16 de marzo de 2017

MEMORABILIA GGM 865



El Correo de Andalucia
Sevilla – España
28 de febrero de 2017

Literatura

Cincuenta años de Macondo
La novela ‘Cien años de soledad’, del Nobel García Márquez, emblema del boom latinoamericano y del realismo mágico, cumple medio siglo en perfecto estado de salud

Por Álvaro Romero

Afortunadamente, las profecías de los pergaminos de Melquíades erraron en lo principal, pues aunque fuera cierto que «las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra», Macondo no se convirtió en «un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico», tal y como recogía el final de la propia novela que catapultó al estrellato a su autor, sino que, por el contrario, precisamente a partir de aquellas palabras se fraguó su eternidad. Macondo podía haber sido cien años antes «una aldea de veinte casas de barro y cañabrava», al menos cuando Gabriel García Márquez decidió empezar por el principio y establecer la fundación de un pueblo en el que él no solo iba a basar toda su literatura a partir de aquel boom de los 60 del que él mismo era artífice fundamental, sino en el que estaba basado todo lo que había escrito desde que su pura condición de periodista de planta en El Espectador de Bogotá se le había ido dilatando por el realismo mágico de su propia vida cotidiana.

 
Macondo, uno de los nombres propios más importantes de la literatura universal y clave en la obra de García Márquez. / Foto: El Correo

A la altura de 1967, cuando la editorial Sudamericana de Buenos Aires (Argentina) se arroja a la aventura de publicarle al colombiano aquella novela en la que cabía todo el universo garciamarquiano –una tirada de solo 8.000 ejemplares–, Macondo ya se había consolidado en el imaginario de su ficción desde sus primeros escritos. Todo el argumento de La hojarasca (1955), su primera novela, ocurría en Macondo, el mismo pueblo sobre el que Isabel había hablado tanto sola mientras veía llover... Cerca de allí, un coronel como Aureliano Buendía –o como Gerineldo Márquez, su propio abuelo– había protagonizado la novela más perfecta para su autor a pesar de la aparente sencillez del desasosiego de un veterano de guerra en la espera interminable de su pensión, mientras lo mantenía un gallo de pelea. En Macondo o por sus alrededores, entre la ciénaga grande y Riohacha, es decir, entre la ficción y la realidad, habían sido alumbrados los relatos de Los funerales de la Mamá Grande (1962) e incluso, una década después, se confirman por allí los sucesos de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972), el largo cuento que Cien años de soledad había resumido antes en una sola página y que contaba la gira de pueblo en pueblo de una abuela que prostituía a su nieta para pagarle la casa incendiada por un descuido.

Pero Macondo no se funda, sobre el papel, hasta que José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán –los patriarcas de la saga de siete generaciones que cuenta Cien años de soledad– no se ven en la necesidad de huir, selva adentro, para poner tierra de por medio con un pueblo en el que la pareja había sido ridiculizada por no consolidar el matrimonio por miedo a engendrar crías con colita de cerdo. Es el primero de los Buendía el que sueña con el nombre, aunque el propio autor aclararía muchos años después –incluso en su autobiografía, Vivir para contarla (2002)– su fascinación por la palabra, tras un viaje que hizo con su madre a su pueblo natal, Aracataca: «El tren se detuvo en una estación que no tenía ciudad, y un rato más tarde pasó la única plantación de banano a lo largo de la ruta que tenía su nombre escrito en la puerta: Macondo. Esta palabra ha atraído mi atención desde los primeros viajes que había hecho con mi abuelo», dijo Gabo. La figura del tren la pinta él de amarillo para ficcionalizar una locomotora que «tantos cambios, calamidades y nostalgias había de llevar a Macondo», hasta cargar con más de tres mil muertos, que es el resultado mítico de la llamada matanza del banano, ocurrida el año que él mismo nació, y con la que concluye ese lastimoso capítulo del imperialismo yanqui en forma de compañía bananera que desangra la comarca de Macondo, pues Macondo es Aracataca, y Colombia, y toda Latinoamérica. La alegoría ya funcionaba.

