que aquel podría ser el origen de la palabra. Pero nunca lo averigüé ni conocí el árbol, pues muchas veces pregunté por él en la zona bananera y nadie supo decírmelo. Tal vez no existió nunca…” (pg. 163).
Macondo, que aparece por primera vez en el cuento Un día después del sábado publicado en 1954, es el escenario, y al igual que sus habitantes es una entidad viva que nace, crece y muere.

Luego en la primera novela, La hojarasca; es en esta obra que García Márquez crea el ficticio Macondo, como el ámbito imaginario en el que se desarrollará la vida de sus personajes. En la introducción de la novela: “…Después de la guerra, cuando vinimos a Macondo y apreciamos la cantidad de su suelo, sabíamos que la hojarasca había de venir alguna vez, pero no contábamos con su ímpetu…” (pg. 8).

Aunque el lugar ficticio lo incluye desde sus primeras obras, es en Cien años de soledad donde durante la penosa travesía de la sierra”, funda el mítico Macondo. El Macondo de su realismo mágico, describe la ubicación y el ámbito geográfico de este universo, en realidad lo pinta como él lo concibió; desde el comienzo de la novela empieza a nombrarlo.
Así lo describe:
“…Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. (Pg.7).

“…José Arcadio Buendía que era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora del calor. En pocos años, Macondo fue una aldea más ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus trescientos habitantes. Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto”. (pg. 13).

Es en esta obra, la más conocida, escrita durante su exilio en México, narra en tono épico la historia de Macondo, pueblo que acaba sepultado y destruido por las guerras y el progreso, y la de sus fundadores, la familia Buendía, a lo largo de cien años.

Este es el contexto del lugar mágico, el ámbito fantástico, que creó como escenario de algunas de sus novelas especialmente en Cien años de soledad, aunque su verdadera obra literaria nos conduce al conjunto de sus textos literarios. Si uno de ellos faltara, el mundo macondiano se disminuiría.

Así como los enormes frutos del árbol de Macondo, con cinco alas, capaces de volar llevados por el viento, también los enormes frutos de Gabriel García Márquez, su obra narrativa, con “enormes alas” ha sido capaz de volar hasta los cinco Continentes, y hasta los confines donde se siga escuchando la sonora palabra Macondo.


Gladys González Arévalo
Autora de: La música en Gabriel García Márquez
y Macondo tiene aroma de café.
Abril 17 de 2019.

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Contra Replica
México D.F.
6 de mayo de 2019

Noticia
Subastan foto inédita
de Gabo que iba a ilustrar
Cien años de soledad

Por Martha Rojas


Una serie fotográfica inédita de 12 tomas, en las que aparece Gabriel García Márquez y que incluso tienen anotaciones de su propio puño y letra, será subastada este 9 de mayo en la sede de Morton México junto a otros 112 lotes de imágenes en las que aparecen Frida Kahlo, Diego Rivera, Cantinflas y hasta el Che Guevara.


Las instantáneas iban a ser utilizadas para ilustrar la portada de la primera edición de Cien años de soledad, pero Vicente Rojo, quien estaba a cargo del diseño de portada prefirió no publicarlas y en su lugar dibujó el juego de dados a 12 caras llamado, Macondo, como el pueblo en el que transcurre la historia.

El valor inicial de las tomas oscila entre 110 mil y 150 mil pesos ; fueron tomadas en mayo de 1966 por el fotógrafo colombiano Ricardo Moya, un mes antes de que salieran al mercado los primeros 8 mil volúmenes de la novela en Argentina.

Las instantáneas están impresas por el fotógrafo colombiano, en ellas se ve a Gabriel García Márquez cómo es posible recordarlo, vivaz, con el saco de cuadritos, distintivo de su estilo de vestimenta para las apariciones en público.

Aunque para la portada de la célebre novela, de la que hasta ahora se han impreso más de un millón de ejemplares, tenía contemplada la imagen de Márquez, el primer tiraje de 8 mil se imprimió con la portada de un galeón perdido en la selva, porque la imagen que había diseñado el exiliado español Vicente Rojo no llegó a tiempo a Argentina y una diseñadora improvisó, la primera reimpresión hasta la cuarta salieron publicado con la imagen que Rojo había contemplado originalmente. El ilustrador español, que se exilió en México durante la dictadura franquista, y el colombiano se conocieron en 1960, cuando Gabo, como lo nombran de cariño radicó en México. "No había algo muy pensado o muy decidido, simplemente quería que tuviera ese juego y que vibrara un poco dentro de esas etiquetas y viñetitas que escogí.

"Fueron colores básicos. El azul, el rojo y el negro no son colores elaborados, son los colores que se consiguen con facilidad en una ferretería y eran colores brillantes y a mí me pareció que eso redondeaba la idea de que tuviera un tono natural", aseguró Vicente Rojo en 2014, año en que el escritor sudamericano falleció en la Ciudad de México.
La construcción de este libro, que tiene más de 500 páginas, arrancó en el 2006 y se entregó para su revisión en septiembre del 2014. Cinco años después fue publicado por el Instituto Caro y Cuervo, en abril pasado.


“Nos demoramos años recolectando los refranes. Las novelas debíamos leerlas muchas veces. Por ejemplo, ‘La hojarasca’ la leí unas cinco veces; Cien años de soledad, seis”, dice Viviana Díaz, docente de lingüística y de literatura, quien actualmente trabaja para la Universidad Minuto de Dios, en Medellín.