Con un pueblo en sus manos, todo lo demás cabía en él: las historias familiares que había oído contar desde niño, hijo de un telegrafista como el Florentino Ariza de El amor en los tiempos del cólera (1985) y de la hija de un coronel como Aureliano Buendía, que termina conviviendo –en la ficción de una casa enorme como la de sus abuelos maternos– con Rebeca, la niña que comía tierra y que es un trasunto de su propia hermana Margot. Pero también la historia de todo un continente asolado por la desmemoria, que es como la peste del insomnio que afecta a todos los habitantes de Macondo; la insolidaridad que desemboca en la soledad de hasta los líderes, como el coronel Aureliano Buendía encerrado en su taller de incontables pescaditos de oro o su padre centenario, amarrado a la sombra de un castaño, o su madre con más de cien años olvidada por el interior de los armarios, o incluso el declive último de otros mandamases en la intimidad definitiva de sus perdiciones, como Gabo habría de literaturizar en El otoño del patriarca (1975) –su novela más compleja– o El general en su laberinto (1989), un relato maravilloso de los últimos días de Simón Bolívar por el río Magdalena para terminar muriendo solo y pobre tras haber sido el gran libertador de medio continente.

En el Macondo de Cien años de soledad también se desdibujan las diferencias entre liberales y conservadores, otra obsesión expuesta en toda la literatura de García Márquez, porque en el corazón de la historia de esa saga familiar no solo crepitan los levantamientos armados y las guerras civiles que pierde el coronel Aureliano Buendía, sino su propio casamiento con la hija menor de don Apolinar Moscote, el gobernador que planta un letrero gubernamental y una hamaca para lanzar decretos en un pueblo que se había construido sin gobierno, hasta que José Arcadio Buendía le para los pies y los ánimos. Macondo es, en fin, una alegoría de un mundo que nace y declina hasta que es sustituido por otro, algo así como el acierto cervantino con El Quijote. No en vano ambas novelas están hoy consideradas como las cimas de la literatura en castellano de todos los tiempos, como reconoció la propia Real Academia Española al lanzar en 2007 una edición popular conmemorativa de Cien años de soledad con motivo de su 40º aniversario.

Realismo mágico

El novelista cubano Alejo Carpentier había acuñado el término de «real maravilloso» para referirse a esa tendencia de la novela hispanoamericana, repentina en el siglo XX –porque hasta entonces los escritores del otro lado del Atlántico no habían escrito novelas, sino leyendas, crónicas o poemas más o menos míticos–, a mezclar lo cotidiano con lo milagroso, y luego fue la crítica más o menos académica la que patentó lo de «realismo mágico», pero García Márquez, a quien la narración le salía a borbotones con la misma magia que a sus abuelos y quien había interiorizado el mito bíblico y las estructuras novelescas de maestros occidentales como Faulkner, no tuvo más que ponerse a convertir en literatura propia lo que había oído de toda la vida, aprovechando además el relato mítico del pueblo y no la versión tan oficial como falsa de los poderosos. Por eso habría de sostener: «No hay en mis novelas una línea que no esté basada en la realidad». Tal vez la realidad notariada por el pueblo mismo, que no impide que la bella Remedios ascienda a los cielos como la Virgen María o que un hilo de sangre recorra todo el pueblo y llegue a la cocina para anunciarle a Úrsula que su hijo José Arcadio ha muerto, como el propio Santiago Nasar, que también cae derrumbado en la cocina de su propia madre con las vísceras en las manos al terminar aquella Crónica de una muerte anunciada (1981) que también había ocurrido, en efecto, en la realidad.