Nota del editor sobre esta noticia

La verdad es que Vicente Rojo se “durmió” para entregar su trabajo. Fue allí a donde Iris Pagano, diseñadora oficial de Editorial Suramericana, creó la portada de la primera edición con el galeón, que la hizo famosa a nivel mundial. Rojo importunó tanto a Gabo que este accedió a interceder ante la Editorial y esta se vio obligada a modificar la portada del libro que en ese momento “se vendía como salchichas” En ninguna editorial del mundo harían eso con un best seller de esa magnitud. Pero pudo más la presión de Vicente Rojo que de unos años para acá ha tratado de desestimar el trabajo de la diseñadora argentina para que se imponga su portada (que yo considero mala frente a la diseñada por Iris) en un acto inaudito de presión internacional, sobre algo que no se puede cambiar: La portada del galeón es la portada de la Edición Príncipe de Cien años de soledad.





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EL TIEMPO
Bogotá – Colombia
8 de mayo de 2019

Libros

El diccionario que explica
los dichos y refranes
de la obra de ‘Gabo’
La publicación tiene en cuenta más de 120 expresiones
usadas en 700 contextos diferentes.

Por: Redacción APP 

Foto: Edgard Garrido / Reuters

‘El general en su laberinto’ se publicó en 1989. Algunos críticos la incluyen en el ‘top’ de las mejores obras de Gabo.

Tanto críticos como lectores aficionados de todo el mundo se han deleitado con los libros de Gabriel García Márquez. Su realismo mágico ha sido un hito en la historia de la literatura universal. De hecho, ‘Cien años de soledad’, su obra magna, ha sido traducida a más de 40 idiomas.

Por un momento imagine el reto que puede representar para un extranjero entender muchas de las frases caribeñas que utilizaba el Nobel en su obra, y disfrutar la riqueza lingüística de García Márquez como un colombiano.

Pero actualmente ya existe un libro de tres investigadores colombianos del grupo de ‘Estudios lingüísticos regionales de la Universidad de Antioquia’ que se dieron a la tarea de construir un diccionario con definiciones de expresiones que utilizó ‘Gabo’ en sus nueve novelas: 'Cien años de soledad', 'Crónica de una muerte anunciada', 'Del amor y otros demonios', 'El amor en los tiempos del cólera', 'El coronel no tiene quien le escriba', 'El general en su laberinto', 'El otoño del patriarca', 'La hojarasca' y 'Memoria de mis putas tristes'.

Se trata del libro ‘Dichos, refranes y locuciones en las novelas de Gabriel García Márquez’, publicado el pasado 17 de abril y presentado el 2 de mayo en la Feria del Libro, de Bogotá.

Este repertorio contiene más de 120 expresiones en más de 700 usos diferentes, con sus respectivas definiciones y los fragmentos de la novela donde aparece escrita por el colombiano, según le contó a EL TIEMPO Francisco Zuluaga, profesor de la Universidad de Antioquia y uno de los coautores del diccionario.

La construcción de este libro, que tiene más de 500 páginas, arrancó en el 2006 y se entregó para su revisión en septiembre del 2014. Cinco años después fue publicado por el Instituto Caro y Cuervo, en abril pasado.

“Nos demoramos años recolectando los refranes. Las novelas debíamos leerlas muchas veces. Por ejemplo, ‘La hojarasca’ la leí unas cinco veces; Cien años de soledad, seis”, dice Viviana Díaz, docente de lingüística y de literatura, quien actualmente trabaja para la Universidad Minuto de Dios, en Medellín.

 
Esta es la portada del libro de: 'Dichos, refranes y locuciones en las novelas de Gabriel García Márquez’. Foto: Cortesía: Lirian Astrid Ciro

El diccionario tiene dos partes: una teórica, que explica cómo diferenciar un dicho de un refrán y una locución, y la parte de las definiciones. Por ejemplo, una palabra recurrente en la obra de García Márquez es ‘cojón’, cuyo uso ‘estar hasta los cojones’ se empleó en ‘El otoño del patriarca’ y trae por definición (en el libro): ‘Estar harto de una situación’.

Y luego aparece el fragmento que seleccionaron los investigadores: “Me decía que ni él mismo sabía quién era él, que estaba de mi general hasta los cojones, decía sin amarguras, sin ningún motivo, como hablando solo, flotando en el zumbido continuo de un silencio interior que solo era posible romper a gritos”. (El otoño, 327)

La expresión 'ser carne de cañón' Gabo la alteraba por 'ser carne de convento' para referirse a las indígenas que eran instruidas por religiosos en algunos pueblos del caribe. (Así luce el libro)

Con ese grado de exactitud fue elaborada esta investigación, cuyo rastreo de frases se hizo, en primer lugar, de forma manual, con la pericia de tres lectores ávidos y amantes por la obra del nacido en Aracataca.

Lirian Astrid Ciro, doctora en humanidades y educación, y quien actualmente trabaja para la Universidad del Valle, reconoce que este tipo de trabajos no solo le sirve a extranjeros y traductores de la obra de García, sino también a colombianos que no estén familiarizados con el Caribe o que quieran profundizar en el significado de las expresiones que usó el Nobel para enriquecer su mundo literario.

“Es como si ‘Gabo’ hubiese utilizado todo el poder de los proverbios y toda su sabiduría popular para convertir ideas en verdades absolutas”, dice Viviana Díaz y agrega: “Estamos hablando de un hombre que conocía el español de una forma asombrosa y se merece el título del ‘Cervantes de Colombia’”.


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