Y a pesar de todo, hoy da la sensación de que el realismo mágico es cosa del best seller García Márquez, como si no existiera con él una profusa generación de literatos de todo un continente que ha contribuido al mismo hallazgo conceptual, desde Miguel Ángel Asturias a Julio Cortázar, pasando por Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa o el tal vez patriarca de toda la novela latinoamericana: Juan Rulfo, que con su solo libro Pedro Páramo (1955) no solo cambió el devenir de las letras hispanas para siempre sino que influyó en Gabo hasta el punto de que este confesó que cuando llevaba cien páginas de Cien años de soledad, su amigo Álvaro Mutis le regaló un ejemplar de Rulfo y entonces él tiró todo lo que llevaba escrito y empezó de nuevo. También aquellas páginas inservibles habría de leerlas, en privilegiado anticipo manuscrito, el crítico mexicano Enmanuel Carballo, que fue quien leía todas las páginas que Gabo le iba pasando antes de Cien años de soledad tuviera siquiera posibilidades de ser publicada en el otro extremo del continente. Carballo, que tenía la misma edad de Gabo, murió solo tres después que él, el 20 de abril de 2014, pero fue el primero que intuyó que la novela, y Macondo, iban a convertirse en un clásico universal. El propio autor tuvo que recapitular su importancia, después de recibir el Nobel de Literatura en 1982, al declarar: «Macondo no es tanto un lugar como un estado de ánimo».

Desde entonces, en muchas latitudes del mundo, Macondo es un territorio incluso más tangible que muchas realidades, como pasó con la Mancha de Alonso Quijano. En 2006, el alcalde de Aracataca realizó una consulta popular para cambiarle el nombre al pueblo natal de Gabo por Macondo, pero sus paisanos comprendieron que Macondo era mucho más que un pueblo y la cosa no salió. Mucho más cerca, en la ciudad de Cáceres, una reciente urbanización se llama Residencial Macondo, y sus calles se llaman como los personajes del libro: Remedios la Bella, Pilar Ternera o Padre Nicanor.

A Macondo lo impulsan hoy los centenares de millones de ejemplares vendidos de una novela traducida a 40 idiomas. Gestos como que Barack Obama le regalara a su hija un kindle con Cien años de soledad en digital por haber sido una de las novelas que más impactó al exmandatario estadounidense o que la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano –fundada por el propio Gabo– organizara a comienzos de este año una lectura colectiva de tres días, y en varios idiomas, en Cartagena de Indias no hacen sino confirmar que Macondo es ya más real que nunca.

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EL HERALDO
Barranquilla – Colombia
5 de marzo de 2017

Cuando Gabo fue llevado a la pantalla


Gabo sostiene la claqueta del filme dramático cubano ‘Cartas del parque’, estrenado en 1988.

Por Laura Pulido
@laupulido29

El niño al que su abuelo llevaba al cine de don Antonio Daconte, en Aracataca, Magdalena, creció para casarse también con el séptimo arte, al que contribuyó como guionista, director y escritor.

Dámaso había estado en la plaza con sus amigos. Absortos en su conversación sobre el campeonato de béisbol, entraron a cine sin habérselo propuesto. Allí, un joven de 38 años, cejas gruesas y verruga en el lado derecho de la cara, cobraba las entradas para una película de Cantinflas.

Era 1965 y Gabriel García Marquez ya no era el niño al que su abuelo alentaba para que expusiera ante su familia el filme que acababan de ver en el Olympia, el pequeño teatro de don Antonio Daconte, en Aracataca, Magdalena. Entonces, incursionaba como actor en la adaptación de su cuento En este pueblo no hay ladrones, que hace parte de la colección Los funerales de la mamá grande.

Los escritores Juan Rulfo y Carlos Monsiváis y el director de cine Luis Buñuel también aparecieron en la proyección del infierno que sufre un pequeño pueblo  por la misteriosa pérdida de unas bolas de billar, robadas por el personaje de ficción Dámaso.

La vida del hombre que afirmó: “Después de escribir, lo mío es el cine” llega por primera vez a la televisión en formato no documental, a cargo del cineasta colombiano Sergio Cabrera, el productor de contenidos Hugo León Ferrer y las productoras independientes Cristina Villar Rosa y Catalina Figueroa García-Herrero. El proyecto, que se prevé para mediados de abril, es el resultado de una investigación que ha reunido a estudiosos y amigos personales del Premio Nobel de Literatura.


Escena de la adaptación de 1999 de ‘El coronel no tiene quien le escriba’,
bajo la dirección de Arturo Ripstein.

Plinio Apuleyo es uno de ellos, al que en su libro El olor de la guayaba, el cataquero le dijo: “En mi caso, el cine ha sido una ventaja y una limitación. Me enseñó, sí, a ver en imágenes. Pero al mismo tiempo compruebo ahora que en todos mis libros anteriores a Cien años de soledad hay un inmoderado afán de visualización de los personajes y las escenas, y hasta una obsesión por indicar puntos de vista y encuadres”.

En 1954, dos años después de su paso por EL HERALDO, del que se despidió con su columna “La casa de los Buendía”, el exponente del realismo mágico ya había dado sus primeros pasos en la realización audivisual, con el cortometraje La langosta azul, un filme surrealista en el que también participaron en la dirección Álvaro Cepeda Samudio —que según relata en Vivir para contarla, le enseñaba de cine lo que había estudiado en Nueva York, en las peores cantinas— Enrique Grau Araújo y Luis Vicens.

Ese interés que había despertado en Gabo cuando veía el cine argentino de la época de Carlos Gardel y de Libertad Lamarque lo llevó, un año después, a estudiar la carrera de cine en el Centro Experimental de Cine de Roma (Cinecittà).

La imaginación de García Márquez viajó hasta el México de los 60, donde el escritor realizó la adaptación de la novela corta de Juan Rulfo El gallo de oro (1964), junto con Carlos Fuentes y Roberto Gavaldón, y el argumento en el que se basó la película de comedia y de crimen Tiempo de morir (1966).

Asimismo fue guionista de Juego peligroso (1966), Patsy, mi amor (1968), Presagio (1974), La viuda de Montiel (1979), María de mi corazón (1979), El año de la peste (1979) y Eréndira (1983).

En 1977, la productora R.T.I. transmite el aire denso de La mala hora, un dramatizado controvertido y censurado por su contenido, y dirigido por Bernardo Romero Pereiro.


La película ‘Eréndira’ (1983), adaptación de la novela ‘La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada’.

Llegan a la pantalla grande en 1988 Un señor muy viejo con unas alas enormes (basado en un cuento), Milagro en Roma, Fábula de la bella palomera y Cartas del parque, en los que el hijo del telegrafista en Aracataca participa como guionista. Un año antes, el director de cine  italiano Francesco Rosi llevó Crónica de una muerte anunciada a la gran pantalla bajo el nombre Cronaca di una morte annunciata (su traducción al italiano).

En octubre de 1990, Gabo coincidió con el cineasta Akira Kurosawa, quien mostró su interés de llevar a las salas de cine El otoño del patriarca, repensado en un Japón medieval. Sin embargo, el proyecto se canceló por no contar con fondos.

Ochos años después, en 1996, se estrena Edipo alcalde, el drama de un joven promotor de paz, que es nombrado alcalde de un pueblo sumido en la miseria y en la violencia. Dirigida por Jorge Alí Triana, su adaptación fue hecha por el escritor que se encontró con Woody Allen en una noche de julio de 1991, según relató en una ocasión su hermano Eligio García Márquez.

En 1999, se graba la que se considera una de las adaptaciones mejor logradas de las novelas de Gabo, El coronel no tiene quien lo escriba, bajo la dirección del mexicano Arturo Ripstein.

Sobre esta novela, dijo el también periodista García Márquez a Apuleyo: (...) “es una novela cuyo estilo parece el de un guion cinematográfico. Los movimientos de los personajes son como seguidos por una cámara. Y cuando vuelvo a leer el libro, veo la cámara. Hoy creo que las soluciones literarias son diferentes a las soluciones cinematográficas”.

Las adaptaciones más recientes son El amor en los tiempos del cólera, rodado en 2006 en Cartagena; Del amor y otros demonios, en 2010, y Memoria de mis putas tristes, estrenada en 2012.


La trama de ‘El amor en los tiempos del cólera’ llegó a la gran pantalla en 2006.

Gabo, quien afirmó en una ocasión que el cine y él eran como “un matrimonio mal llevado; no puedo vivir con él ni sin él”, escribió Cien años de soledad de tal forma que esta no se pudiera adaptar al formato del séptimo arte.

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Cuba Si.co
La Habana – Cuba
10 de marzo de 2017

El Gabo que le presentó Fidel a Chávez

Por Jorge Legañoa Alonso/ACN

El líder de la Revolución cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, tuvo deferencias especiales con su amigo Hugo Chávez.



Cuenta el mandatario venezolano que gracias a Fidel conoció al Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez y desde entonces la amistad de dos, se extendió.

Comandantes regala hoy las remembranzas del líder bolivariano sobre Gabo y Fidel y el amor compartido por la literatura.

Todos compartían un "mal": leer vorazmente y cargar en cada día de trabajo o viaje, decenas de libros.

El Gabo

Por Hugo Chávez Frías

Estuve esta madrugada hasta tarde con Gabriel García Márquez. Me ha regalado este libro, "Vivir para contarla", tremendo regalo. Aquí recoge toda una vida, desde su niñez. Dice que cuando era niño ya era contador de cuentos, inventaba cosas y se ganó la fama en su familia de ser adivino. Es el realismo mágico en su máxima expresión.

No hay nada como la lectura para meterse en el mundo de lo real y también de lo mágico, de lo maravilloso y sobre todo novelas como ésta, de un hombre que ya es leyenda, premio Nobel de Literatura y para orgullo nuestro, latinoamericano, colombiano y, además, gran bolivariano.

Qué gran novela, "El general en su laberinto". Él dice que su abuelo era coronel y de allí a lo mejor esa novela, "El coronel no tiene quien le escriba". "Por aquí anda Bolívar", le dijo un día el abuelo al niño García Márquez, cuando pegaba el retrato del Libertador. "Este es el hombre más grande que ha nacido en la historia".

Entonces el niño se quedó pensativo y le preguntó, recordando algo que le había dicho la abuela: "¿Simón Bolívar es más grande que Jesucristo?" El niño preguntón puso en dificultades al abuelo, que respondió: "Una cosa no tiene nada que ver con la otra".

Y el niño quedó con aquello de que esos dos hombres eran los más grandes de la historia.

Nunca olvidaré cuando le conocí en La Habana con Fidel, en enero de 1999. Él tenía que ir a Barranquilla y me dijo: "Bueno, deme la cola, pues, me voy mañana".

Estábamos allí un grupo y "El Gabo" quería conversar conmigo, hacerme algunas preguntas. Pero como siempre, Fidel no nos dio tiempo.

Creo que fue el mismo Fidel quien propuso: "Váyanse en el avión conversando". Y así lo hicimos, nos vinimos de La Habana a Caracas, unas tres horas conversando. Recuerdo que en algún momento quería tomarse algún licor y le dijimos: "No, en este avión no se bebe licor.

Entonces una exclamación muy espontánea, muy latina. "Yo me he montado en no sé cuántos aviones presidenciales y esto lo voy a escribir: "Primer avión presidencial donde no hay un whisky". Y lo escribió. "No, aquí lo que hay es jugo de guayaba". Nos tomamos como cinco jugos de guayaba entre La Habana y Caracas.

Desde aquí mi recuerdo, la admiración de este pueblo a Gabriel García Márquez, sus "Cien Años de Soledad", su Laberinto, su General y su Coronel, su Macondo y sus mariposas amarillas y ahora "Vivir para contarla", maravillosa novela, maravilloso ser humano el Gabo, que Dios lo cuide para siempre.

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Las 2 orillas
Bogota - Colombia
6 de marzo de 2017

Lista la serie sobre la vida
de Gabriel García Márquez

 

La primera serie de ficción sobre la vida del premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez tendrá 3 temporadas, estaría escrita por Plinio Apuleyo Mendoza y la dirigiría Sergio Cabrera.

La serie está en proceso de diseño y la producción tendrá 3 temporadas, cada una de 13 capítulos de 45 minutos. En Colombia fue ofrecida a RTI quien dio un paso al costado debido a los altos costos de producción.

Estaría lista para finales del 2018. Netflix y HBO se pelean por producir el proyecto.

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EL UNIVERSAL
Cartagena de Indias
6 de marzo de 2017

El Gabo mágico que hoy
cumpliría noventa años

Por John Saldarriaga
COLPRENSA

F idel Castro contó en un artículo publicado en varias partes, como en Granma, que él era uno de los lectores de los manuscritos de Gabriel García Márquez. Una vez, leyendo los folios preliminares de Del amor y otros demonios, el Comandante encontró que “un hombre se paseaba en su caballo de once meses”, de modo que le sugirió al autor:

“Mira, Gabo, añádele dos o tres años más a ese caballo, porque uno de once meses es un potrico”.

Y sigue evocando el cubano que después, al leer la novela impresa, halló a “Abrenuncio Sa Pereira Cao, a quien Gabo reconoce como el médico más notable y controvertido de la ciudad de Cartagena de Indias, en los tiempos de la narración (...)”. Allí, “el hombre llora sentado en una piedra del camino junto a su caballo que en octubre cumple cien años y en una bajada se le reventó el corazón”.

Hoy, cuando el escritor cataquero cumpliría 90 años, este comentario del líder de la Revolución Cubana lo muestra en su dimensión de narrador del Realismo Mágico.


Este movimiento, surgido en América a mediados del siglo pasado y que cultivaron varios escritores del llamado Boom de la literatura latinoamericana, se caracterizó por incluir elementos fantásticos en los relatos, para enfatizar en lo extraordinario que hay en la realidad.


GGM

Y ese detalle señalado en esa novela, el caballo de cien años, revela que, en algunos casos, esos elementos fantásticos, si bien son ficticios, por supuesto, nacen, más bien de la exageración de la verdad. De la hipérbole.

Partiendo de la verdad, los excéntricos torneos de comedores que se dan en muchas partes, en Cien años de soledad hay un episodio fabuloso.

Aureliano Segundo fue el comedor invicto, hasta el sábado de infortunio en que apareció Camila Sagastume, una hembra totémica conocida en el país entero con el buen nombre de La Elefanta. El duelo se prolongó hasta el amanecer del martes. En las primeras horas, habiendo despachado una ternera con yuca, ñame y plátanos asados, y además una caja y media de champaña, Aureliano Segundo tenía la seguridad de la victoria.
Pero no. Imagínense: ella comió más.

La tercera resignación

«Había sentido ese ruido “las otras veces”, con la misma insistencia. Lo había sentido, por ejemplo, el día en que murió por primera vez. Cuando —ante la vista de un cadáver— se dio cuenta de que era su propio cadáver. Lo miró y se palpó. Se sintió intangible, inespacial, inexistente».

Estas son algunas líneas de La tercera resignación, el primer cuento que publicó, en el semanario Página Octava de El Espectador, en octubre de 1947. Después fue incluido en el volumen Ojos de perro azul.

En ese relato, el personaje narrador está muerto. Pero sigue creciendo. Parece darse cuenta de algunas cosas que pasan; ser consciente.

Sobre el origen de este cuento, Jaime García Márquez, hermano de Gabo, cuenta que él y las circunstancias que rodearon su nacimiento, lo motivaron: “nací sietemesino en una época que no había incubadora. El médico llegó a decir que estaba muerto, aunque tuviera algunas actividades vitales. Mi mamá tomó una caja de cartón, tal vez de zapatos, grande para que pudiera seguir creciendo. La llenó de algodón de ceibo y me metió en ella. Así fabricó una incubadora artesanal. Después, para que no muriera moro, o sea, sin bautizar, encargó a Gabito que fuera mi padrino. Para colmo, yo no sabía mamar. Ella debía ordeñarse, verter la leche en un pocillo y dármela con un algodoncito o con un gotero. Esto le inspiró a él La tercera resignación”.

Esos tres ejemplos anteriores, el del caballo, el de La Elefanta y el del niño muerto vivo, pueden ser exageraciones. Sin embargo, no siempre los elementos fantásticos de sus relatos llegan por el aprovechamiento de esa figura literaria, la hipérbole.

Otros pueden llegar como una metáfora, esa figura de pensamiento que permite expresar un concepto con otra cosa. Símbolos de algo. Como cuando, en Cien años de soledad, Remedios, la bella, subió al cielo en cuerpo y alma.

Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerines y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.

Esa novela está plagada de situaciones mágicas. Nadie olvidaría la escena de los dieciséis hijos del coronel Aureliano Buendía al llegar a febrero, todavía con la cruz de ceniza del año anterior.

Y mucho menos, el epígrafe cuyas claves reveló, no sin esfuerzo, el gitano Melquiades y que parece contener la suerte de los Buendía: “El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas”.

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EL PAIS
Cali – Colombia
6 de marzo de 2017

Literatura

Nueve mujeres inolvidables
del universo de Gabo
Gabriel García Márquez, mejor conocido en el mundo de las letras como 'Gabo', festeja su nuevo año de vida desde México. El autor de 'Cien años de soledad' es una insignia para el mundo literario. Elpaís.com.co le rinde un homenaje.

Por: Elpais.com.co

Con motivo de los 90 años que cumpliría el escritor Gabriel García Márquez, destacamos a nueve de los personajes femeninos de su universo literario.

1. Úrsula Iguarán

Está en casi todo Cien Años de Soledad: funda Macondo al lado de su marido José Arcadio y es enterrada por la sexta generación de Buendías. Partió del mundo de los vivos un Jueves Santo. Antes soportó las locuras de su esposo José Arcadio y de sus hijos. “Activa, menuda, severa, aquella mujer de nervios inquebrantables, a quien en ningún momento de su vida se la oyó cantar, parecía estar en todas partes desde el amanecer hasta muy entrada la noche”.

2. Cándida Eréndira

Eréndira era lánguida y de huesos tiernos y demasiado mansa para sus 14 años. Era la sobreviviente junto a la abuela de una familia de contrabandistas. El día en que empezó su desgracia la abuela vio que Eréndira se volvió a dormir caminando. La forma de sobrevivir que encontró su abuela desalmada en medio de las penurias del desierto fue venderla a los hombres. Eréndira nunca conoció el amor.

3. Sierva María

Se parecía más al padre que a la madre. Con el cuerpo escuálido, la piel lívida, los ojos de un azul taciturno, la cabellera extremadamente larga de color cobre radiante, con gracia para andar, bailar y cantar la música de los esclavos. En el aspecto físico poseía una timidez irredimible.
Y había adquirido otros rasgos que aprendió de los esclavos: era mentirosa y se desplazaba de forma tan sigilosa que parecía invisible y a veces no la sentían cuando entraba en un lugar.
Nunca cortaron su cabello esperando su matrimonio y así murió.

4. Ángela Vicario

Mujer de Bayardo San Román en ‘Crónica de una muerte anunciada’ fue devuelta en su noche de bodas al no ser virgen, de lo cual culpa a Santiago Nasar.
“Tenía un aire desamparado y una pobreza de espíritu que le auguraban un porvenir incierto”, escribió Gabo. Veinte años después de “era tan madura e ingeniosa, que costaba trabajo creer que fuera la misma.
Al cabo de pocos minutos ya no me pareció tan envejecida como a primera vista, sino casi tan joven como en el recuerdo, y no tenía nada en común con la que habían obligado a casarse”.

5. Amaranta

Hija de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán en ‘Cien años de soledad’. Aunque pelea con Rebeca por el amor de Pietro Crespi, cuando Rebeca y José Arcadio se casan, ella rechaza a cualquier hombre que se le acerque, incluso al mismo Pietro, quien se suicida por su causa.
Aunque pareciera una mujer de fuerte carácter, en realidad tiene miedo de enfrentar su propio corazón. Ella ve en sus sobrinos a esos hijos que nunca tuvo. Por esta razón se preocupa por ellos. Pero también los mira con ojos de mujer.

6. Nena Daconte

La protagonista de ‘El rastro de tu sangre en la nieve’, escrito originalmente en 1978, es el duodécimo del compendio de doce cuentos escritos y redactados por García Márquez a lo largo de dieciocho años, que conforman el libro ‘Doce cuentos peregrinos’.
Es un personaje que vive en los años 60. Es una chica fuerte, que habla tres idiomas y que en realidad es quien manda en la relación. Curiosamente, esa pareciera a la vez su única debilidad, pues después de casada, al pincharse con una rosa, muere desangrada.

7. Remedios La Bella

De ‘Cien años de soledad’ se dice que tiene poderes de muerte ya que cuatro hombres mueren en el intentoo de hacerla suya. García Márquez la describe como un “ser que no es de este mundo”. Remedios es una mujer bellísima y extraña, elemental y pura, que vive como ajena a la vida ordinaria. Aunque algunos hombres ligeros de palabra se complacían en decir que bien valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo.

8. Delgadina

Es la niña de los ojos del personaje principal de ‘Memorias de mis putas tristes’. Muy callada, responsable con su familia, después de recibir una recompensa al perder la virginidad. Trabaja pegando botones en una fábrica. “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor con una adolescente virgen... Esa noche descubrí el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin las urgencias del deseo o los obstáculos del pudor”, escribió García Márquez.

9. Fermina Daza

Hizo padecer al buen Florentino Ariza en ‘El amor en tiempos del cólera’, con quien prometió casarse tras cruzar unas pocas palabras y a quien dejó cuando se dio cuenta que su amor era solo una fantasía.
A comparación con el idealismo poético de Florentino y la ingenuidad del doctor Urbino, Fermina tiene un entendimiento más sofisticado y pragmático del amor.
El amor de Fermina no encaja con el patrón de los romances de cuento. Para el caso, tampoco el de ninguna otra persona, pero ella es la única que está dispuesta a admitirlo. La actriz italiana Giovanna Mezzogiorno la interpretó en la película del director Mike Newell en 2007.

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Universo Abierto
Blog de la biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca
Salamanca – España
Marzo de 2017

La Fundación Gabriel García Márquez
regala un libro en el
90 cumpleaños del autor
Yo no tengo nada que enseñar, pero tomé conciencia de que no quería llevarme conmigo la experiencia de casi toda una vida. Pensé que la única manera de contarla era al estilo de los antiguos maestros del Renacimiento, de persona en persona. Pero como esto era una exageración, decidí reunirlos de diez en diez.

Gabriel García Márquez, 1995.

 La portada del libro virtual.



En el día en que Gabriel García Márquez cumpliría 90 años de vida, la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano –FNPI- regala a todos sus seguidores la versión digital del libro Y pensar que todo estaba en nuestra imaginación: dos décadas de la FNPI.

Un regalo para que leas y celebres los 90 años de Gabo. 6 de marzo de 2017. Actividades de la FNPI, Comunidad FNPI.
 
Y pensar que todo estaba en nuestra imaginación

Descargar aquí